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martes, 23 de febrero de 2016

Pintura moderna japonesa: la pintura yōga del periodo Taishō, VII

La pintura japonesa de estilo occidental en el periodo Taishō, Mavo, primera parte 
Hace dos semanas comenté la obra de algunos de los artistas más radicales de la pintura moderna japonesa del primer cuarto del siglo XX y hoy hablaré de la que, en mi opinión, es la asociación de artistas vanguardistas más importante de esos años: Mavo.

Los padres de Mavo fueron, por un lado, los afiliados al movimiento futurista y, por otro, un artista singular: Murayama Tomoyoshi. De los primeros hablé muy por encima en los artículos anteriores, de Murayama y Mavo lo haré a continuación.

Murayama Tomoyoshi (1901-1977)
Murayama Tomoyoshi  nació en el seno de una familia de médicos y profesores, aunque no demasiado solvente desde el punto de vista económico. Tras el fallecimiento de su padre, la vida del joven Murayama creció bajo dos importantes influencias. Por un lado, la del entorno cristiano de su madre, gracias al cual conoció la cultura y arte europeos. Por otro, la de sus contactos con importantes activistas sociales que conformaron sus tendencias contestatarias.

En el fondo, Murayama fue un autodidacta en lo que se refiere a la pintura. Primero practicó la acuarela y más tarde se inició en el óleo; pero lo que marcó indeleblemente su futuro como artista fue su viaje a Berlín en febrero de 1922. Por esos años, la capital alemana atravesaba una enorme crisis económica y en su ambiente artístico imperaba la crítica y el activismo social del dadaísmo anarquista, representado por George Grosz y Otto Dix, entre otros.

De vuelta en Japón, Murayama comenzó a publicar artículos sobre arte y a exponer sus obras. En mayo de 1923, presentó una serie de cuadros en una muestra que tituló, en japonés y alemán, Pequeñas obras de constructivismo consciente de Maruyama Tomoyoshi. La que aparece en la ilustración siguiente es la única de las que incluyó en esa exhibición que ha llegado hasta nuestros días.

Todas las reproducciones que incluyo en este artículo pertenecen al libro de Gennifer Weisenfeld: Mavo. Japanese artists and the avant-garde, 1905-1931. Berkeley: University of Califorma Press, 2002.

Murayama Tomoyoshi: Dedicado a las hermosas jóvenes, 1922, collage y óleo sobre tela, 93x80 cm. 
Colección particular. Ilustración extraída del libro mencionado.

Ese cuadro de Murayama es una superposición de formas, unas planas y otras con efecto de claroscuro; guarismos de palabras y números, y elementos en collage, como el trozo de tela acolchada con aspecto de L invertida. Su composición tiene poco que ver con el título de la obra, excepto por haberlo rotulado en el lado izquierdo de la tela con unas sorprendentes letras de estilo gótico en sentido vertical.

A partir de ese momento, Murayama elaboró una teoría, que denominó del constructivismo consciente, en la cual repudiaba el realismo al tiempo que proponía un sistema basado en una abstracción no necesariamente antifigurativa. En el fondo, era un rechazo directo del postimpresionismo y del expresionismo.

El nacimiento de Mavo
El bautizo del grupo Mavo se produjo en julio de 1923 cuando se reunieron, además de Maruyama, cuatro artistas adscritos al movimiento futurista (la asociación Mirai-ha): Yanase Masamu (1900-1945), Ogata Kamenosuke (1900-1942), Ōura Shūzō (1890-1928) y Kadomaki Shinrō (1900-1924).

Como los fundadores de Mavo nunca aclararon suficientemente de dónde provenía el nombre que habían otorgado a su asociación, muy pronto aparecieron varias teorías al respecto, algunas incluso basadas en declaraciones del propio Maruyama. Como he dicho ya varias veces en otros artículos, siempre que se da este tipo de casos resulta interesante, e incluso divertido, conocer algunas de esas hipótesis.

Folleto de la primera exposición de MAVO en el templo Denpō-in de Tokio, 1923.
Museo de Arte Contemporáneo de Tokio. 
Ilustración extraída del libro mencionado

La más extendida de esas teorías afirmaba que el vocablo Mavo surgió como resultado de lanzar al aire papeletas en las que se había escrito, en alfabeto romano, cada una de las letras de los nombres de los participantes en aquella reunión del mes de julio de 1923. Sin embargo, a partir de ese punto, vuelven a existir divergencias entre las diferentes hipótesis sobre cómo se eligieron únicamente cuatro de ellas. Unas consideraban que se escogieron las caídas en la mesa donde estaban reunidos. Otras sostenían que se seleccionaron las más cercanas o quizás las más alejadas. Sin embargo, con la aparición de la V en la palabra MaVo se producía una contradicción: esa letra no existe como tal en la transcripción de ningún vocablo japonés.

Ante ese inconveniente, había quien decía que en la reunión fundacional también estaba presente la pintora rusa Varvara Bubnova (1886-1983), una artista que vivió en Japón de 1923 a 1958. Curiosamente, si hubiese sido así, también se habría tenido que hacer la transcripción al alfabeto romano de su nombre, que en cirílico se escribe Bapвáрa, sin ninguna “v”, aunque es cierto que esa “в”, en el idioma eslavo, es una consonante fricativa que suele transcribirse empleando la “v”.

Creo que en este blog ya he dicho bastantes veces que me resulta divertido conocer las elucubraciones que llegan a pergeñarse para intentar demostrar teorías preconcebidas que muchas veces están basadas en simples suposiciones. O ¿es que no es posible que semejantes artistas, iconoclastas como el que más, eligieran el nombre de otra forma aún más aleatoria? Pero volvamos a la pintura.

La primera exposición de Mavo
Casi inmediatamente, la recién nacida Mavo organizó una exhibición en la que se aceptaba a todos los pintores rechazados por la Nika-kai.* Con ello pretendía mostrar su deseo de hacer tabla rasa y enfrentarse no solo a los estilos ya aceptados oficialmente y a las organizaciones institucionales, sino incluso a los movimientos pretendidamente vanguardistas que se apoyaban en reglas establecidas y fijas. El espíritu rupturista de Mavo quedaba patente ya desde esos inicios.

* La Nika-kai, o Grupo de la Sección Segunda, fue una agrupación de pintores fundada en 1914 con el fin de organizar exposiciones de los artistas que habían sido rechazados por los salones e instituciones oficiales.

Muy pocas obras de esa primera muestra de Mavo han llegado hasta nuestros días y de otras solo ha quedado constancia fotográfica. Una de las primeras es la que se muestra en la siguiente ilustración, precisamente un óleo que Murayama había pintado en Europa y que acarreó consigo en su regreso a Japón.


Murayama Tomoyoshi: Retrato de una joven judía, 1922, 
técnica mixta y óleo sobre tela, 40x27 cm.
Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio. 
Ilustración extraída del libro mencionado.

Se trata de una obra muy similar a la que he comentado en primer lugar, Dedicado a las hermosas jóvenes, y que como ella tiene la particularidad de incorporar textos hebreos y jugar con efectos ilusionistas que representan objetos tridimensionales pegados al lienzo a modo de collage.

Otra de las piezas que Murayama expuso en esa muestra, y de la que solo existe constancia gracias a una fotografía, debió resultar para el público de la época verdaderamente inverosímil. Se trataba de la obra que se reproduce en la siguiente ilustración y que superaba el concepto de pintura para convertirse en un cúmulo de “objets trouvés” al estilo de Duchamp.


Murayama Tomoyoshi: Trabajo empleando flor y zapato, 1923, técnica mixta, obra perdida. 
Fotografía del catálogo de la primera exposición Mavo. Ilustración extraída del libro mencionado.

Murayama utilizó una vieja caja de madera que convirtió en un insólito escaparate, en el cual un elegante zapato femenino de tacón y un ramillete de flores con un lazo parecían encontrarse fuera de contexto. Guiándonos por la fotografía de la obra, en el fondo de esa especie de cajón también se vislumbran unas figuras y una caligrafía.

Creo que este artículo ya resulta suficientemente denso, así que propongo seguir hablando de Mavo dentro de dos semanas.