Daishin-in cuenta con un recoleto jardín seco muy tranquilo y cuya composición se distingue claramente de otras por su sencillez. Su diseño es obra del gran maestro Nakane Kinsaku (1917-1995).Twittear Seguir a @JavierVivesRego
Daishin-in cuenta con un recoleto jardín seco muy tranquilo y cuya composición se distingue claramente de otras por su sencillez. Su diseño es obra del gran maestro Nakane Kinsaku (1917-1995).El anterior artículo se dedicó a un solo jardín moderno, el del Museo de Arte Adachi, y hoy haremos algo parecido consagrando este a un solo autor: Masuno Shunmyō (1953-), uno de los más relevantes maestros jardineros del siglo XXI y quien en la última década del pasado siglo creó una serie de obras que lo han convertido en quizás el más internacional de todos los grandes especialistas japoneses que trabajaron en el último cuarto del siglo XX y siguen haciéndolo en el XXI.
Los jardines de 1990 a nuestros
días
Masuno Shunmyō, es monje zen, un
hecho que marca todas sus obras ya desde su primera aproximación al lugar. Esta es
una máxima que aprendió de su maestro: “si no conoces el lugar, no puedes
diseñar el jardín.” Su carrera como creador de jardines la inició en 1982, una
actividad que siempre ha compatibilizado con la de monje del templo de Kenkō-ji en Yokohama.
Para Masuno, su labor como creador de jardines forma parte de la
disciplina zen. En este sentido, hay que dejar claro que, bajo esa
óptica, un jardín zen es solo aquel que ha diseñado, creado y construido
una persona practicante del zen de manera disciplinada, continuada y
metódica.
Esa premisa no se tiene en cuenta en
Occidente, e incluso también en Japón, cuando se describe a
determinados jardines como zen. Para saber qué obra de arte puede
calificarse de zen o no, me remito al histórico
libro de Hisamatsu
Shin’ichi (1889-1980) Zen and the Fine Arts, publicado en Tokio por
Kodansha en 1958 en japonés y en 1971 en inglés
Embajada
de Canadá en Tokio
En los primeros años de su carrera, Masuno diseñó una de sus obras más emblemáticas: el jardín para la Embajada de Canadá en Tokio, en el que demostró su manera de trabajar con las rocas. Su obra se sitúa en la planta cuarta del edificio y, como muchos jardines clásicos de templos budistas, se desarrolla alrededor de las estancias situadas en ese nivel. Véase la siguiente ilustración.
En el anterior artículo se comentaron dos jardines diseñados por Shigemori Mirei, el primer gran maestro de la modernidad en la jardinería de Japón. Con él, esta especialidad artística se puso al mismo nivel que la pintura o arquitectura. Hoy dedicaremos esta entrada, la penúltima de este apartado dedicado a la jardinería, al que se considera el jardín más importante del siglo XX.
Los jardines de 1955 a 1990
El
jardín del Museo e Arte Adachi
En 1970, Nakane Kinsaku (1917-1995) diseñó el enorme jardín del Museo de Arte Adachi que se ha convertido en una obra maestra que mantiene la gran tradición japonesa de grandes jardines de paseo del periodo Edo desde los imperiales Katsura y Shugaku-in, ambos comentados en este curso en el artículo 42, hasta los parques de señores feudales como Kōraku-en y Ritsurin-kōen, también reseñados en esta serie (artículo 43).
Entre otros muchos jardines que Nakane Kinsaku diseñó
en Japón merecen citarse el de Yokō-en el templo de Taizō-in en Kioto o el del Museo de Artesanía Popular Sanuki (Sanuki
mingeikan) de Ritsurin-kōen o el que creó
en 1988 en el Museo de Bellas Artes de Boston como homenaje a Okakura Tenshin
(Kakuzō), (1886-1913), autor del famosísimo El libro del té. En su
trabajo de Boston, Nakane volvió a hacer posible que el jardín pudiera
contemplarse desde una ventana del segundo piso de la pinacoteca bostoniana,
como había hecho dieciocho años antes en el de Adachi.
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| Nakane Kinsaku: el jardín Yokō-en
en el templo de Taizō-in, Myōshin-ji, Kioto,1966. Foto: Javier Vives. |
En el anterior artículo hablamos de dos jardines de paseo construidos
en los siglos XVII y XVIII. Hoy lo haremos de un par de los creados en
el siglo XX. En esta entrada no se comentará el gran jardín de paseo de
Heian-jingū, inaugurado en 1895 ni el mucho menor de Murin-an, ambos en Kioto y
también del mismo autor, Ogawa Jihei (1860-1933). A los interesados en tener más información de ellos les remito
a mi libro Historia y Arte del jardín japonés y a mi blog Jardines de Japón.
Los jardines del siglo XX hasta 1955
Durante el primer tercio del siglo XX,
la jardinería en Japón se encontraba en un punto muerto. Una alarmante
falta de ideas condujo a un estancamiento inevitable. A diferencia de lo que
ocurría con la pintura y la arquitectura o incluso en menor grado con la
escultura, los japoneses no encontraban en la jardinería occidental apenas nada
que mereciera la pena importar, con la excepción de ciertas especies vegetales
desconocidas en Japón.
Sin embargo, ante semejante panorama apareció una figura que
revolucionó la especialidad: Shigemori Mirei (1896-1975). Cuando en los años
treinta resultaba imposible encontrar trabajo, Shigemori se dedicó a estudiar
en profundidad los jardines clásicos de su país, algo que le permitió crear una
nueva sintaxis diferente de la tradicional, pero que no renunciaba a los
principios ancestrales del arte de la jardinería.
El primer
jardín del siglo XX que renovó esa especialidad poniéndola a la
altura de la pintura o arquitectura fue una obra de Shigemori: el jardín seco
del templo de Tōfuku en Kioto.
El jardín de Tōfuku-ji
En 1939, Shigemori diseñó sendos jardines secos frente a las cuatro fachadas de la residencia del abad del templo de Tōfuku-ji en Kioto. En cada uno de ellos utilizó un tema diferente. En el mayor de todos, situado en el lado sur, empleó dos elementos y dos colores: cinco grupos de oscuras rocas y cinco montículos de verde musgo situados en el extremo del gran patio, hacia donde parece que se desplaza la procesión de esas rocas.
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| Shigemori Mirei: el jardín sur de Tōfuku-ji, 1939, Kioto. Foto: Javier Vives. |