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martes, 14 de enero de 2014

Cerámica japonesa: la época de madurez

La edad de oro de la cerámica japonesa
Tras el anterior artículo, hoy vamos a entrar de lleno en los siglos dorados de la cerámica japonesa, una época en la que maduraron los estilos más profundamente japoneses de toda la historia de la alfarería nipona.

Durante el siglo XVI la ceremonia de té, hasta entonces practicada exclusivamente por los más altos estamentos religiosos y militares, se fue popularizando entre las clases simplemente acomodadas, hecho que produjo una fuerte demanda de utensilios para su celebración. Como consecuencia, los exquisitos objetos importados de China empezaron a ser sustituidos por otros fabricados en Japón, mucho más económicos y accesibles. Poco a poco, primero los hornos de la región de Seto y luego los de Bizen y Shigaraki comenzaron a ganarse el favor de los aficionados gracias a sus piezas de texturas variadas y paredes irregulares.

Cerámica shigaraki
A finales del siglo XIII, los hornos de la región de Shigaraki iniciaron la producción de grandes vasijas que, como consecuencia de la composición de su arcilla, tenían una textura rugosa generada por la explosión durante la cocción de pequeños gránulos blanquecinos. Ese aspecto rústico hizo que la cerámica de Shigaraki fuera muy apreciada por los maestros de la ceremonia de té, quienes gustaban de utilizarla como contenedores o floreros.


Vasija shigaraki, s. XV, gres, 30 cm. Museo de Cerámica de la prefectura de Aichi.
Foto en Yakimono. 4000 Years of Japanese Ceramics. Hawaii Academy of Arts, 2005.

La deformación del cuerpo de las jarras de Shigaraki, como la que se muestra en la fotografía anterior, era debida a su modelado manual con cilindros de arcilla, es decir, los artesanos no empleaban el torno de alfarero. En esas vasijas de gres, la decoración se limitaba a unas sencillas incisiones, pero sobre todo a los microestallidos superficiales producidos durante la vitrificación de la pieza.

Cerámica bizen
Los hornos de la antigua provincia de Bizen ya eran famosos en la época Heian (794-1185) por sus recipientes de gran tamaño empleados para almacenar alimentos. Si bien su funcionalismo no necesitaba mixtificaciones decorativas, las características de la arcilla de la zona generaba en ellos unos colores rojizos muy atrayentes. Además, sus artesanos descubrieron muy pronto los aleatorios y agradables resultados que se obtenían según la posición de las piezas en las cámaras de cocción, así como los cambios de coloración que se lograban si las envolvían con paja.

Botella bizen, final s. XVI, gres, 23 cm. Hornos de Bizen. Museo de Arte MOA de Atami.
Foto en Christine Shimizu: Le grès japonais.
Massin, 2001
.

Las manchas en la botella de la ilustración anterior se consiguieron envolviéndola parcialmente con paja de arroz. Eso hizo que el fuego produjera dos tonos diferentes: uno para las zonas cubiertas con ella, que se quemó convirtiéndose en ceniza, y otra para las descubiertas.

Fuente bizen, final s. XVI, gres, 26 cm. Hatakeyama Kinenkan, Tokio.
Foto en Gabriele Fahr-Decker: Arte Asiático
. Könemann, 1999.

En la fotografía anterior, las manchas circulares en el fondo de la bandeja se corresponden con la base de unos recipientes ya cocidos que se habían colocado ahí antes de hornear la pieza. Con ello, se impidió que las cenizas y las llamas actuaran directamente sobre esas zonas, mientras sí lo hacían en las adyacentes, lo que produjo un color más claro y una textura más lisa que en el resto de la fuente.

Cerámica seto
Un paso importante en la evolución de la cerámica japonesa se produjo cuando, en el siglo XVI, se lograron crear piezas con decoración aplicada sobre el acabado vitrificado. Como sucede casi siempre, el primer descubrimiento se debió a la casualidad y, paso a paso, tras los tanteos iniciales, los elementos ornamentales dejaron de ser simples diseños lineales para convertirse en zonas de color diferente al resto de la superficie.

Hoy se sabe que gran parte de esas vasijas y recipientes se fabricaban en la población de Mino, aunque seguían denominándose cerámica seto, como las del antiguo centro alfarero de la época Kamakura (1185-1333). Hacia 1575 aparecieron las denominadas, dependiendo de su color, seto negro, seto amarillo y seto blanco, estas últimas más conocidas como shino.

Contenedor de agua shino, principio s. XVII, loza, 18 cm. Hatakeyama Kinenkan, Tokio.
Foto en Kuroda Ryōji y Murayama Takeshi: Classic Stoneware of Japan. Shino and Oribe.
Kodansha, 2002.

La fotografía anterior muestra un contenedor de agua, uno de los utensilios imprescindibles para la celebración de una ceremonia de té, del tipo seto blanco. Su discreta decoración de hierbas y el aspecto irregular y lechoso de su cuerpo le otorgan un aspecto “refrescante”, muy apropiado para usarlo como recipiente para el agua. La pieza está catalogada como Importante Bien Cultural.

Cerámica oribe
A finales del siglo XVI y principios del XVII se puso de moda un tipo de decoración de formas irregulares y dinámicas que rompió con los patrones tradicionales. Su promotor fue Furuta Oribe (1544-1615), un maestro de té y polifacético artista ciertamente innovador. Las piezas de ese estilo se denominaron oribe, en reconocimiento a su persona, y sus esmaltes policromos se hicieron muy populares.

Aunque tanto las piezas shino como las oribe marcaron en la cerámica japonesa el paso de la Edad Media a la Edad Moderna (aplicando ambos términos, más europeos que nipones, con mucha cautela), existía una diferencia entre ellas: mientras los objetos shino se usaban fundamentalmente en la ceremonia de té, los oribe tuvieron un enorme éxito como menaje para las comidas.

Plato oribe, principio s. XVII, loza, 21x20 cm, hornos de Mino. Museo Nacional de Tokio. 
Foto en Murase Miyeko (edit.): Turning Point: Oribe and the Arts of Sixteenth-Century Japan.
Yale University Press, 2004.

El plato de la fotografía anterior es un buen ejemplo de las características cromáticas y de diseño de las cerámicas de estilo oribe. En muchos casos, como en este, se empleaban dos tipos de arcilla para conseguir una base de colores diferentes, casi siempre ocres y verdes, que les otorgaban una apariencia informal y desenfadada.

La siguiente ilustración muestra una de las vasijas más famosas de la cerámica japonesa. Un recipiente creado en los hornos de Iga como contenedor del agua para la ceremonia de té y que fue muy apreciado por Furuta Oribe a pesar de sus grietas, o mejor dicho, debido a ellas. Es un objeto catalogado como Importante Bien Cultural.

Recipiente iga, principio s. XVII, gres, 21 cm. Hornos de Iga. Museo de Arte Gotō de Tokio. 
Foto en Murase Miyeko (edit.): 
Turning Point: Oribe and the Arts of Sixteenth-Century Japan.
Yale University Press, 2004.

En el recipiente de la fotografía anterior se encuentran gran parte de las concepciones y planteamientos artísticos japoneses. Irregularidad hasta extremos de la pura deformación e incluso rotura, textura que invita a tocar la pieza, ausencia de pretensiones y presencia de los materiales sin enmascararlos. Todas esas cualidades no estaban muy lejos del concepto vital budista, una de cuyas manifestaciones era, por ejemplo, la especial atracción por todo lo bello que fuese perecedero, como la flor del cerezo.

Muchos de los recipientes que se fabricaron en Japón durante los siglos XVI y XVII, presentaban una gran cantidad de señales producidas aleatoriamente durante su quema. Las burbujas, cráteres, restos de cenizas, fisuras superficiales, cambios de color y un largo etcétera serían considerados por un europeo como inaceptables taras de fabricación. No obstante, esas peculiaridades eran muy apreciadas por los maestros de té, quienes frecuentemente colaboraban con los artesanos ceramistas para que crearan tales efectos en sus piezas. Fueron ellos quienes sancionaron el gusto por lo imperfecto, las texturas rugosas y las formas irregulares, una manera de apreciación que no es exclusiva de la cerámica, sino que es extensiva a todas las artes japonesas.

Llegado a este punto, creo que ya podemos tener una somera idea del singular pero espléndido universo de la cerámica más genuinamente japonesa. El próximo martes la ampliaré hablando de la internacionalmente conocida cerámica raku.

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