Después
del que en el anterior artículo hablásemos de la pintura durante los cortos
años momoyama (1573-1603), hoy entraremos en el más largo de los periodos
históricos de Japón, el de los años tokugawa, de 1603 hasta 1868, fecha
de la apertura de fronteras después de más de dos siglos y medio de
muy limitados contactos con el mundo exterior.
La pintura
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Durante la época Edo, la escuela Kanō (ver el artículo 51 de esta serie) mantuvo un alto nivel de actividad, aunque sin incorporar nuevas aportaciones a su estilo tradicional. La mayoría de los temas que utilizaba eran de origen chino y estaban muy relacionados con el confucianismo, filosofía especialmente querida por los gobiernos tokugawa.
Los animales que aparecían en sus obras se asociaban a ciertos valores que se suponía debía tener los representantes de la clase alta. Los tigres, leones y dragones casi siempre se situaban en entornos muy concretos. El tigre entre cañas de bambú, el león entre peonías y el dragón entre nubes. La grulla, que según la tradición simbolizaba larga vida, así como el mítico fénix, asociado a buenos augurios, fueron las aves más apreciadas. Los ciruelos, pinos y bambúes eran los árboles preferidos por los pintores de esa estirpe.
Kanō Motonobu (1476-1559) creó un nuevo estilo pictórico en el periodo Muromachi. La obra de Kanō Eitoku (1543-1590) refleja muy bien el espíritu momoyama. Sin embargo, a diferencia de ellos, a Kanō Tan’yū (1602-1674) difícilmente se le puede considerar representativo del nuevo hacer pictórico de su época, los años edo.
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| Kanō
Tan’yū: Tigres en un bosque de bambúes, tinta, color y oro
sobre papel, 184,9x141,0 cm cada hoja, periodo Edo, ca. 1630, Nanzen-ji, Kioto. Foto: Philadelphia Museum of Art. |







