viernes, 22 de septiembre de 2017

Introducción al diseño moderno japonés, II

Después del pequeño aperitivo que ofrecí en el primer artículo dedicado al diseño moderno japonés, en el que me centré únicamente en los carteles para los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964 y 2020, voy a entrar ya en el tema de esta serie: el diseño industrial en Japón. En esa introducción de hace quince días dije que no hablaría del diseño gráfico, al menos de momento, como tampoco lo haré de otras ramas como el diseño multimedia o el de indumentaria. Así pues, empecemos por el principio.

¿Qué es diseño?
El concepto de diseño es muy amplio y acepta muchas definiciones. Una de las más sencillas considera que cualquier boceto ya es un diseño. Es decir, todo dibujo lo es con la única condición de que permita crear algún objeto. Según esa descripción, diseño sería el boceto, croquis o planos con los que se fabrica un producto, pero no el producto en sí mismo. Sin embargo, seguro que muchos consideran que también debe incluirse en ese concepto el objeto ya creado.

Mientras que para unos el diseño sería el esbozo de la silla Panton que aparece en la ilustración siguiente, para otros lo sería también la propia silla o incluso solo ella como objeto, pero no su dibujo. La polémica está servida.

La silla Panton, 1960. Foto de fuente desconocida

Ante esta disyuntiva, quizás sea más preciso lo que no pocos proponen cuando diferencian el diseño interno, es decir, la idea o proyecto, del diseño externo, es decir, el objeto material. En cualquier caso prefiero no entrar en discusiones filosóficas, pues mi intención es hablar simplemente de la obra de diseñadores japoneses sin plantear demasiadas disquisiciones teóricas.

Origen del diseño industrial
En Occidente, siempre tan etnocentristas nosotros, consideramos que el diseño como tal comienza a mediados del siglo XIX, porque se asocia a la revolución industrial. No obstante esa definición resulta sin duda muy restrictiva.

En lo que se refiere al diseño industrial, en algunos casos se retrasa aquel origen cien años hasta 1750, momento en el que desapareció la Europa feudal. Sin embargo, de nuevo, no existen razones de peso para negar que la fabricación de tejidos, cerámicas o cualquier tipo de objetos anteriores a esa época pueda entrar en la categoría de diseño.

Kōrin Ogata: caja de caligrafía lacada con incrustaciones de plomo, nácar y oro, siglo XVIII.
Medidas: 27x20x14 cm. Museo Nacional de Tokio. Foto Wikimedia Commons.

Pienso que la caja de la ilustración anterior debería considerarse como un verdadero “diseño”, aunque no se realizara con métodos industriales. Su ornamentación se basa en una escena del popular Ise monogatari y representa un puente de ocho tablas en zigzag que atraviesan un riachuelo del que nacen unos lirios en flor.

Baste esta introducción para centrar el tema de mis artículos en un periodo concreto. Mi idea es empezar la casa por el tejado, pues hablaré del diseño japonés a partir de 1945 y dejaré para otra ocasión el hacerlo de épocas anteriores. Pero entremos ya en materia con una pieza fundamental dentro del mundo del diseño: la silla.
                      
La silla en Occidente
En Occidente, durante los últimos dos siglos, la silla ha reflejado tanto la evolución de los movimientos estéticos como los avances de la tecnología, primero de la madera y ya en la pasada centuria de materiales como el metal y los plásticos. Ninguna otra pieza de mobiliario encarna mejor la expresión de una época y plantea mayores retos a su diseñador.

Michel Thonet (1796-1871) fue el primer ebanista que supo curvar elementos de madera para ensamblarlos y unirlos posteriormente. Su silla nº 14 ha sido una de las más vendidas de toda la historia. En 1930, del taller de Thonet, todavía hoy en activo, habían salido más de treinta millones de sillas.

Michael Thonet: silla nº 14, 1859. Medidas aprox.: 43x45 cm, 
asiento 47 cm, respaldo 93 cm. Foto: Wikimedia Commons.

Los primeros cambios drásticos
Como en otros muchos aspectos del diseño, la arquitectura y el arte en general, muchas de las ideas y conceptos que revolucionarían esas especialidades nacieron en la Bauhaus. Y en el caso de la silla también fue así.

El primer paso que se hizo para huir de las cuatro patas y de la madera como material base lo dio el holandés Mart Stam (1899-1986) con su silla S33 de 1926, en la que el asiento quedaba en voladizo respecto a su base. Esa idea de asiento basculante también la utilizaron un poco más tarde Mies van der Rohe (1886-1969) en su S533 y Marcel Breuer (1902-1981) en su Cesca.


Mart Stam: silla S33, 1926.
Medidas aprox.: 50x64 cm, asiento 48 cm, respaldo 84 cm.
Foto: shop.thonet.de

Marcel Breuer: silla Cesca, 1929. 
Medidas aprox.: 46x58 cm, 
asiento 48 cm, respaldo 80 cm. 
Foto: shop.thonet.de
Van der Rohe: silla S533, 1927.
Medidas aprox.: 47x57 cm,
asiento 49 cm, respaldo 85 cm.
Foto: shop.thonet.de




















El siguiente gran salto se produjo cuando el cambio en la forma o estructura de la silla condicionó la manera de utilizarla.

La forma condiciona el uso
En Europa, durante milenios, el pueblo y la aristocracia se sentaron en taburetes y sillas. Apenas se produjo variación en la forma de sentarse hasta llegar a la segunda mitad del siglo XX. Uno de los primeros ejemplos que plantearon una nueva manera de sentarse fue el sillón Sacco de Piero Catti, Cesar Paolini y Franco Teodoro, una pieza de 1968 sin forma, o mejor dicho con muchas formas.

Piero Gatti y Cesar Paolini y Franco Teodoro: 
sillón Sacco para Zanotta, 1968. 
Foto en Charlotte y Peter Fiell: Chairs
Colonia: Taschen, 2001.

Otra propuesta igualmente rompedora y del mismo año 1968, fue la del danés Verner Panton (1929-1998) con su Living Tower. Se trataba de una estructura de madera de casi dos por dos metros que podía colocarse horizontal o verticalmente y que además de permitir múltiples formas de sentarse, creaba un micro-ambiente que, supuestamente, favorecía las relaciones sociales.

Panton con su esposa e hija en su Living Tower de 1968. 
Medidas aprox.: 193x65x193 cm de alto. Foto: vitra.com

Verner Panton: multimontaje del Living Tower, 1968. Foto: vitra.com

Esos intentos de cambiar la manera de sentarse en Occidente tuvieron mucha aceptación, aunque efímera, en los ambientes pop de los sesenta, pero no pudieron cambiar los hábitos de la gente.

Sin embargo en Japón la situación fue siempre muy diferente, pues, a diferencia de los chinos, hasta hace pocos decenios y como habían hecho durante toda su historia, los japoneses se sentaban directamente sobre el tatami en lo que se denomina posición seiza. Hasta bien entrado el siglo XX, en el País el Sol Naciente nunca se utilizaron sillas de manera generalizada.

Geisha sentada en una ortodoxa seiza.
Foto: Wikimedia Commons. 

En la fotografía siguiente se aprecia que la ausencia de sillas obliga a los visitantes de un célebre templo de Kioto a sentarse sobre los tatami. Sin embargo, actualmente la mayoría de los japoneses ya no encuentran cómoda la ortodoxa posición de seiza, por lo que prefiere otras posturas mucho más relajadas e informales.

Fotografía actual de japoneses contemplando un jardín del templo de Kennin-ji en Kioto.
Foto de fuente desconocida.

Llegado a este punto, prefiero dejar para los siguientes artículos el ver cómo los diseñadores japoneses contribuyeron a esa transición, de sentarse en el suelo a hacerlo en una silla, que se produjo en su país a partir de la década de los cincuenta del siglo pasado.