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martes, 26 de mayo de 2026

Curso de arte japonés, art. 51º. Pintura, V

En el anterior artículo hablamos de la pintura monocroma creada por los monjes zen. En este lo haremos de las escuelas de pintores laicos que se centraron en decorar los biombos y las puertas correderas de las residencias de los señores feudales y abades de templos. En un principio, sus obras eran fundamentalmente monocromáticas con solo unos pocos toques de color, pero enseguida desplegaron una paleta de brillantes colores que muy a menudo destacaban sobre un fondo de pan de oro.

La ilustración siguiente es de una pequeña pintura de tinta china con unos discretísimos toques de color realizada por un monje zen, Sesson Shūkei (ca. 1492-1577). Las figuras de las personas parecen empequeñecidas por un imponente paisaje imaginario de influencia china.

martes, 31 de marzo de 2026

Curso de arte japonés, art. 47º. Pintura, I

El anterior artículo concluimos el apartado consagrado a la jardinería y hoy entraremos en el dedicado a la pintura japonesa. Empezaremos dando una rápida ojeada a las obras más antiguas que se conservan: las realizadas en los túmulos funerarios que comenzaron a construirse en el periodo Kofun y que siguieron haciéndose hasta el siglo VIII, cuando la incineración budista comenzó a extenderse. 

La pintura hasta el siglo VIII 

Pintura en túmulos

Cuando en 1956 se descubrió el túmulo de Takehara en la prefectura de Fukuoka, en su interior se encontraron arneses, armas, y adornos de varios tipos además de varias pinturas murales. Los temas de todas ellas son de origen continental con imágenes de dragones, guardianes celestes y caballos pintados sobre la piedra sin desbastar.

Pintura mural, final del periodo Kofun, s. VI. Túmulo de Takehara, Miyawaka,
prefectura de Fukuoka. Foto: web de la ciudad de Miyakawa. 

miércoles, 4 de marzo de 2026

Videoconferencia sobre arquitectura japonesa de 1868 a 2025

El pasado día 5 de marzo de 2026 ofrecí una conferencia por internet, vía Facebook Live, es decir, de acceso libre, titulada Arquitectura japonesa, 1868-2025. Despertar, evolución y vanguardia, para Guatemala. El encargo se realizó a través de la Fundación Japón en Madrid y la Embajada del Japón en Guatemala.

sábado, 9 de agosto de 2025

Música para las víctimas de las bombas de Hiroshima y Nagasaki , 2

Hace tres días publiqué un artículo con motivo del aniversario del lanzamiento de la primera bomba atómica de la historia sobre Hiroshima. Hoy, 9 de agosto de 2025, se cumplen ochenta años del lanzamiento de la segunda sobre Nagasaki, por lo que en esta entrada continúo aquel relato sobre las músicas compuestas por compositores japoneses y occidentales basadas en esos hechos.

Explosión de la bomba de Nagasaki, 9 de agosto de 1945.
Foto: Wikimedia Commons.

miércoles, 6 de agosto de 2025

Música para las víctimas de las bombas de Hiroshima y Nagasaki , 1

Este es un artículo en el que llevo pensando desde hace años y que finalmente me he decidido a publicarlo hoy, cuando se cumplen, no me atrevo a decir se celebran o se conmemoran, ochenta años del lanzamiento de la primera bomba atómica de la historia sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. 

No hay duda de que las bombas atómicas lanzadas el 6 de agosto de 1945 sobre Hiroshima y el 9 de ese mismo mes sobre Nagasaki marcaron un punto de inflexión en la historia de la humanidad. Lamentablemente, parece que no hemos aprendido de esa atroz experiencia y de nuevo la espada de Damocles de una guerra generalizada de imprevisibles consecuencias pende sobre nuestras cabezas, como amenazan las preocupantes situaciones en Ucrania y Gaza. 

Todos mis seguidores saben que en este blog solo hablo de aspectos relacionados con las artes plásticas o visuales japonesas. Pues bien, hoy y el próximo 9 de agosto lo haré de música, de música que tiene relación con las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. En ambos artículos comentaré algunas composiciones creadas por sus autores en memoria de las víctimas de los artefactos nucleares lanzados sobre dichas ciudades en agosto de 1945. En 2015, cuando se cumplían setenta años de esa triste efeméride, ya publiqué varios artículos relacionados con las bombas atómicas a los que se puede acceder clicando en este enlace. En dos de ellos hablé de pinturas cuya temática era la guerra. 

En concreto, en este artículo, publicado el 6 de agosto de 2015 y dedicado a la bomba de Hiroshima, comenté tres óleos de artistas japoneses inspirados en la Segunda Guerra Mundial. Ahora voy a hacerlo de composiciones musicales basadas en las bombas atómicas lanzadas sobre Japón.  

Explosión de la bomba de Hiroshima, 6 de agosto de 1945.
Foto: Wikimedia Commons.

martes, 25 de febrero de 2025

Curso de arte japonés, art. 19º. Entorno religioso, V

Después de los dos últimos artículos consagrados al budismo, hoy concluiremos este apartado dedicado a la evolución de esa religión en Japón hablando del zen, la escuela budista que más influencia ha tenido en el arte occidental del siglo XX.

El budismo zen

La doctrina zen, que ya formaba parte de las prácticas de la secta tendai, fue reintroducida en Japón desde China por Eisai (1141-1215) cuando fundó la orden rinzai a finales del siglo XII. Siendo monje tendai en el monte Hiei, Eisai viajó dos veces al continente asiático para estudiar las teorías del budismo chan chino. A su vuelta, las ideas que intentó propagar generaron numerosas discusiones con sus correligionarios que le obligaron a trasladarse a Kamakura, donde fue bien recibido por los regentes Hōjō y pudo fundar varios templos zen, los primeros de Japón.

Retrato del monje Eisai, abad de Kennin-ji, Kioto, tinta
y color sobre seda, s. XIV-XV. Foto: Wikimedia Commons.

martes, 14 de enero de 2025

Curso de arte japonés, art. 16º. Entorno religioso, II

En el anterior artículo hablamos del sintoísmo y su reflejo en el arte japonés, y hoy continuaremos en ese mismo entorno para ver, muy por encima, cómo son los recintos sintoístas.

Recintos sintoístas

En los orígenes del sintoísmo, no existían edificios donde realizar ceremonias porque se suponía que los kami residían en lugares como montañas, cascadas o rocas que por su aspecto tenían algo de especial. Debido a que los recintos religiosos se ubicaban en ese tipo de espacios o alrededor de tales elementos naturales, bastaba con señalizar el área u objeto considerados sagrados. Un modo de hacerlo era mediante trenzados vegetales precursores del shimenawa.

Piedra iwakura con la cinta shimenawa en Izumo Daijingū, Kameoka, prefectura de Kioto. 
Foto: Kazenotami/Pixta.

martes, 31 de diciembre de 2024

Curso de arte japonés, art. 15º. Entorno religioso, I

En el anterior artículo vimos muy por encima el mito de la creación del mundo según el sintoísmo y hoy hablaremos de otros dos aspectos de esa religión: su iconografía y sus celebraciones o ritos.  

El sintoísmo

En el sintoísmo se pueden destacar tres rasgos que lo diferencian de otros cultos como el cristianismo, el budismo o el islamismo: no tener fundador, no poseer escrituras sagradas y no practicarse en ningún otro país. Quizá por eso, muchos pensadores opinan que no es tanto una verdadera religión como una forma de integrarse en el entorno natural.

Hace dos semanas conocimos a Amaterasu, la divinidad del sol, astro que representa el orden y la pureza, dos de los conceptos más importantes del sintoísmo que se reflejan en muchos aspectos de la sociedad nipona. A través de la iluminación que genera, Amaterasu mantiene la armonía y el equilibrio tanto en la naturaleza como en la sociedad humana.

Torii en el borde del mar, santuario Ōarai Isosaki-jinja, prefectura de Ibaraki. Foto: Wikimedia Commons.

martes, 24 de septiembre de 2024

Curso de arte japonés, art. 8º. Panorama histórico, VI

En el anterior artículo vimos muy por encima la “llegada” de los grabados policromos japoneses a Europa, especialmente a París. Fue allí donde los pintores impresionistas quedaron fascinados por la frescura de los temas, la osadía de las composiciones y, cómo no, por unos temas que les resultaban especialmente exóticos. De eso vamos a hablar hoy.

El japonismo en la pintura y cerámica

El precio irrisorio y la facilidad de transporte de las estampas japonesas permitieron que en las últimas décadas del siglo XIX llegaran numerosos ejemplares a Europa y Estados Unidos. En consecuencia, muchos artistas occidentales las compraron y se inspiraron en ellas. Lo que más les sorprendía eran las atrevidas composiciones, la asimetría, el abrupto corte de las figuras, los inusuales puntos de vista, todos ellos, aspectos hasta entonces rechazados por la ortodoxia pictórica europea.

En resumen, todos los impresionistas franceses quedaron subyugados por los grabados japoneses. Van Gogh fue uno de ellos, que no solo se limitó a parafrasearlos casi literalmente, sino que numerosas veces aparecían como fondo de sus cuadros, detalle que se aprecia en la siguiente ilustración. Sin embargo, en sus obras no adoptó los fondos lisos japoneses sobre los que parecían flotar las figuras de Utamaro. 

Vincent van Gogh: Retrato de Père Tanguy
óleo sobre tela, 92x75 cm, 1887. 
Museo Rodin, París. Foto: web del museo.

viernes, 20 de septiembre de 2024

Conferencia en el Congreso de la AEJE en Pontevedra

El jueves 26 de septiembre de 2024, a las 19:40, presenté en el XVI Congreso Nacional y VII Internacional de la Asociación de Estudios Japoneses en España(AEJE) celebrado en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra, una comunicación online que titulé Sostenibilidad en la arquitectura de Japón. Los casos de Fujisawa SST y Toyota Woven City.

Este enlace lleva al programa completo del congreso con la lista de ponentes e invitados.


martes, 27 de agosto de 2024

Curso de arte japonés, art. 6º. Panorama histórico, IV

En la anterior entrada vimos muy por encima las artes que practicaban los monjes budistas, en concreto los de la escuela zen, y hoy daremos un salto importante para comentar el cambio social que supuso el periodo Edo (1603-1868) y las nuevas formas artísticas que aparecieron durante esa época de expansión económica y social.

Las clases urbanas

A principio del siglo XVII, Japón entró en un largo periodo de paz que duraría más de dos siglos y medio. El no haber guerras entre clanes y señores feudales propició que las grandes ciudades se convirtieran en centros muy dinámicos y activos donde apareció una nueva clase urbana que poco a poco se iba enriqueciendo al tiempo que iba desplazando a a los antiguos samurai, desposeídos de sus armas, privilegios de casta y solvencia económica. Solo los samurai más inquietos y cultivados supieron adaptarse a la nueva situación convirtiéndose en funcionarios, burócratas o empresarios. 

La flamante clase urbana tenía necesidad de entretenerse, de divertirse y eso lo encontró principalmente en dos géneros teatrales que nacieron a principios del siglo XVII: el teatro de marionetas llamado bunraku y el kabuki. Otra especialidad artística característica de esa época fueron los grabados policromos, los mundialmente conocidos ukiyo-e.

La ilustración siguiente es de un biombo que ilustra la batalla de Sekigahara, de la que salió vencedor Tokugawa Ieyasu, cuya familia ostentará el cargo de shōgun durante todo el periodo Edo, desde 1603 hasta 1868.

Anónimo: La batalla de Sekigahara, biombo de seis paneles, tinta y color sobre papel,
medidas desconocidas, final periodo Edo, s. XIX.
Museo de Historia Municipal de Gifu. Foto: Wikimedia Commons.

martes, 2 de julio de 2024

Curso de arte japonés, art. 1º. Objetivo

Hoy presento una nueva serie de artículos que iré publicando cada dos semanas y que consistirá en un curso de iniciación a las diferentes las artes visuales de Japón. Lo he titulado Curso de arte japonés y en él se hablará de cerámica, escultura, jardines, pintura, arquitectura y quizás también de alguna que otra especialidad, ya veremos.

Esta entrada y la siguiente forman parte de un primer apartado que he denominado “Presentación”. En esta explicaré muy por encima el enfoque del curso y en la siguiente, que publico también hoy mismo, habrá un índice interactivo que llevará a cada uno de los artículos que lo componen.

Soy consciente de que existen innumerables y muy buenos ensayos sobre el arte japonés tanto en libros como en páginas de internet. La mayoría de ellos son de expertos que suelen hablar de solo una especialidad, obviamente con enorme solvencia, mucha más de la que yo puedo ofrecer. Sin embargo, en pocos casos se habla de varias especialidades y aún en menos casos se aborda conjuntamente la evolución de la pintura, escultura, arquitectura o cerámica, una especialidad esta última que en Japón tiene especial interés.

Como aperitivo de lo que se irá viendo en esta larga serie, inserto aquí la primera ilustración del curso. Se trata de una pareja de biombos, un formato que se ha empleado en la pintura de Japón desde muy antiguo y que nunca existió en Occidente. La primera imagen es del biombo izquierdo; la segunda, del derecho. 

Atribuido a Tosa Mitsunobu: Bambúes en las cuatro estaciones, tinta, color y pan de oro sobre papel,
biombo izquierdo, 157,0x365,0 cm, periodo Muromachi, entre final s. XV y principio s. XVI. 
Metropolitan Museum of Art de Nueva York.
Foto: web del museo.

martes, 18 de junio de 2024

La danza butō, 45

A modo de conclusión, y 2

"Cuando se contempla la vida, la lozanía de la juventud sin duda es hermosa. Pero en cambio, cuando algo se está marchitando también hay belleza en ello. ¿No existe belleza en la fealdad?" Motofuji Akiko.

En el anterior artículo inicié la conclusión de esta larguísima serie dedicada a la danza butō. La de hoy es la cuadragésima quinta entrega. Ha pasado más de un año y medio desde que publiqué la primera entrada allá por el mes de septiembre de 2022. Hoy concluirá esta “a modo de conclusión” y todo el ciclo dedicado al butō.

Pero dejémonos de disquisiciones y continuemos hablando de esos rasgos distintivos del butō que empecé a resaltar en la anterior entrada y que lo hacen tan fascinante incluso para aquellos que nunca han asistido a un espectáculo de danza. Algo tendrá.

Técnica versus sentimiento

Hijikata Tatsumi comentaba a menudo que en el butō se debía prescindir de la técnica, que el movimiento debía quedar siempre abierto y refractario a la interpretación crítica. De ese modo, los coreógrafos y bailarines de butō intentan eludir el proceso de intelectualización del movimiento y destilarlo en mero símbolo. Esa es su forma de llegar a la audiencia: a través de un canal directo de comunicación emocional.

Hijikata Tatsumi en Gibasan,
de Veintisiete noches para cuatro estaciones,
1972. Foto: Yamazaki Hiroshi.
 

martes, 21 de mayo de 2024

La danza butō, 43

Las compañías de butō: Sankai juku, 2

El anterior artículo lo finalizamos viendo un videoclip de Kinkan shōnen, una obra de Sankai juku creada en 1978 y que todavía se representa por todo el planeta. Hoy seguiremos avanzando en la historia de esa compañía.

Unetsu (Los huevos de pie por curiosidad), 1986, recreada en 2018

Unetsu se estrenó en el Théâtre de la Ville de París en 1986 y en el año 2018 se presentó una segunda versión en el Kitakyūshū Performing Artes Center. La música de la obra es del mencionado Yoshikawa Yōichirō y de Satō Yasukazu (1951-), este último más conocido como Yas-Kaz.

En una de las primeras escenas, Amagatsu manipula con sus dedos de puntas rojizas un objeto de forma ovoide. Otro semejante levita sobre un cono de arena. La imagen del huevo como origen de la vida es obvia. Nacimiento, muerte y regeneración son ideas que se formalizan recurrentemente en esta obra..

Sankai juku: escena de Unetsu, versión 1986. Foto: Sakamoto Masafumi en la web de Sankai juku. 

martes, 7 de mayo de 2024

La danza butō, 42

Las compañías de butō: Sankai juku, 1

En el anterior capítulo vimos los trabajos más recientes de la compañía Dairakudakan y en este empezaremos a hablar de la otra gran troupe del butō: Sankai juku. Ambas son las más longevas de las hoy en activo, y sus respectivas producciones, claramente distinguibles.

Antes de la presentación oficial de Sankai juku en 1975, su fundador Amagatsu Ushio trabajó durante un año con treinta hombres y mujeres de los cuales finalmente solo seleccionó tres bailarines que, junto con él mismo, formaron la primera Sankai juku. Desde entonces, todos sus miembros son masculinos.

En 1980, la compañía realizó su primera gira por Occidente actuando primero en el Festival Internacional de Teatro de Nancy y enseguida en París. El impacto que produjo en el público y la crítica hizo que se la invitara ese mismo año al Festival de Aviñón. A partir de ese momento, sus actuaciones se han visto en más de setecientas ciudades de más de cuarenta países.

Sankai juku: escena de Kinkan shōnen, 1978. Foto: web de Sankai juku.

martes, 23 de abril de 2024

La danza butō, 41

Las compañías de butō: Dairakudakan, 2

En el anterior artículo vimos los inicios de la compañía de butō Dairakudakan de Maro Akaji y hoy seguiremos viendo cronológicamente sus obras más importantes.

Tempestad (Arashi), 1976

En septiembre de 1976 se estrena en el Nihon Seinenkan de Tokio La tempestad (Arashi), en la que intervienen, además de Maro Akaji, los históricos Murobushi Kō, Amagatsu Ushio, Tamura Tetsurō y Osuga Isamu, entre otros.

Dairakudakan: La tempestad (Arashi). Septiembre de 1976.
Foto: web de Murobushi Kō.

martes, 9 de abril de 2024

La danza butō, 40

Las compañías de butō: Dairakudakan, 1

Concluida hace dos semanas la sección consagrada a los bailarines de butō independientes, voy a dedicar los seis últimos artículos de esta serie a hablar de las dos compañías más longevas de la historia de la danza butō: Dairakudakan y Sankai juku.

La compañía Dairakudakan

La troupe de butō Dairakudakan la creó Maro Akaji (1943-), junto con Murobushi Kō (1947-2015) y Amagatsu Ushio (1949-), en 1972. De Murobushi hablé en el quinto artículo con motivo de su actuación en los primeros espectáculos de butō vistos en París en 1978. De Amagatsu solo hice una corta presentación en esta entrada, pues hablaré más extensamente de su compañía dentro de un mes. Y de Maro también comenté su actividad antes de fundar su troupe en este artículo, por lo cual no voy a repetir lo dicho allí.

Desde el momento en el que sus dos socios abandonaron Dairakudakan, Maro Akaji se convirtió no solo en su director, coreógrafo y alma durante ya cincuenta años, sino en uno de los pocos artistas aún en activo continuador por línea directa de las enseñanzas de Hijikata Tatsumi, aunque en puridad nunca intervino en las obras de este.

Miembros de la compañía Dairakudakan en la obra Virus (Uirusu),
estrenada en 2012 con motivo del cuadragésimo aniversario de su fundación. 
En el centro, con peluca amarilla, su director Maro Akaji. Foto: Teatro Nacional de Tokio.

martes, 26 de marzo de 2024

La danza butō, 39

Los discípulos, 6

En el último artículo y anteriores vimos de forma muy esquemática la carrera de unos bailarines de butō que podríamos denominar “independientes” por su forma de encarar esta forma de danza. Por supuesto que en esa lista faltan muchos artistas.

Hay muchos bailarines de butō, nacidos a partir de mediados de la década de los cincuenta y posteriores del siglo XX que, si bien no estudiaron directamente con Hijikata Tatsumi o con Ōno Kazuo, sí trabajaron con alguno de los discípulos de estos que bebieron en las fuentes del butō y conocieron de primera mano a los dos maestros. Me refiero principalmente a Maro Akaji, el director de Dairakudakan, a Amagatsu Ushio, director de Sankai juku, o incluso a los independientes como Murobushi Kō y Tanaka Min. Todos ellos han contribuido a la expansión del butō, y no solo en Japón, sino en todo el planeta. 

Takenouchi Atsushi (1962-)

Takenouchi Atsushi pertenece a la tercera generación de bailarines de butō. Sus comienzos los realiza en la compañía Hoppo butō-ha fundada en 1974 por Yamada Bishop (Ippei) (1948-). La última obra que interpreta en esa troupe es Takazashiki en 1984, una pieza que Hijikata coreografió para Yamada.

Takenouchi Atsuchi en el solo Turn, sin más datos. Foto: Konronsha.

martes, 12 de marzo de 2024

La danza butō, 38

Los discípulos, 5

Introducción articulo

El artículo anterior hablé de dos históricos de la danza butō que todavía hoy despliegan una incesante actividad y hoy lo haré de otros que quizás no hayan alcanzado tanta fama, pero que merece la pena conocer.

Harada Nobuo (1949-)

Cuando Harada Nobuo estudiaba en la Universidad de Waseda, en Tokio, dirigió la compañía de teatro Escenario Libre hasta 1972. Tras ver ese mismo año una actuación de Ōno Kazuo, se convenció de que debía dedicarse al butō.

Harada Nobuo, sin datos.
Foto: facebook de Seryūkai.

Entre 1973 y 1979 se integra en la troupe Tenshikan de Kasai Akira, de quien hablé en el artículo 33 de esta serie. En 1980 funda en Tokio la compañía Seiryūkai con la que presenta diversos espectáculos en la capital nipona entre 1980 y 1985. En 1994 traslada su taller-estudio, también llamado Seiryūkai, a Fukuoka.

El planteamiento de Harada es similar al de otros bailarines de butō: considerar su práctica como una verdadera terapia. Ejemplo de esto es su obra Hiraku (Despertar) creada para niños son síndrome de Down y adultos con desórdenes psicológicos. Al igual que Takeuchi Mika en Sapporo o Endō Tadashi (1947-) en Göttingen, Alemania, Harada gusta de integrar a personas con algún tipo de discapacidad con bailarines experimentados para que juntos bailen coreografías especialmente pensadas para la interacción de ambos grupos.

martes, 27 de febrero de 2024

La danza butō, 37

Los discípulos, 4 

En el anterior artículo hablamos de un par de bailarines y coreógrafos de butō que desarrollaron parte de su carrera en Europa y América. Hoy nos centraremos en una estupenda bailarina de butō, seguramente la más brillante de todos los alumnos de Hijikata, y en un polifacético artista independiente. 

Ashikawa Yōko (1947-)

Nada más graduarse en la Universidad de Arte Musashino en 1967, Ashikawa Yōko recibe una invitación de Ishii Mitsukata (1939-2017) para que entre en el Estudio Asbesto de Hijikata. Aunque no tenía ninguna experiencia en el mundo de la danza, tiene su primer recital en agosto de 1968 en el auditorio del Sōgetsu Kaikan en Tokio. A partir de ese momento, Hijikata empezó a trabajar frecuentemente con bailarinas.

Ashikawa se convirtió enseguida en la discípula preferida de Hijikata, una verdadera musa gracias a su capacidad de materializar las ideas de su maestro respecto a lo que debía ser una interpretación femenina del butō. Desde muy pronto supo responder de manera muy efectiva al sistema que empleaba Hijikata para comunicar a sus discípulos lo que tenían que hacer. Sus instrucciones no sugerían poses o formas de colocar el cuerpo o los miembros, sino que simplemente les decía como debían sentirse, ni siquiera qué era lo que habían de sentir. Sin duda, su método resultaba desconcertante para muchos.

Ashikawa Yōko en la obra Tempestad de verano, 1973.
Foto: extraída del DVD comercial de la obra.