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martes, 30 de julio de 2013

El jardín japonés: el jardín seco o kare sansui, III

El jardín seco de Ryōan-ji, primera parte
Hace siete días hablé de uno de los primeros ejemplos de jardín seco japonés y hoy lo haré del de Ryōan-ji, un templo de Kioto perteneciente a la orden rinzai del budismo zen. Su jardín seco es no solo el más famoso de Japón, sino uno de los indiscutibles paradigmas de todo el arte nipón y de toda la jardinería mundial.

La primera congregación de Ryōan-ji se instaló en 1450 en un solar con lago que había pertenecido a una familia de nobles del periodo Heian. Unos años más tarde, el templo quedó casi totalmente destruido como consecuencia de las guerras iniciadas en 1467 y que durante un siglo devastaron el país. Sin embargo, antes de que finalizara el siglo XV ya se había reconstruido. En 1797 un incendio lo arrasó de nuevo, tras lo cual se volvieron a levantar tanto sus edificios como, quizás, su jardín seco.

Controversias académicas
Con esta larga y accidentada historia, no resulta extraño que haya diversas opiniones, a veces muy encontradas, tanto sobre la fecha de construcción como sobre la autoría del jardín seco, que es lo que hoy nos ocupa. Veamos algunas.

Año de construcción 
 Muchos autores creen que el jardín seco de Ryōan-ji se creó a finales del siglo XV.  Otros piensan que se construyó a principios del siglo XVI.  Finalmente, hay quien opina que después del incendio de 1797 se realizaron importantes cambios en su composición, por lo que se debería considerar como fecha correcta la de finales del siglo XVIII.

Esta última tesis se apoya en un grabado del año 1799, incluido en un libro sobre jardines de la época, donde se representa a Ryōan-ji tal y como lo vemos actualmente. Sus defensores opinan que como antes de esa fecha el templo había quedado destruido dos veces, primero por las guerras y luego por el incendio, el jardín tuvo que rehacerse varias veces en un grado desconocido pero seguramente importante. Por eso la única certeza es que en la fecha del grabado Ryōan-ji tenía el mismo aspecto que en la actualidad.

Grabado del libro de Akisato Rito: Miyako rinsen meisho zue, Kioto, 1799.

De cualquier modo, en mi modesta opinión, que el jardín seco de Ryōan-ji se creara a finales del siglo XV, principios del XVI o incluso a finales del XVIII, a estas alturas del XXI, no tiene más importancia que la que los superespecialistas quieran otorgarle, dado que ese dato no influye en su capacidad comunicativa ni en nuestro disfrute visual.

Autoría
Respecto a quién pudo ser su autor, las discrepancias no son menores. 
 ·       La primera teoría afirma que su creador fue Hosokawa Katsumoto (1430-1473), la persona que adquirió los antiguos terrenos pertenecientes a la nobleza heian, y que su construcción se llevó a cabo a finales del siglo XV.
·       Otra tesis mantiene que fue el pintor Sōami (¿1455-1525) quien lo construyó a principios del siglo XVI.
·       Algunos investigadores creen que, independientemente de las fechas, es posible que lo diseñara el prior u otros monjes del templo. Hay que tener en cuenta que los bonzos zen no solo eran muy instruidos en las artes, sino que viajaban frecuentemente por los diferentes templos del país, transmitiendo los conocimientos de un lugar a otro.
·       Finalmente, hay quienes piensan que sus autores reales fueron operarios especialistas en jardines. Esta tesis se basa en la inscripción descubierta en una de las rocas del jardín con los nombres de dos obreros (Kotarō y Hikojirō) expertos en el manejo de las piedras, los conocidos como kawaramono.

La caligrafía que aparece en la parte alta del grabado comentado explica cómo su promotor deseaba rezar cada mañana en dirección a un santuario no muy lejano, por lo que para evitar que los árboles ocultaran su vista ordenó que solo se utilizaran piedras. También se dice que la distribución de las rocas la decidió Sōami, y que la llamó “cachorros de tigre cruzando el agua”. Finalmente, el texto comenta que los árboles del exterior, con los años, crecieron ocultando la perspectiva que se deseaba tener.

Hay que remarcar que Sōami murió en 1525, es decir más de 250 años antes de que se publicara ese grabado, por lo cual el hecho de que en su caligrafía se le asigne la autoría del jardín y, sobre todo, la frase de los “cachorros” no es una verdadera garantía de que ambos datos sean ciertos, dada la inexistencia de pruebas anteriores que los ratifiquen.

Cambios
Otro tema de controversia es la variación que debe haber sufrido el jardín durante su larga existencia, tanto en su superficie, en el número de rocas, en su distribución, en la valla, etcétera. Ya he comentado que el grabado de 1799 demuestra que en ese año era como lo vemos actualmente, pero no certifica que con anterioridad fuera diferente. Pero si queremos saber qué aspecto tenía Ryōan-ji más allá de esa fecha, las incógnitas no hacen más que aumentar. Resulta que en documentos anteriores a 1799 aparece dibujado, eso sí muy esquemáticamente, de forma muy diferente a cómo se muestra en el grabado mencionado.

En mi modesta opinión, dadas las guerras e incendios que padeció el templo, resulta muy verosímil que a lo largo de los siglos experimentara variaciones en su valla principal, en la lateral e incluso en el número y tamaño de los árboles exteriores. Pero la duda más importante que se plantea se refiere a si Ryōan-ji tuvo siempre quince rocas repartidas en cinco grupos como vemos hoy día.

Mi propuesta
Dado que esos temas de antigüedad, autoría y estado original de Ryōan-ji son todos unos verdaderos galimatías, quizás lo mejor sería dejarlo tal como está, es decir: 
·       Autor: desconocido.
·       Fecha de construcción: entre finales del siglo XV y principios del XVI.
·       Variaciones: no demostradas fehacientemente pero probables hasta finales del XVIII.
  
¿Por qué no nos conformamos con lo que tenemos?, que no es poco. El aspecto que Ryōan-ji tiene hoy día es sensiblemente igual al que presentaba en 1799, eso ya le otorga suficiente solera ¿no? Solo existe una certeza, el tamaño y altura de los árboles que aparecen detrás y por encima de su valla seguro que han variado con los años y que son mayores que antaño.

Así pues, y reconociendo que yo mismo he caído en esa enmarañada red, creo que lo mejor es dejar esos asuntos históricos para que se entretengan con ellos los especialistas, a los que, sin embargo, reconozco su labor, y dedicarme un poco a explicar qué es lo que nos ofrece el jardín seco de Ryōan-ji que le ha proporcionado semejante fama.

El jardín exterior
Si bien es cierto que el jardín seco de Ryōan-ji ha eclipsado cualquier otro aspecto de su recinto, no quiero dejar de ofrecer algunas pinceladas de lo que se puede contemplar antes, o si se prefiere después, de sumergirnos en su singular ambiente.

Ya he comentado que en el solar del templo existe un lago, testimonio del antiguo jardín del siglo XI construido por un aristócrata de la familia de los Fujiwara durante el periodo Heian. Es decir, originariamente en ese terreno existía un parque de estilo shinden, como los que comenté en el artículo del 17 de mayo (verlo aquí).

Así pues, el pasear alrededor del lago y explorar sus rincones es una experiencia gratificante que puede ayudarnos a “desconectar” del ruidoso mundo exterior antes de acceder al insólito ambiente de su jardín seco. Durante la caminata podremos ver ciruelos, cerezos, arces, cedros, bambúes, musgo, helechos, sencillos santuarios sintoístas, templos budistas asociados, recoletos rincones, amplias perspectivas, todo lo que se puede encontrar en un parque japonés, y mucho más.

Vista del lago del jardín exterior de Ryōan-ji, Kioto. Foto: J. Vives.

Obsérvese en la foto anterior la manera de soportar las ramas de los árboles que de otra forma se desplomarían. Otro día comentaré un poco esta práctica y su verdadera razón de ser, que no es solo técnica. El árbol de la izquierda se encuentra en una de las islas del estanque

Rincón del jardín exterior de Ryōan-ji. Foto: J. Vives.
La foto de la izquierda muestra uno de los rincones del exterior de Ryōan-ji. Esta escalera era un antiguo acceso al espacio donde se encuentra su famoso jardín seco. En plena primavera explota la floración de los cerezos. Muy pronto, sus pétalos tapizarán los escalones de piedra, creando un melancólico efecto que se puede disfrutar admirándolo sin más o del que se pueden extraer moralejas sobre la impermanencia de las cosas de este mundo, entre ellas la belleza de una flor. ¿Nos acordamos del comienzo del Heike Monogatari que incluí en el artículo del 22 de mayo dedicado a la pintura? (Verlo aquí)

Bueno, creo que ya es hora de me centre en el jardín seco de Ryōan-ji; aunque quizás, tras tan larga introducción y antes de entrar en su recinto, sea mejor dejar un poco de tiempo para madurar lo comentado. Así pues, creo que es mejor posponer la visita hasta la semana próxima.