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martes, 23 de febrero de 2021

Arquitectura del albergue tradicional japonés, el ryokan, XIII

El anterior artículo sobre los baños públicos en Japón lo acabé hablando de los tatuajes, pero en el de hoy volveré a centrarme en la arquitectura del ryokan, que, insisto, tiene mucho que ver con el resto de las tipologías arquitectónicas residenciales japonesas.

Aunque soy consciente de que me repito, siempre es adecuado recordar que en Japón la arquitectura y el jardín están indisolublemente asociados. A poco que sea posible, las habitaciones principales de una vivienda se abren, gracias a las correderas shōji, al exterior, a un jardín, aunque sea un minúsculo patio. Eso mismo ocurre en los ryokan, adaptado obviamente a su situación y a su nivel.

Una de las zonas del jardín del ryokan Hoshinoya de Kioto. Foto de la web del ryokan.

El jardín de un ryokan
No en todos los ryokan en Japón se disfruta de la vista de un jardín desde sus habitaciones. En general, eso suele ser más fácil en los que no se ubican en entornos urbanos. A partir del siguiente artículo veremos cómo han solucionado este tema diferentes ryokan, unos situados en plena ciudad y otros en el campo.

La fotografía siguiente es de un ryokan que, aunque se encuentra en un pequeño núcleo urbano bastante compacto, aprovecha los jardines que hay en los pequeños intersticios entre sus edificios para que, manteniendo la privacidad de cada estancia, pueda contemplarse una parte de su vegetación y dé la sensación de estar en un paraje aislado. Esa es una de las habilidades que los arquitectos y maestros jardineros japoneses dominan como pocos y de la que hay miles de ejemplos por todo el país. 

Habitación del ryokan Atami Sekitei, prefectura de Shizuoka. Foto de la web del ryokan.

Quien tenga la suerte de pasar una noche en una habitación de un ryokan con vistas a un jardín experimentará uno de los placeres más exquisitos imaginables. Después de haber tomado un relajante baño sumergido durante unos minutos en calientes aguas termales, seguramente rodeado de naturaleza, se dirigirá hacia su habitación para saborear la cena servida en numerosos platitos, cuencos y bandejas, todo un espectáculo visual.

Cena de estilo japonés en el ryokan Beppu Shōwaen. Foto de la web del ryokan.

Luego, una vez finalizada la colación, podrá levantarse para, sentado en el tatami o incluso en la galería, contemplar el jardín y quizás disfrutar de la visión de la luna. Esas son las experiencias que permite vivir un buen ryokan.

Habitación del ryokan Asaba, prefectura de Shizuoka. Foto de la web del ryokan.

Los zapatos, por favor
Un aspecto que los occidentales deben de tener muy en cuenta en Japón es la obligatoriedad de no usar el zapato de calle en el interior de una vivienda, templo o ryokan. Esta regla no es difícil de cumplir, pues basta con fijarse en lo que hacen los japoneses o si en el pequeño escalón de la entrada se observa que hay calzado de calle o zapatillas “caseras” dispuestas en el suelo.

Generalmente, el cambio del calzado queda indicado por un elemento arquitectónico muy claro: un peldaño no muy alto entre el pavimento exterior y el interior. Ese cambo de nivel se encuentra incluso en los apartamentos modernos.

La tradición de cambiarse de zapatos al entrar en casa no es una costumbre exclusiva de los japoneses, pues en muchos países occidentales también existe, aunque quizás en esos lugares más forzada por las frecuentes lluvias o nevadas, es decir, por motivos prácticos que “filosóficos”, estos últimos siempre presentes en el entorno nipón. Desde tiempos inmemoriales, en Japón, el concepto de limpieza ha estado muy ligado con en el sintoísmo. 

En la foto siguiente vemos que en la entrada del ryokan están dispuestas las zapatillas, adecuadamente orientadas, con las que se debe caminar por el interior, pero ojo, solo en las zonas con pavimento de madera, pues donde haya tatami se debe ir descalzo.

Genkan donde quitarse el calzado de calle en el ryokan Wanosato, Takayama, prefectura de Gifu.
Foto de fuente desconocida.

Una vez en el interior de un ryokan, como en cualquier vivienda japonesa, existen otros dos momentos en los que se debe cambiar de calzado: al pasar de una zona con pavimento de madera a otra con tatami y al acceder al baño. En el primer caso se deben dejar las zapatillas justo antes de pisar el tatami, que siempre ha de hacerse descalzo con solo calcetines o medias. En el segundo, las pantuflas que se emplean para circular por las tarimas de madera se han de cambiar al acceder a los baños por unas chancletas específicas para entrar en esas zonas húmedas.

Muchos jardines japoneses solo se pueden disfrutar con la vista y no se han pensado para pasear por ellos. Sin embargo, cuando esto último es posible, el ryokan dejará en el punto adecuado a disposición del cliente una especie de zuecos de madera, llamados geta, para poder caminar por el exterior; como vemos en la siguiente foto.

Chanclas geta dispuestas para usar en los espacios exteriores y jardín. 
Foto de la web del ryokan Gora Kadan en Hakone.

Con esto acabo este artículo. Con el siguiente empezaré la última parte de esta serie, en la que comentaré varios ryokan célebres, unos antiguos y clásicos y otros construidos en este siglo XXI.

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