El anterior artículo se dedicó a un solo jardín moderno, el del Museo de Arte Adachi, y hoy haremos algo parecido consagrando este a un solo autor: Masuno Shunmyō (1953-), uno de los más relevantes maestros jardineros del siglo XXI y quien en la última década del pasado siglo creó una serie de obras que lo han convertido en quizás el más internacional de todos los grandes especialistas japoneses que trabajaron en el último cuarto del siglo XX y siguen haciéndolo en el XXI.
Los jardines de 1990 a nuestros
días
Masuno Shunmyō, es monje zen, un
hecho que marca todas sus obras ya desde su primera aproximación al lugar. Esta es
una máxima que aprendió de su maestro: “si no conoces el lugar, no puedes
diseñar el jardín.” Su carrera como creador de jardines la inició en 1982, una
actividad que siempre ha compatibilizado con la de monje del templo de Kenkō-ji en Yokohama.
Para Masuno, su labor como creador de jardines forma parte de la
disciplina zen. En este sentido, hay que dejar claro que, bajo esa
óptica, un jardín zen es solo aquel que ha diseñado, creado y construido
una persona practicante del zen de manera disciplinada, continuada y
metódica.
Esa premisa no se tiene en cuenta en
Occidente, e incluso también en Japón, cuando se describe a
determinados jardines como zen. Para saber qué obra de arte puede
calificarse de zen o no, me remito al histórico
libro de Hisamatsu
Shin’ichi (1889-1980) Zen and the Fine Arts, publicado en Tokio por
Kodansha en 1958 en japonés y en 1971 en inglés
Embajada
de Canadá en Tokio
En los primeros años de su carrera, Masuno diseñó una de sus obras más emblemáticas: el jardín para la Embajada de Canadá en Tokio, en el que demostró su manera de trabajar con las rocas. Su obra se sitúa en la planta cuarta del edificio y, como muchos jardines clásicos de templos budistas, se desarrolla alrededor de las estancias situadas en ese nivel. Véase la siguiente ilustración.




