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martes, 17 de marzo de 2026

Curso de arte japonés, art. 46º. Jardines, VIII

El anterior artículo se dedicó a un solo jardín moderno, el del Museo de Arte Adachi, y hoy haremos algo parecido consagrando este a un solo autor: Masuno Shunmyō (1953-), uno de los más relevantes maestros jardineros del siglo XXI y quien en la última década del pasado siglo creó una serie de obras que lo han convertido en quizás el más internacional de todos los grandes especialistas japoneses que trabajaron en el último cuarto del siglo XX y siguen haciéndolo en el XXI.

Los jardines de 1990 a nuestros días

Masuno Shunmyō, es monje zen, un hecho que marca todas sus obras ya desde su primera aproximación al lugar. Esta es una máxima que aprendió de su maestro: “si no conoces el lugar, no puedes diseñar el jardín.” Su carrera como creador de jardines la inició en 1982, una actividad que siempre ha compatibilizado con la de monje del templo de Kenkō-ji en Yokohama.

Para Masuno, su labor como creador de jardines forma parte de la disciplina zen. En este sentido, hay que dejar claro que, bajo esa óptica, un jardín zen es solo aquel que ha diseñado, creado y construido una persona practicante del zen de manera disciplinada, continuada y metódica.

Esa premisa no se tiene en cuenta en Occidente, e incluso también en Japón, cuando se describe a determinados jardines como zen. Para saber qué obra de arte puede calificarse de zen o no, me remito al histórico libro de Hisamatsu Shin’ichi (1889-1980) Zen and the Fine Arts, publicado en Tokio por Kodansha en 1958 en japonés y en 1971 en inglés

Embajada de Canadá en Tokio

En los primeros años de su carrera, Masuno diseñó una de sus obras más emblemáticas: el jardín para la Embajada de Canadá en Tokio, en el que demostró su manera de trabajar con las rocas. Su obra se sitúa en la planta cuarta del edificio y, como muchos jardines clásicos de templos budistas, se desarrolla alrededor de las estancias situadas en ese nivel. Véase la siguiente ilustración.

Masuno Shunmyō: planta del jardín en la planta cuarta de la Embajada de Canadá en Tokio, 1991.
Foto en Mira Locher: Zen gardens. The complete works of Shunmyo Masuno, Japan's leading garden designer
Tokio: Tuttle, 2012

El jardín de la cubierta comienza en la zona sur de la fachada este con un estanque y una escultura que simbolizan el océano Atlántico. A continuación, y a lo largo de toda esa fachada, se desarrolla el jardín canadiense, una serie de rocas de poca altura que descansan tanto sobre el pavimento de losetas como sobre una zona rectangular con grava de pequeño y medio tamaño. Algunas de esas piedras muestran las marcas de las cuñas o barrenas empleadas para su extracción en la cantera. Simbolizan los glaciares de Canadá. 

Masuno Shunmyō: el jardín este en la Embajada de Canadá, Tokio, 1991.
Foto: Stephen Mansfield en Japan Times

En la zona norte de la fachada este, varias formas piramidales sobre una capa de grava de tamaño notable simbolizan las Montañas Rocosas. 

Masuno Shunmyō: la zona norte de la fachada este en la Embajada de Canadá, Tokio, 1991. 
Foto: Stephen Mansfield en Japan Times

Finalmente, en la esquina norte de la fachada oeste, un estanque alude esta vez al océano Pacífico. Como fondo de esa zona, las copas de los árboles del vecino palacio de Akasaka se recortan sobre el cielo a modo de paisaje prestado o shakkei, como se aprecia en la siguiente foto.

Masuno Shunmyō: el estanque en la zona norte de la fachada oeste en la Embajada de Canadá, 
Tokio, 1991. Foto: Michael Freeman en su web. 

Todo este largo recorrido concluye en el jardín japonés que se desarrolla en la fachada oeste y que simboliza la unión de los dos países. En él se emplea el vocabulario característico de los jardines secos: gravilla rastrillada, rocas, una erguidas y otras tumbadas, y unos empedrados a modo de senderos con losas de dos tonos.

Masuno Shunmyō: el jardín oeste en la Embajada de Canadá, Tokio, 1991.
Foto en Mira Locher: Zen Gardens, The complete Works of Sunmyo Masuno,
Japan’s leading garden designer
.
Tokio: Tuttle, 2012.

Renshō-ji

El trabajo de Masuno en el templo de Renshō-ji es una muy buena muestra de la pericia y arte de los maestros jardineros japoneses cuando se enfrentan a espacios muy estrechos e incluso rehundidos. Su tradicional manera de integrar el espacio interior de un edificio y su exterior, manipulando la perspectiva, se pone de manifiesto en este pequeño jardín de unos dos metros de ancho frente a una de las estancias de uno de los edificios del templo. En el dibujo siguiente se aprecia el angosto espacio que se disponía para crear el jardín.

Masuno Shunmyō: el jardín Fushotei en el templo Renshō-ji, Yokohama,
prefectura de Kanagawa, 1999. 
Foto en Mira Locher: Zen Gardens,
complete Works of Sunmyo Masuno, Japan’s leading garden designer
. Tokio: Tuttle, 2012.

Masuno demostró en este jardín su habilidad en el manejo de las rocas y vegetación para, mediante la creación de diferentes capas o estratos, ganar profundidad visual en un espacio muy estrecho. Muchas de las rocas empleadas muestran unas afiladas aristas que delatan su modernidad. La tradicional base de gravilla se ha sustituido por una capa de grava de notable tamaño que otorga rotundidad a la cascada y arroyo pétreos. Las grandes piedras situadas en la parte alta del estrecho patio son de color claro para reflejar mejor la luz.

Masuno Shunmyō: el jardín Fushotei en el templo Renshō-ji, Yokohama,
prefectura de Kanagawa, 1999. 
Foto en Mira Locher: Zen Gardens,
complete Works of Sunmyo Masuno, Japan’s leading garden designer
. Tokio: Tuttle, 2012.

Samukawa-jinja

Samukawa-jinja es un caso singular entre los santuarios sintoístas por varios motivos. En primer lugar, por la manera en que se creó una colina artificial para recuperar la importancia que un entorno boscoso, en este caso perdido en 1997 a causa de un nuevo edificio, tiene en los recintos sintoístas. Y en segundo lugar, por lo inusual de que un jardín de espíritu zen se levante en un santuario sintoísta.

Un primer estanque alimentado por un riachuelo y la consiguiente cascada, se comunica con un segundo situado a un nivel inferior mediante varios pequeños saltos de agua entre rocas y peñascos.

Masuno Shunmyō: el jardín Kantakeyama shinen en el santuario Samukawa-jinja, Kōza,
prefectura de Kanagawa, 2009.
Foto en Mira Locher: Zen Gardens, The complete Works of
Sunmyo Masuno, Japan’s leading garden designer
.
Tokio: Tuttle, 2012.

Masuno aplica en esta obra todas las enseñanzas de la tradición budista de los jardines perfectamente encuadrados por la arquitectura. En una de sus zonas crea un jardín seco con solo dos rocas sobre una inmaculada superficie de gravilla que puede contemplarse desde el vestíbulo del museo del santuario, en cuyo pavimento se repiten como un eco estrechas fajas de la misma gravilla uniendo compositivamente exterior e interior. 

Masuno Shunmyō: el jardín Kantakeyama shinen en el santuario Samukawa-jinja, Kōza,
prefectura de Kanagawa, 2009. 
Foto en Mira Locher: Zen Gardens, The complete Works of
Sunmyo Masuno, Japan’s leading garden designer
Tokio: Tuttle, 2012.

Con esto finalizo este artículo dedicado a uno de los maestros jardineros de Japón más reconocidos por la modernidad de sus diseños y que, a pesar de ello, enlazan perfectamente con una tradición milenaria. Dentro de dos semanas abriremos un nuevo apartado dedicado a la pintura.

Dada la extensión de este larguísimo Curso de arte japonés, para facilitar el acceso a los artículos dedicados a un tema concreto, doy aquí este enlace que permite acceder a su índice interactivo. En él aparecen todos los artículos del curso con su respectivo hipervínculo que lleva a cada uno de ellos a medida que se vayan publicando.