martes, 21 de julio de 2026

Curso de arte japonés, art. 55º. Pintura, IX

Después del que en el anterior artículo hablásemos de la pintura durante los cortos años momoyama (1573-1603), hoy entraremos en el más largo de los periodos históricos de Japón, el de los años tokugawa, de 1603 hasta 1868, fecha de la apertura de fronteras después de más de dos siglos y medio de muy limitados contactos con el mundo exterior.

La pintura rinpa, 1

Durante la época Edo, la escuela Kanō (ver el artículo 51 de esta serie) mantuvo un alto nivel de actividad, aunque sin incorporar nuevas aportaciones a su estilo tradicional. La mayoría de los temas que utilizaba eran de origen chino y estaban muy relacionados con el confucianismo, filosofía especialmente querida por los gobiernos tokugawa

Los animales que aparecían en sus obras se asociaban a ciertos valores que se suponía debía tener los representantes de la clase alta. Los tigres, leones y dragones casi siempre se situaban en entornos muy concretos. El tigre entre cañas de bambú, el león entre peonías y el dragón entre nubes. La grulla, que según la tradición simbolizaba larga vida, así como el mítico fénix, asociado a buenos augurios, fueron las aves más apreciadas. Los ciruelos, pinos y bambúes eran los árboles preferidos por los pintores de esa estirpe. 

Kanō Motonobu (1476-1559) creó un nuevo estilo pictórico en el periodo Muromachi. La obra de Kanō Eitoku (1543-1590) refleja muy bien el espíritu momoyama. Sin embargo, a diferencia de ellos, a Kanō Tan’yū (1602-1674) difícilmente se le puede considerar representativo del nuevo hacer pictórico de su época, los años edo.

Kanō Tan’yū: Tigres en un bosque de bambúes, tinta, color y oro sobre papel, 184,9x141,0 cm
cada hoja, periodo Edo, ca. 1630, Nanzen-ji, Kioto. 
Foto: Philadelphia Museum of Art.

domingo, 5 de julio de 2026

Curso de arte japonés, art. 54º. Pintura, VIII

En la anterior entrada dijimos que hoy entraríamos en el apartado dedicado a la pintura nanban y eso vamos a hacer. La llegada a Japón de los portugueses y jesuitas en 1543, a finales del periodo Muromachi, provocó un gran revuelo en todo el país. Lo extraño que resultaba el aspecto de los europeos para los japoneses quedó reflejado en un sinfín de obras a las que se les aplicó el calificativo de nanban.

La pintura nanban

Nanban-jin o «bárbaros del sur» fue el nombre que se dio a esos extranjeros que llegaron al archipiélago nipón desde el sur. Por extensión, el término nanban se utilizó en el arte y en todo tipo de objetos relacionados con ellos. Los biombos en los que se representaban a los europeos se llamaron nanban byōbu.

Muchas de esas obras nanban eran anónimas y solo algunos integrantes de la escuela Kanō firmaron unas pocas pinturas. Los biombos nanban, como siempre, solían hacerse por parejas a las que se daba unidad temática. Una de las combinaciones más frecuentes reflejaba en el de la izquierda un navío zarpando de un puerto no japonés, mientras que en el de la derecha podía verse su llegada a un muelle nipón. 

Los personajes occidentales que se representaban en ellos destacaban por sus pequeñas cabezas, extraños abalorios y abombados pantalones. Entre ellos llamaban especialmente la atención los religiosos con sus hábitos y los esclavos negros. En general, la composición de los biombos se realizaba con un punto de vista elevado que permitía ver las diferentes escenas que se describían, las cuales se diferenciaban separándolas mediante nubes de pan de oro.

La obra de Kanō Naizan (1570-1616) es una de las más representativas de las pinturas que retratan la llegada de los portugueses y españoles a Japón. La ilustración siguiente es de un par de biombos nanban pintados por él. En el de la izquierda se ve a un barco partiendo de un país asiático, cosa que se deduce por el estilo de los edificios, mientras que el de la derecha muestra al mismo navío ya en Japón, con las velas arriadas y del que se está descargando su mercancía.

Biombo izquierdo.

Biombo derecho.