martes, 31 de marzo de 2026

Curso de arte japonés, art. 47º. Pintura, I

El anterior artículo concluimos el apartado consagrado a la jardinería y hoy entraremos en el dedicado a la pintura japonesa. Empezaremos dando una rápida ojeada a las obras más antiguas que se conservan: las realizadas en los túmulos funerarios que comenzaron a construirse en el periodo Kofun y que siguieron haciéndose hasta el siglo VIII, cuando la incineración budista comenzó a extenderse. 

La pintura hasta el siglo VIII 

Pintura en túmulos

Cuando en 1956 se descubrió el túmulo de Takehara en la prefectura de Fukuoka, en su interior se encontraron arneses, armas, y adornos de varios tipos además de varias pinturas murales. Los temas de todas ellas son de origen continental con imágenes de dragones, guardianes celestes y caballos pintados sobre la piedra sin desbastar.

Pintura mural, final del periodo Kofun, s. VI. Túmulo de Takehara, Miyawaka,
prefectura de Fukuoka. Foto: web de la ciudad de Miyakawa. 

Más información sobre el túmulo de Takehara

En el canal de YouTube del Ayuntamiento de Miyakawa puede verse un video clip, solo en japonés, sobre el kofun de Takehara y sus pinturas murales. Aquí inserto solo un extracto de poco más de treinta segundos. Quien desee verlo completo, unos seis minutos, no tiene más que clicar en este enlace.

Otro importante túmulo con pinturas en su interior es el de Takamatsuzuka en la prefectura de Nara. Descubierto en 1972, su cámara mide aproximadamente 265x103 cm de planta y tiene una altura de unos 113 cm. En sus paredes y techo se encontraron una serie de pinturas de temas diversos que pretendían acompañar al difunto en su viaje al más allá: constelaciones, el sol, la luna, los cuatro guardianes celestes y una serie de supuestos sirvientes del personaje enterrado. 

Pared oeste del interior del túmulo de Takamatsuzuka, período Asuka, ca. 684-710.
Asuka, 
prefectura de Nara. Foto: web del Museo Histórico de Asuka.

Se desconoce quién era el personaje inhumado en el túmulo de Takamatsuzuka, pero sin duda debía pertenecer a la nobleza de la época. Las pinturas más conocidas de todo el conjunto son las de un grupo de mujeres ataviadas con vistosas prendas claramente coreanas. La anterior ilustración muestra toda la pared oeste, y a la derecha pueden verse las cuatro asistentes que se reproducen en la siguiente ilustración.

Una de las pinturas murales en la pared oeste del túmulo de Takamatsuzuka, 
período Asuka, 684-710. Asuka, prefectura de Nara. Foto: Wikimedia Commons.

Pintura del periodo Asuka (538-710)

El templo de Hōryū-ji, del que en su momento hablaremos en el apartado dedicado a la arquitectura, posee una de las poquísimas pinturas del siglo VII que han llegado hasta nuestros días. Nos referimos al pequeño altar de madera llamado Tamamushi no zushi que custodia dicho monasterio. Ese tabernáculo portátil sobrevivió milagrosamente al incendio del año 670 que destruyó todo el templo y obligó a reconstruir sus edificios.

Altar Tamamushi no zushi, madera lacada y pintada, 226,6 cm de alto.
ca. 650. Hōryū-ji, Ikaruga, prefectura de Nara.
El lado derecho es el frontal del altar; el izquierdo, su lateral derecho.
Foto: folleto del templo. 

En ese tipo de pequeño altar se custodiaban imágenes o escrituras budistas. El Tamamushi no zushi se construyó a mediados del siglo VII con madera de ciprés japonés (hinoki) y alcanforero. Su interior se adornó con relieves de cientos de diminutos budas, y su exterior, con pinturas sobre laca. Hay que hacer notar que, además de esas pinturas, de indiscutible importancia artística e histórica, el altar en sí mismo ha suministrado mucha información sobre la arquitectura de la época, dado que no ha llegado hasta nuestros días ningún edificio de tal antigüedad. 

La siguiente ilustración, de uno de los lados de la zona inferior, representa tres momentos de una escena en la que un bosatsu se lanza por un precipicio para servir de alimento a unos cachorros de una tigresa. 

Detalle de la zona inferior izquierda del altar
Tamamushi no zushi, madera lacada y pintada,
66,0x35,6 cm, ca. 650.
Hōryū-ji, Ikaruga, prefectura de Nara.
Foto: Wikimedia Commons.

Los temas budistas de las pinturas del Tamamushi no zushi muestran rasgos cercanos a los modelos chinos y coreanos, cosa lógica pues, en esos años, los artistas japoneses todavía no dominaban los entresijos de la iconografía budista ni habían encontrado su particular estilo en ese ámbito. La foto siguiente retrata a dos bosatsu sobre flores de loto, tocados con tres joyas budistas, sosteniendo una flor de loto en una mano y adoptando en la otra una determinada posición o mudra.

Detalle de las puertas de la zona alta del lado derecho del altar
Tamamushi no zushi, madera lacada y pintada, 66,0x35,6 cm, 
ca. 650. Hōryū-ji, Ikaruga, prefectura de Nara.
Foto: Wikimedia Commons.

Más información sobre el templo de Hōryū-ji

En el año 2013 publiqué el primero de tres artículos dedicados a la arquitectura del templo de Hōryū-ji en Ikaruga. Este enlace lleva a esa entrada, a partir de la cual puede accederse a las otras dos sobre el mismo tema.

Los murales del kondō de Hōryū-ji, datados de principios del siglo VIII, están incluidos entre los más importantes conjuntos pictóricos de la historia japonesa aunque gran parte de ellos se perdieron en un incendio en 1949. Se trata de doce paneles en los que se representan a Shaka, Amida, Yakushi y Miroku en sus respectivos paraísos. A pesar de haberse realizado en las postrimerías del periodo Asuka, las figuras se sitúan en un entorno reconocible y adoptan formas realistas, alejándose del idealismo de los modelos chinos que dominaba casi toda la iconografía del budismo hasta entonces. Ese intento de asociar determinadas expresiones y situaciones humanas con ciertas teorías budistas fue uno de los primeros pasos hacia un arte religioso genuinamente japonés.

El Paraíso de Amida, pintura mural sobre madera, 320x313 cm, periodo Asuka,
ca. 700, destruido en un incendio en 1949. Hōryū-ji, Ikaruga, prefectura de Nara.
Foto: Wikimedia Commons.

Más información sobre los murales perdidos de Hōryū-ji

El templo de Hōryū-ji ha puesto a disposición de los estudiosos y público en general las reproducciones fotográficas de las pinturas del kondō perdidas en el incendio de 1949. Este enlace lleva a la web en la que puede verse una imagen en 3D del edificio, la situación de las pinturas y su reproducción.

Pintura del periodo Nara (710-794)

Uno de los mejores ejemplos de pintura budista de la época Nara es la imagen de la diosa Kichijō-ten que se conserva en el templo de Yakushi-ji en Nara. Sus redondeadas facciones todavía deben mucho al canon de belleza de la dinastía china Tang. La cara se representa plana y sin línea de contorno. Solo el cambio de tonalidad y el oscuro borde de la cabellera la delimitan. La nariz apenas se vislumbra y los ojos y cejas no son más que unas breves pinceladas. Solo la pequeña boca destaca gracias a su color rojo. El lujoso vestido, de diseños romboidales y vaporoso cayente, se ondula al viento otorgando ligereza a la oronda figura.

Kichijō-ten, tinta y color sobre tela de cáñamo, 53,3x31,7 cm,
periodo Nara, segunda mitad s. VIII, Yakushi-ji, Nara.
Foto: Wikimedia Commons.

Con esto finaliza este primer artículo dedicado a la pintura japonesa más antigua. Dentro de dos semanas avanzaremos algo más en el tiempo.