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martes, 6 de agosto de 2013

El jardín japonés: el jardín seco o kare sansui, IV

El jardín seco de Ryōan-ji, segunda parte
Después de la introducción sobre el jardín seco japonés que ofrecí la semana pasada, hoy vamos a contemplar el kare sansui (o karesansui), es decir, el jardín seco de Ryōan-ji. Lamentablemente, debo decir que la visita a Ryōan-ji puede resultar frustrante para mentes demasiado exigentes, aunque no por culpa del propio jardín, sino debido al enorme número de personas que acuden a todas horas para ver algo que parece ser ineludible cuando se visita Kioto. Pido disculpas porque yo mismo, de alguna manera, contribuyo a ese fenómeno.

No me gustaría que se me malinterpretara, pero en ciertas ocasiones “la penitencia está en la misma virtud”, o si se prefiere, “a veces se muere de éxito”. Eso es lo que le ha ocurrido al jardín seco de Ryōan-ji. Mientras su parque exterior es suficientemente grande para “absorber” a centenares de visitantes sin que apenas se perturbe su tranquilidad, no ocurre lo mismo con su jardín seco, donde en unos escasos 100 m² de entarimado puede haber en algunos momentos decenas personas que desean contemplarlo.

Dimensiones
El jardín seco de Ryōan-ji es uno de los tres patios-jardín que rodean al edificio principal del templo, precisamente el situado frente a su fachada sur. Se trata de una superficie rectangular, de unos 25x10 metros, definida por la galería sur de hōjō (así se denomina la residencia del prior de una congregación budista), una valla de tapial en los lados sur y oeste, y un pequeño porche junto con otra valla, algo más alta que la anterior, en el este.

En algunas publicaciones se dice que tiene una dimensión diferente de la que he indicado. En realidad, las cifras dependen de cómo se mida la superficie; es decir, de si se incluye o no el encintado de granito que bordea la zona de gravilla, si se hace lo mismo con las canales de cantos rodados o, incluso, si se considera que la pequeña acera que lo separa del borde del entarimado del edificio forma parte del jardín como tal.

Planta del jardín seco de Ryōan-ji, siglo XV-XV. Kioto. 
Dibujo de Shigemori Mirei.

En la reproducción anterior, del gran maestro Shigemori Mirei (del que prometo comentar su obra otro día), solo se ha dibujado la planta del jardín sur de Ryōan-ji y una vista perspectivada de cómo se ve cuando se está sentado en su galería.
  
Entrando en el jardín seco de Ryōan-ji
La serie de fotografías que propongo a continuación es la sucesión de vistas que obtiene una persona a medida que se desplaza por la galería del hōjō. La secuencia comienza con la primera visión que obtenemos del jardín nada más cruzar la entrada y continúa con las que vamos descubriendo a medida que recorremos su galería sur. Las tres últimas fotos son de los jardines oeste y norte, siempre olvidados en los comentarios sobre Ryōan-ji.

Un detalle a tener en cuenta es que estas fotografías las realicé mientras caminaba, es decir que el punto de vista era aproximadamente un metro más alto que el que se obtiene estando sentado. Resulta fácil comprobar que se hicieron en diferentes épocas del año, como evidencian los árboles que aparecen por encima de la valla. Tras comentar cada una de las fotos de la serie, haré mi modesto análisis de su composición. He conseguido que no haya nadie en la galería, solo nosotros. Aprovechemos el momento.

Jardín seco de Ryōan-ji, Kioto. Foto: J. Vives.

Tras cruzar el zaguán del templo, una ennegrecida y lustrosa tarima de madera nos conduce a una amplia galería porticada de esbeltos pilares. Enmarcado entre esas columnas, aparece una especie de patio cubierto de gravilla y con varios grupos de piedras. La expectación hace que sin más dilación avancemos por el amplio porche.

Jardín seco de Ryōan-ji, Kioto. Foto: J. Vives.

Ahora sí podemos contemplar todo el conjunto. Resulta sorprendente, no vemos ni un arbusto, la sensación de vacuidad es enorme, parece haber mucho espacio para albergar solo unas pocas rocas. Pasado ya medio invierno, un ciruelo asoma por encima de la valla. Todavía de pie, seguimos recorriendo la galería hacia el extremo opuesto. Como en un traveling cinematográfico vamos descubriendo los diferentes grupos de rocas.

Jardín seco de Ryōan-ji. Kioto. Foto: J. Vives.

Lo que vemos ahora son grupos de dos y tres piedras, todas diferentes. Parecen desperdigados al azar, un par de ellos están en medio del patio, otro parece querer salir del encierro que crea una humilde valla de tapial que ha envejecido espléndidamente. En primavera, nos saludan las flores del cerezo.

Jardín seco de Ryōan-ji, Kioto. Foto: J. Vives.

En esta esquina aparecen los tres grupos de piedras más próximos entre sí. El anillo de musgo que les rodea es mucho menor en el más alejado, el único formado por dos rocas; los otros lo están por tres. El tono del tejadillo de cortezas de la valla y ella misma no distraen la contemplación del jardín y modestamente ceden el protagonismo a las piedras.

Jardín seco de Ryōan-ji, Kioto. Foto: J. Vives.

Desde el extremo de la galería volvemos la vista atrás. Ahora comprobamos que la valla que habíamos visto queda interceptada por otra algo más alta en el lado este, por donde entramos. El tapiz de gravilla es enorme. En su rastrillado paralelo a la galería, unas pocas ondas equidistantes destacan sobre las otras. A los anillos de musgo que rodean las rocas les abrazan, como un eco, suaves olas de gravilla.

Jardín seco de Ryōan-ji, Kioto. Foto: J. Vives.

En el extremo de la galería giramos a la derecha. Observamos un par de grupos de rocas, otro, el más próximo, parece esconderse debajo del entarimado, los demás han desaparecido.

Con esta última vista finaliza el paseo por la galería sur. Estando en el punto opuesto del inicio, la vista de las rocas del jardín vuelve a quedar encuadrada por los elementos del edificio, tarima, alero y pilares, como cuando entramos.

Jardín oeste del hojo de Ryōan-ji, Kioto. Foto: J. Vives.

Al girar a la derecha, en el extremo de la galería aparece el jardín oeste de Ryōan-ji. Su ambiente umbrío, su terreno cubierto de musgo y sus árboles son el contrapunto del jardín seco. Parece que estemos en otro lugar. Su atmósfera se prolonga en el patio norte. 

Jardín norte del hōjō de Ryōan-ji, Kioto. Foto: J. Vives.

El jardín norte de Ryōan-ji es mucho más estrecho que los otros dos. Sus frondosos arbustos y árboles actúan de valla y ocultan la fuerte pendiente de la ladera que lo delimita.

Pileta en el jardín norte del hojo de Ryōan-ji, Kioto. Foto: J. Vives.

Esta pila, tsukubai en japonés, situada en el jardín norte de Ryōan-ji, se ha adornado discretamente con el brillante color rojo de un par de camelias, es todavía invierno. Las camelias tienen la particularidad de que una vez caídas del árbol pueden mantenerse muchos días sin marchitarse, memento budista de la presencia de la muerte entre los vivos. Las que aparecen en la foto son de la especie Camellia sasanqua, que se asocia al invierno, a diferencia de la Camellia japonica que lo es a la primavera.

Tras este primer contacto con el jardín seco de Ryōan-ji, creo que nos irá bien un poco de tiempo para ir digiriendo lo visto. No acaba aquí la cosa, dentro de unos días continuaré hablando de él.