En el anterior artículo hablamos de dos jardines de paseo construidos
en los siglos XVII y XVIII. Hoy lo haremos de un par de los creados en
el siglo XX. En esta entrada no se comentará el gran jardín de paseo de
Heian-jingū, inaugurado en 1895 ni el mucho menor de Murin-an, ambos en Kioto y
también del mismo autor, Ogawa Jihei (1860-1933). A los interesados en tener más información de ellos les remito
a mi libro Historia y Arte del jardín japonés y a mi blog Jardines de Japón.
Los jardines del siglo XX hasta 1955
Durante el primer tercio del siglo XX,
la jardinería en Japón se encontraba en un punto muerto. Una alarmante
falta de ideas condujo a un estancamiento inevitable. A diferencia de lo que
ocurría con la pintura y la arquitectura o incluso en menor grado con la
escultura, los japoneses no encontraban en la jardinería occidental apenas nada
que mereciera la pena importar, con la excepción de ciertas especies vegetales
desconocidas en Japón.
Sin embargo, ante semejante panorama apareció una figura que
revolucionó la especialidad: Shigemori Mirei (1896-1975). Cuando en los años
treinta resultaba imposible encontrar trabajo, Shigemori se dedicó a estudiar
en profundidad los jardines clásicos de su país, algo que le permitió crear una
nueva sintaxis diferente de la tradicional, pero que no renunciaba a los
principios ancestrales del arte de la jardinería.
El primer
jardín del siglo XX que renovó esa especialidad poniéndola a la
altura de la pintura o arquitectura fue una obra de Shigemori: el jardín seco
del templo de Tōfuku en Kioto.
El jardín de Tōfuku-ji
En 1939, Shigemori diseñó sendos jardines secos frente a las cuatro fachadas de la residencia del abad del templo de Tōfuku-ji en Kioto. En cada uno de ellos utilizó un tema diferente. En el mayor de todos, situado en el lado sur, empleó dos elementos y dos colores: cinco grupos de oscuras rocas y cinco montículos de verde musgo situados en el extremo del gran patio, hacia donde parece que se desplaza la procesión de esas rocas.
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| Shigemori Mirei: el jardín sur de Tōfuku-ji, 1939, Kioto. Foto: Javier Vives. |




