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martes, 20 de agosto de 2013

El jardín japonés: el jardín seco o kare sansui, VI

El jardín seco de Daisen-in, primera parte
Después del último artículo dedicado al majestuoso jardín seco de  Ryōan-ji, hoy debo hablar del de Daisen-in, uno de los templos zen asociados a Daitoku-ji, un monasterio de Kioto perteneciente a la orden budista rinzai. Su fundación, así como la construcción de sus edificios y jardín datan de principios del siglo XVI.

El complejo monacal de Daitoku-ji está formado por más de veinte templos asociados, que en su conjunto reúnen uno de los patrimonios artísticos más consistentes de Japón. En su recinto se encuentran muchos jardines de enorme nivel, algunos de ellos ejecutados en pleno siglo XX.

Daisen-in y Ryōan-ji forman la pareja de jardines secos más valorada de todo Japón. Sus presupuestos, composiciones y aspectos formales son muy diferentes, por lo que analizarlos consecutivamente se convierte en un fructífero ejercicio de análisis, así como una gratificante experiencia visual.

Autoría y fecha de construcción
El jardín de Daisen-in se construyó casi simultáneamente con la residencia del abad del templo, finalizada en 1513 pocos años después de que se fundase su congregación. No obstante, conocer con certeza el nombre de su autor resulta mucho más complicado.

Se cree que pudo haber sido su primer prior, Kōgaku Sōkō (Sōtan) (1464-1548), persona muy culta e interesada en el arte de la jardinería. Según documentos de la época, parece ser que intervino en su construcción plantando arbustos y colocando rocas. No obstante, es poco probable que un aficionado, por instruido que fuera, pudiera crear, sin ayuda o colaboración de verdaderos expertos, un jardín de tanta complejidad visual y sofisticación técnica como Daisen-in.

Es por eso que algunos investigadores piensan que el verdadero director de su construcción podía haber sido el polifacético Sōami (¿1455-1525), quien precisamente había pintado los fusuma de la residencia del prior del templo. Aunque tampoco sería extraño que hubiese colaborado con el abad, dada la reconocida amistad que existía entre ambos.

Sin embargo, otros consideran que Sōami no era un verdadero maestro jardinero y que su influencia en la ejecución del jardín no podía ir mucho más allá de sugerir composiciones semejantes a las pinturas paisajísticas chinas que tan bien conocía.

Finalmente, la técnica y conocimiento compositivo necesarios para colocar los centenares de rocas de Daisen-in, hace pensar que la intervención de los kawaramono, o especialistas en la colocación de piedras, debió de ser decisiva. Pero, en este caso, a diferencia de Ryōan-ji, no se conocen sus nombres. Así pues, por mi parte voy a dejar la casilla del autor vacía.

Cambios
Según fuentes documentales de principios del siglo XVII, unos 70 o 80 años después de su construcción se transportaron desde otro templo de Daitoku-ji algunas rocas a Daisen-in, donde se recolocaron de manera semejante. Sin embargo, aunque no se conoce con certeza en qué zona o qué piedras del actual jardín fueron las trasladadas, algunos investigadores piensan que podían haber sido algunas del patio norte o este. Esa tesis se basa en la costumbre japonesa de reutilizar las rocas de aspecto singular de un recinto destruido o demolido para ubicarlas en otro jardín. Precisamente, muchas de las de Daisen-in tienen formas realmente sorprendentes.

Por otro lado, se cree que los patios sur, oeste y parte del norte no se ejecutaron al mismo tiempo que la zona central en la esquina norte-este. Si fuese así, las interrelaciones compositivas o figurativas entre ellos, que tan a menudo se explican hoy día, no podrían haber sido ideadas por su primer creador.

Las rocas
Gran parte de las rocas de Daisen-in tienen una forma o aspecto realmente original. En este sentido son completamente diferentes de las humildes piedras de Ryōan-ji. La búsqueda, selección, transporte y colocación de semejante volumen de rocas singulares era una labor larga y costosa; algo que un modesto y recién fundado templo zen seguramente no podía permitirse. Ese es precisamente el argumento de los que piensan que determinadas piedras de Daisen-in se trasladaron desde algún lugar no muy lejano, quizás desde otro templo o desde una villa abandonada de Kioto.

Simbología
Ya he comentado que las pretendidas simbologías que se asocian a la mayoría de los jardines secos son casi siempre discutibles, y también he aclarado mi posición al respecto. Sin embargo, en Daisen-in sí existen pruebas de que la composición de su zona central se hizo pensando en un paisaje montañoso, como los de las pinturas paisajísticas chinas que estudiaban los monjes zen de la época.

Pero, como siempre, mantengo mis dudas de que otras simbologías más conceptuales que se le atribuyen fuesen realmente concebidas por su autor o autores. Muchas de ellas son interpretaciones ofrecidas por la congregación del propio templo, algo que parece más una operación de divulgación que una información fundamentada histórica y documentalmente. A pesar de que no les puedo negar cierto sentido poético, con todo mi respeto y humildad me resisto a comentarlas aquí.

No obstante, si alguien, por sí mismo, descubre alguna asociación aplicable a ciertas rocas o agrupaciones bienvenida sea, porque habrá sido fruto de su mente y dedicación, algo muy loable por el esfuerzo que representa; pero, por favor, que no se detenga ahí, que busque simplemente su belleza, que la encontrará. A un paisaje no le exigimos que tenga mensajes ni buscamos su justificación, solo lo contemplamos y luego decimos si nos gusta o no. Por cierto, de la misma manera que no todos los paisajes agradan a todo el mundo, tampoco todos los jardines japoneses tienen que entusiasmar a todas las personas.

Los cuatro jardines de Daisen-in
La residencia del prior de Daisen-in es un edificio exento cuyas cuatro fachadas se abren a sendos patios de dimensiones diferentes y al que se accede por una esquina de su galería, que lo rodea totalmente.

Excepto el jardín meridional, de algo menos de 18x9 metros, los otros tres patios son realmente estrechos, de unos tres metros aproximadamente. En la ilustración siguiente se reflejan sus situaciones respecto a la residencia del abad del templo.

Perspectiva de los cuatro patios de Daisen-in. 
Dibujo en David y Michiko Young: The Art of the Japanese GardenTuttle, 2005.

En la perspectiva anterior se aprecia que la mayor concentración y número de rocas y plantas se encuentra en la esquina noreste. Es ahí donde se halla el punto focal desde el cual la composición se expande en dos direcciones: hacia el oeste por el patio norte, dividido por un pasillo cubierto que comunica la residencia del abad con otro edificio del templo, y hacia el sur por el jardín este, también partido por una estrecha mampara.

Obsérvese que el jardín este no tiene ningún punto de contacto con la amplia zona meridional, debido a que en la esquina sureste se encuentra el acceso principal al edificio. El patio norte también queda independizado de la zona oeste mediante un murete.

En el dibujo se aprecia perfectamente que los jardines frente a las fachadas sur y oeste constan únicamente de un lecho de gravilla rastrillada. También se observa que el situado en el norte se ha dividido en dos zonas: una con solo un arbusto y unas pocas piedras, y otra densamente ajardinada que forma una esquina con el jardín este.

Algo que conviene remarcar es que si bien Daisen-in es un jardín seco, no lo es de la misma manera que Ryōan-ji. En este vimos que solo había un lecho de gravilla, unas rocas y unos diminutos círculos de musgo rodeando a cinco grupos de piedras. En Daisen-in veremos que, además del tapiz de gravilla, las rocas (casi un centenar frente a las quince de aquél) y algo de musgo, abundan los arbustos.

La sencillez y vacuidad de Ryōan-ji no parecen ser las cualidades de Daisen-in, con la excepción de su zona sur. Sin embargo, ambos son verdaderos paradigmas de lo que es un kare sansui, un tipo de jardín cuya única condición que debe cumplir es no utilizar nunca agua en su composición.

Como consecuencia de esa exigencia, la forma que eligieron los japoneses para sugerir la presencia de la superficie rizada del agua en un jardín seco fue crear un sencillo tapiz de gravilla rastrillada. Esa solución les permitía combinar el color claro, horizontalidad y granulosa textura de esta con los tonos oscuros, ondulaciones y aspecto esponjoso del musgo, interrelaciones semejantes a las de un río y sus meandros.

Pero los detalles de Daisen-in los veremos dentro de siete días. Será entonces cuando analice uno a uno los cuatro jardines del templo.