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martes, 22 de octubre de 2013

Escultura japonesa: iconografía budista, II

Atributos de las divinidades budistas en la escultura japonesa
Continúo hoy las explicaciones sobre la iconografía budista que inicié el martes pasado. Una vez conocidas las principales divinidades japonesas, vamos a ver algunos de los atributos con los que normalmente aparecen en la escultura o pintura japonesas. Me permito remarcar de nuevo que existen muchas formas de representación y que yo solo voy a comentar unas pocas, las más evidentes y frecuentes en Japón. Empecemos por las deidades del escalafón superior comentándolas en el mismo orden que utilicé en el artículo anterior.

Rango superior
Recordemos que en el primer nivel se encuentran los nyorai. Sus atributos físicos, y parte de ellos también de los bosatsu, son una protuberancia en su cabeza, pelo ensortijado en apretadas espirales, lóbulos de las orejas muy largos, pliegues en el cuello y membrana interdigital. Suelen representarse sentados en la posición del loto, aunque no siempre. La situación y colocación de sus manos reflejan su actitud y pueden ser muy variadas.

Shaka
Shaka se muestra frecuentemente con la mano derecha levantada (indicando “no temas”) y la izquierda extendida con la palma hacia arriba (“escucha mi doctrina”, aunque a veces apenas se distingue de “acércate”). Una de las sutiles variaciones en el simbolismo de los nyorai se refiere a si su atuendo cubre total o parcialmente su hombro derecho. Esto último indica su tarea de predicador, mientras que si abriga sus dos hombros se trata de una imagen del Buda peregrino. La fotografía siguiente es de una escultura de Shaka sedente y con las manos en las posiciones indicadas.

Shaka nyorai, s. XII, madera, 227 cm. Kōfuku-ji, Nara. 
Foto en Nara, trésors boudhiques du Japon ancien. Le temple du Kōfuku-ji.
 Galeries Nationales du Grand Palais, 1996.

Dainichi
Dainichi se distingue del resto de los nyorai porque, en la mayoría de los casos, su mano derecha agarra el dedo índice de la izquierda. Con ese gesto se simboliza la unión del mundo interior y el exterior. Sin embargo, a veces las cosas se complican y se representa como un bosatsu. En la fotografía siguiente se aprecia muy bien su “ortodoxa” posición de manos.
  
Dainichi nyorai, s. XVII, madera dorada, 213 cm. 
Tō-ji, Kioto.  Foto: postal-folleto del templo. 

Yakushi
Yakushi suele representarse con la mano derecha en posición de “no temas” y la izquierda sosteniendo un frasco o joya medicinal. Si está sentado ese brazo lo apoya sobre la pierna y si está de pie lo mantiene doblado a la altura de la cadera. En la imagen de la fotografía siguiente se aprecia el tarro en su mano izquierda, objeto que la define como deidad sanadora.

Yakushi nyorai, c. 803, madera, 170 cm. Jingo-ji, Kioto.
 Foto en Yoshikawa Itsuji: Major Themes in Japanese Art.
Heibonsha, 1976.

Amida
Amida se representa sentado sobre un loto y meditando. Las nueve posiciones posibles de sus manos, según el dedo que toque al pulgar, se corresponden con las cualidades de los fieles que recibe en el paraíso. En pintura puede mostrarse apareciendo detrás de una montaña o entre las olas del río que separa nuestro mundo del más allá. En la fotografía siguiente Amida adopta uno de los tipos de mudra denominados de concentración.

Jōchō: Amida nyorai, 1053, madera dorada, 295 cm. Byōdō-in, Uji.
 
Foto en Miyeko Murase: L’art du Japon. La Pochothèque, 1992.

Rango intermedio
Descendamos ahora al segundo nivel de las divinidades budistas, los bosatsu.

Miroku
Miroku bosatsu aparece casi siempre en actitud reflexiva, sentado con la pierna derecha cruzada sobre la izquierda y la mano diestra cerca del mentón. Si ya vimos que Dainichi puede representarse como un bosatsu, Miroku lo hace en algunos casos como un nyorai sedente, ya que se le considera el buda del futuro, es decir, el que volverá a la tierra dentro de millones de años. En la fotografía siguiente Miroku se muestra en su posición más habitual, denominada actitud pensativa.

Miroku bosatsu, s. VII, madera lacada, 133 cm. Chūgū-ji, Nara. 
Foto en Christine Shimizu: L’art Japonais. Flammarion, 1997.

Jizō
Jizō bosatsu se representa con la cabeza afeitada y aspecto de monje. Se le suele poner un babero rojo y blanco en agradecimiento por la protección que dispensa a los niños. La escultura de la fotografía siguiente tiene la particularidad de llevar ropa, algo que era habitual en el periodo Kamakura. Solo han llegado hasta nuestros días unas cien imágenes de ese tipo. Tras esa foto se muestra otra de un grupo de Jizō de piedra en los que se han colocado los característicos baberos como elemento votivo.

Jizō, 1228, madera y tela, 97 cm. Denkō-ji, Nara.
 
Foto en Washizuka Hiromitsu: Enlightenment Embodied. 
The Art of the Japanese Buddhist Sculptor 
(7th-14th centuries). Bunka-cho, 1997.

Jizō, Hase dera, Kamakura. Foto: J. Vives.

Kannon
Kannon bosatsu puede asumir cualquier forma necesaria para llevar a cabo su misión, por lo que se representa con los más diversos atributos. Son muy conocidos Jūichimen Kannon, con once cabezas, y Senjū Kannon, con mil brazos, que en la mayoría de los casos se simbolizan con solo cuarenta.

En la foto siguiente se aprecian los innumerables brazos y cabezas de Jūichi-men senjū Kannon, una deidad que reúne esas dos naturalezas. Según la tradición budista, las diferentes cabezas permiten a Kannon ver todos los sufrimientos de la humanidad, mientras que sus múltiples miembros, con un ojo en cada mano, los utiliza para atender a quienes le necesitan.


Jūichi-men senjū Kannon, 1254, madera dorada, 339 cm.
 Sanjūsangen-dō, Kioto. Foto: folleto del templo

Nikkō y Gakkō
Nikkō bosatsu, como símbolo de la claridad diurna, protege a los seres humanos durante el día, mientras que Gakkō bosatsu lo hace durante la noche. Ambos suelen acompañar a Yakushi o Amida. Resulta muy difícil diferenciar uno de otro, dado que su iconografía no quedó fijada de forma clara. En las fotografías siguientes vemos a Nikkō, que suele colocarse a la izquierda de Amida (la derecha del observador), y Gakkō.

Gakkō bosatsu, 746, arcilla pintada,
205 cm. Hokke-dō, Nara. 
Foto: folleto del templo.
Nikkō bosatsu, 746, arcilla pintada,
207 cm. Hokke-dō, Nara.
 Foto: folleto del templo.
































Rango inferior
Para acabar veamos algunas de las deidades del tercer nivel, el de los guardianes.

Myō-ō
Los myō-ō aparecen siempre con una actitud belicosa que refleja su determinación en atacar a los espíritus malignos en defensa de los creyentes. El más popular de todos es Fudō myō-ō, representado semidesnudo, rodeado de llamas que simbolizan la purificación y quema de las apetencias materiales, con una espada en una mano que representa la inteligencia que combate la ignorancia, un lazo en la otra con el que aprisiona a los demonios y la cabellera en forma de coleta colgando sobre un hombro. A veces mantiene un ojo abierto y el otro semicerrado mostrando sus colmillos.

Fudō myō-ō en Okunoin, Kongōbu-ji, Kōya-san.
Foto: Wikimedia Commons.

Shi-tennō
Los shi-tennō, también conocidos como los cuatro reyes celestes, se representan con armaduras de guerreros y aplastando con sus pies a las fuerzas del mal, encarnadas por pequeños monstruos. Cada uno de ellos se sitúa en un punto cardinal y sostiene diversos objetos, una espada, una pagoda, una lanza, un sutra o un pincel, que utilizan contra las criaturas malignas.

El shi-tennō Birubakusha, s. XIII, madera policromada, 155 cm.
Sanjūsangen-dō, Kioto. Foto: folleto del templo.

Niō
Los niō son dos guardianes que a menudo se representan semidesnudos y con gran musculatura. Uno tiene la boca abierta y el otro, cerrada; lo que se ha interpretado como principio y final, nacimiento y muerte, alfa y omega de toda existencia.

Unkei y Kaikei:  niō en la puerta sur de
 Tōdai-ji, 1203, madera, 8,50 m. 
Foto: folleto del templo.
Unkei y Kaikei:  niō en la puerta sur de
 Tōdai-ji, 1203, madera, 8,50 m. 
Foto: folleto del templo.

Antes de despedirme por hoy, debo insistir que este artículo y el anterior no son más que una pequeña, mejor diría minúscula, introducción a la iconografía budista japonesa, por lo cual están llenos de simplificaciones que ya sabemos a dónde suelen conducir. Por todo ello pido disculpas a los entendidos en la materia.

En el artículo del martes próximo por fin comentaré obras concretas de escultura budista japonesa. Hasta entonces.

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