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martes, 21 de octubre de 2014

Arquitectura moderna japonesa: Tange Kenzō, XVII

La arquitectura moderna japonesa: Tange Kenzō, la catedral de Tokio
Tras finalizar la semana pasada la serie de artículos consagrados al complejo olímpico, hoy voy a hablar de una obra de Tange Kenzō también construida durante los mismos años. Me estoy refiriendo a la catedral de Santa María de Tokio, finalizada en 1964.

En ambos proyectos el arquitecto japonés manipuló de forma magistral las formas curvas de sus cubiertas, un rasgo que les otorga una evidente elegancia. En los pabellones olímpicos, Tange se decantó por el perfil que adoptan los cables suspendidos, es decir, el de una catenaria; mientras que en la catedral empleó curvas alabeadas, en concreto paraboloides hiperbólicos.

Qué es un paraboloide hiperbólico
Para los no iniciados me gustaría explicar mínimamente las características de este tipo de superficies de nombre un poco exótico. Las superficies alabeadas tienen la particularidad de que a pesar de que su apariencia es ciertamente espectacular, su construcción resulta muy sencilla, mucho más de lo que pueda parecer.
Paraboloide hiperbólico. Dibujo: Wikimedia Commons,

Los paraboloides hiperbólicos son superficies que se generan mediante líneas rectas. Esa propiedad permite construirlas muy fácilmente en hormigón armado, pues basta con crear su molde (técnicamente denominado encofrado) a base de tablones apoyados en los lados extremos de la superficie que se desea cubrir. En la ilustración de la derecha se aprecian esas líneas generatrices (en color rojo) apoyadas sobre los extremos o directrices. Estas últimas solo tienen que cumplir una condición: deben de estar en planos diferentes.

En la fotografía siguiente del interior de la catedral de Tokio, se aprecian sus paredes construidas con hormigón armado dejado visto, es decir, sin revestir. En su superficie han quedado grabadas las marcas de su encofrado o molde de madera. Los estrechos tablones empleados permitieron crear esa superficie de doble curvatura utilizando solamente listones planos. 

Tange Kenzō: Catedral de Sta. María, 1964, Tokio. Foto: JapanTwo.com.

El proyecto
La antigua catedral neogótica de Tokio había quedado destruida por los bombardeos de 1945 y no fue hasta 1961 cuando el obispado de la capital decidió acometer la construcción de una nueva iglesia. Para ello acordó convocar un concurso restringido entre Tange Kenzō, Maekawa Kunio y Taniguchi Yoshio. En sus bases se hablaba de que el templo debía emplear técnicas y recursos modernos para lograr irradiar un espíritu que enraizase en Japón como lo había hecho la ancestral tradición europea de las catedrales.

La propuesta de Tange logra perfectamente al menos las dos primeras exigencias: modernidad y simbolismo. A partir de la idea de la cruz latina, la única nave de la iglesia tiene una planta de forma romboidal. Sobre ese perfil se levantan las paredes, o quizás debería  decirse la cubierta, dado que tanto interior como exteriormente no resulta claro distinguir si se trata de uno u otro elemento.

Tanto en la ilustración como en la foto aérea siguientes se aprecia la cruz creada con el lucernario de la iglesia y la forma romboidal de la nave cubierta por los paraboloides hiperbólicos, los responsables de esa ambigüedad que acabo de comentar.

Tange Kenzō: Catedral de Sta. María, 1964,
Tokio. Dibujo: GreatBuildings.com.
Foto en Massimo Bettinotti (edit):
Kenzo Tange 1946-1996. 
Architettura e
disegno urbano
. Electa, 1997.




Sin embargo, los espacios anexos a la nave son volúmenes independientes con una estructura ortogonal de pilares y jácenas completamente diferente, tal y como se constata en la ilustración siguiente.

Tange Kenzō: Catedral de Sta. María, 1964, Tokio.
Foto en Alfred Altherr: Three Japanese Architects/Drei japanische Architekten: Maekawa, Tange, Sakakura. Verlag Arthur Niggli, Teufen, 1968, 

La indefinición formal
Uno de los rasgos mejor aprovechados del proyecto de Tange es esa indefinición formal que nos hace creer que la iglesia carece de paredes. Recordemos que comenté algo semejante al hablar de sus pabellones olímpicos. Desde el exterior, las superficies alabeadas parten de la arista más alta del edificio y llegan hasta el suelo. Mientras la inclinación de esos “faldones” impide considerarlos como fachada, su casi verticalidad en otros puntos imposibilita que los interpretemos como cubierta. Esa ambigüedad es producto de la singularidad de los paraboloides hiperbólicos, aunque no siempre los arquitectos han logrado un efecto tan sugerente como Tange en esta obra.

En la ilustración siguiente se aprecia perfectamente lo que estoy comentando: ¿quién se atreve a decir si son paredes o tejados lo que cierra la nave de la iglesia. Muy al principio de su carrera Tange utilizó formas semejantes en su Plan para la bahía de Tokio, que comenté en un artículo anterior.

Tange Kenzō: Catedral de Sta. María, 1964, Tokio. Foto: GreatBuildings.com.

El exterior
Exteriormente, la catedral de Tokio queda definida por los siguientes tres elementos. En primer lugar, el cerramiento de chapa de acero inoxidable. El lector habrá constatado que ni digo cubierta ni digo fachada. Ese es uno de sus rasgos más importantes desde el punto de vista formal.

En segundo lugar, y si nos situamos a una cierta distancia, constatamos que su esbelto campanario, completamente exento y de sesenta metros de altura, equilibra la composición de todo el conjunto, por cuanto se sitúa en el extremo opuesto del punto más alto del lucernario cruciforme, tres de cuyas alas ascienden hacia el cielo de manera muy sugerente. En la fotografía siguiente se comprueba cómo el esbelto campanario supera la altura de la zona más elevada de la cubierta, que se corresponde con la situación del altar principal.

Tange Kenzō: Catedral de Sta. María, 1964, Tokio.
Foto en Massimo Bettinotti (edit): Kenzo Tange 1946-1996.
Architettura e disegno urbano. Electa, 1997.

En tercer lugar, los espacios anexos, que mencioné al comentar la planta, abrazan a los paraboloides hiperbólicos con sus retranqueadas fachadas de piedra. Su función no deja de ser importante, pues hacen más “suave” el arranque del cerramiento de chapa metálica gracias a que se extienden por el terreno con un acabado rugoso que resalta el resplandor del acero inoxidable.

No hay duda que los reflejos de la chapa metálica otorgan a la catedral una ligereza acentuada por la inclinación de las aristas superiores del lucernario cruciforme, el cual tras llegar a los extremos de sus brazos desciende hasta el suelo. La franqueza estructural de Tange le lleva a remarcar la generación de los paraboloides mediante el grecado de la chapa metálica, que desde lejos se transforma en delicadas líneas que rememoran cómo se construyen esas superficies alabeadas. En la fotografía siguiente se aprecia ese discreto dibujo que proyecta el doblado del acero que cubre exteriormente los comentados paraboloides hiperbólicos. 

Tange Kenzō: Catedral de Sta. María, 1964, Tokio. Foto: J. Vives.

En la ilustración siguiente se muestra la cabeza de la nave de la iglesia y cómo el lucernario cruciforme se prolonga hasta el suelo independizando los paraboloides hiperbólicos. La escalinata marca el acceso principal, aunque en realidad la entrada de los fieles suele realizarse por otra lateral a través de los espacios anexos. 

Tange Kenzō: Catedral de Sta. María, 1964, Tokio. Foto: Flickr, usuario: Alessandro Manzo.

En esta otra fotografía se aprecia perfectamente cómo el lucernario en forma de cruz que corona la nave se quiebra elevando sus brazos hacia lo alto. Obsérvese la curva que describe la sombra en uno de los paraboloides hiperbólicos: precisamente una parábola.

Tange Kenzō: Catedral de Sta. María, 1964, Tokio. Foto: WikiArquitectura.

El interior
Pero entremos ya en la catedral de Tokio. La primera sensación que tenemos nada más atravesar la puerta es el cambio lumínico. Tras su deslumbrante presencia exterior bajo el cielo azul, al acceder a su interior constatamos que la luz queda tamizada de manera magistral. Inmediatamente nos acordamos de Tanizaki y sus reflexiones en su libro El elogio de la sombra.

Tange sabe muy bien cómo matizar el exceso de iluminación en el interior de los edificios, porque conoce perfectamente la tradición constructiva de su país. Pienso que la penumbra interior de la catedral de Tokio resulta muy adecuada a su uso, por lo que me parece poco acertado encender focos si no es en momentos específicos. Por ese motivo he elegido la foto siguiente: se realizó sin que estuviera encendida la iluminación artificial. Creo que así el ambiente resulta mucho más adecuado para lo que se supone es una iglesia, un lugar para el recogimiento. 

Tange Kenzō: Catedral de Sta. María, 1964, Tokio. Foto: JapanTwo.com.

La luz exterior se filtra hasta el interior principalmente a través del lucernario y las cristaleras que descienden por las cabezas de lo que sería el transepto y la nave principal. La fotografía siguiente muestra el cruce de los brazos del tragaluz.

Tange Kenzō: Catedral de Sta. María, 1964, Tokio. Foto: JapanTwo.com.

En mi opinión, la condición mencionada en las bases del concurso de que la nueva catedral de Tokio debía intentar crear en Japón una corriente que enlazara con gran tradición europea, se ha cumplido. El interior de la iglesia proyectada por Tange tiene un ambiente que me atrevería a calificar de gótico. Lo digo por la manera cómo filtra la luz y por la textura de sus grises paredes de hormigón sin revestir, un material moderno muy cercano a la piedra.

Comparación
Pero quizás lo que he comentado hasta aquí puede hacer pensar al lector que el mérito de esta obra no se debe tanto a la labor del maestro Tange como a la propia naturaleza de las superficies alabeadas que utiliza. Incluso es posible que piense que basta con elegir un paraboloide hiperbólico para que se produzcan todos esos efectos que he comentado.

Pues para que vea que no es así, me permito presentarle otra catedral también diseñada por un arquitecto de prestigio mundial, pero que, en mi opinión, no le llega ni a la suela del zapato a la iglesia de Tange. Y eso a pesar de haberse construido cuando la obra del japonés ya era conocida en todo el mundo y de que su esquema es muy parecido. Me refiero a la catedral de San Francisco en California proyectada por los renombrados Luigi Nervi y Pietro Belluschi.

Luigi Nervi y Pietro Belluschi: Catedral de Santa 
María de la Asunción en San Francisco,
California, 1971. Foto: Wikimedia Commons.
Luigi Nervi y Pietro Belluschi: Catedral de Santa 
María de la Asunción en San Francisco, 
California, 1971. Foto: Wikimedia Commons.















Creo que sobran las palabras. Ni exterior ni interiormente, la catedral de San Francisco resulta tan sugerente como la de Tokio. Sin duda, el motivo no es otro que la maestría sin par del arquitecto japonés, de tal altura que incluso Nervi queda empequeñecido.

Tange Kenzō: Catedral de Sta. María, 1964, Tokio. Foto: J. Vives.

Para completar este artículo consagrado a la catedral de Tokio proyectada por Tange Kenzō, hoy mismo publico otro artículo con dos cortos vídeoclips. Para verlos, basta con clicar en este enlace.

La semana próxima hablaré de otra obra de Tange, muy diferente pero también singular.