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martes, 7 de julio de 2015

Pintura japonesa: el grabado japonés ukiyo-e, I

La pintura en el periodo Edo, introducción al grabado ukiyo-e
Comienzo hoy una nueva serie dedicada al que, sin lugar a dudas, es el más conocido de todos los tipos de pintura japonesa; aunque seguramente eso ya no sea del todo cierto, pues el ya internacional manga y sus derivados se han convertido en una de las formas de arte popular más difundidas en Japón, como lo fue el ukiyo-e entre 1700 y 1900 aproximadamente. Pero eso del manga es un tema que no voy a tratar en mi blog.

Creo que existen pocas personas que no hayan visto algún grabado japonés con paisajes exóticos, personajes sorprendentes y brillante colorido que les haya sorprendido y al mismo tiempo cautivado. Hoy hablaré del ukiyo-e, es decir de las estampas polícromas japonesas que alcanzaron su máximo esplendor en la primera mitad del siglo XIX, aproximadamente. 

El ukiyo-e fue la primera forma pictórica realmente apreciada y consumida por las clases medias y populares japonesas, esas que durante el periodo Edo (1603-1868) habitaban en las grandes ciudades de Kioto, Osaka y la antigua Tokio. Un estamento social que surgió precisamente en esos años, una época sin conflictos bélicos que propició la aparición de una incipiente burguesía de comerciantes y artesanos, quienes, al mismo tiempo que se iban enriqueciendo poco a poco, exigían formas de entretenimiento diferentes de las ensimismadas artes, léase el teatro y sutilezas literarias semejantes, que entusiasmaban a la aristocracia militar que había dominado el país hasta entonces.

La ilustración siguiente retrata precisamente ese ambiente lúdico, desenfadado y no pocas veces licencioso en el que se movían esas nuevas clases urbanas. En el grabado vemos a unos clientes que salen de una casa de té, de noche, dando tumbos a causa de su embriaguez y apenas soportados por algunas de las mujeres que trabajan en el local de esparcimiento donde han pasado varias horas.

Hiroshige: El restaurante Tagawaya frente al templo de Daion-ji, de la serie Famosas casas de té de Edo, c. 1840.
Foto: Wikimedia Commons.

Sin lugar a dudas, lo más popular del arte pictórico japonés de la época Edo no se encuentra ni en la producción de la escuela Kanō, de la que hablé en varios artículos anteriores, ni siquiera en el espléndido movimiento rinpa, del que también publiqué algunas entradas en este blog, sino en la estampa japonesa.

Desde que los impresionistas franceses descubrieron los grabados polícromos de Hokusai o Hiroshige, entre otros, la composición, cromatismo y frescura de las xilografías niponas no han dejado de maravillar a artistas, críticos y aficionados occidentales, algo que sigue produciéndose hoy día en gran medida.

Como muestra de ello, en la ilustración siguiente se compara el grabado de Hiroshige Flores de ciruelo en Kameido de la serie Cien vistas de lugares famosos de Edo, de 1857 y 26x25 cm, con la copia al óleo que realizó Van Gogh y tituló Japonaiserie, ciruelo en flor, de 55x46 cm, es decir, de casi el doble de tamaño, y que se custodia en el Museo Van Gogh de Amsterdam. Obsérvese que el pintor europeo copió ideogramas japoneses en los laterales de su obra.

Grabado de Hiroshige (izquierda) y copia de Van Gogh. Foto: Wikimedia Commons.

Otros tipos coetáneos de pintura
Aunque durante la época Edo los talleres de los Kanō siguieron manteniendo una actividad más que notable, repitiendo una y mil veces sus temas de animales, flores y plantas para satisfacción de la familia gobernante Tokugawa, su estilo poco podía decir ya a la nueva sociedad de comerciantes y artesanos que estaba naciendo a mediados del siglo XVII en los grandes centros urbanos de Japón.

Por otro lado, aunque el brillante movimiento rinpa también puede considerarse como representativo de una nueva forma de entender la pintura que reflejaba el espíritu del periodo Edo, poco pudo hacer ante la enorme popularización del grabado entre la pujante clase urbana de la época, sin duda favorecida por la posibilidad de editar numerosas copias de cada obra.

Finalmente, si bien es cierto que existieron otros artistas de gran nivel que nunca practicaron el grabado, como Maruyama Ōkyo (1733-1795), Ike no Taiga (1723-1776) o Yosa Buson (1716-1783), de los que aún no he hablado en este blog, sus respectivas producciones nunca pudieron competir con la difusión de estampas que se imprimían en tiradas que rápidamente se agotaban a poco que tuvieran un mínimo éxito.

El declive de la escuela Kanō
Durante el siglo XVII, la escuela Kanō seguía manteniendo una actividad más que notable. Sin embargo, aunque Kanō Tan-yū (1602-1674), nieto del gran Eitoku, recibía importantes encargos para decorar los grandes castillos de Osaka, Nagoya, Edo y Nijō, tras su muerte, las obras que surgían de los talleres Kanō parecía estancadas en un estilo que ya no se podía considerar representativo de la época Edo, como sí lo eran la escuela rinpa, nacida a principios del XVII, y sobre todo el innovador ukiyo-e, cuya brillante eclosión creativa se produjo en la siguiente centuria. 

Kanō Tan-yū: Bambú y ciruelo en la nieve, 1634, tinta y oro sobre papel, 191x135 cm cada fusuma
Castillo de Nagoya. Foto: Wikimedia Commons.

En el panel de la derecha de la ilustración anterior, se observa como unas cañas de bambú apenas son visibles entre la nieve. Las retorcidas ramas de un viejo ciruelo, una vez más, se extienden horizontalmente quebrándose para sortear un par de tiradores de las puertas. Gran parte de la superficie de las cuatro mamparas queda vacía y cubierta por una nebulosa que difumina el fondo dorado. Un ave que parece haber saltado desde la rama del árbol vuela para escaparse del encuadre. Mientras, en el extremo derecho, apenas se distingue un nido con polluelos a donde se dirige un diminuto pájaro.

Como supongo habrá detectado el avieso lector, mi descripción del párrafo anterior es muy parecida a las que he realizado de otras obras en artículos precedentes. Es así porque el enfoque y composición de ese biombo, a pesar de su innegable maestría técnica, repetía por enésima vez unos planteamientos que el abuelo de Tan-yū ya había aplicado en las puertas del templo Jukō-in cuando solo tenía 24 años, siete décadas antes. Es decir, bien entrado el siglo XVII, los Kanō ya no aportaban innovaciones al panorama pictórico japonés. Esa labor la llevaron a cabo otros artistas.

Qué es el ukiyo-e
La técnica de impresión de textos o dibujos sobre papel, mediante planchas de madera previamente talladas, se introdujo en Japón desde China en el siglo VI. En un principio, ese método se empleaba para la publicación de libros budistas, fuesen ilustrados o no, y no fue hasta el XVI cuando aparecieron las primeras estampas independientes de escenas cotidianas.

Los grabados japoneses se conocen genéricamente como ukiyo-e, un vocablo que convendría matizar. Para ser precisos, en Japón, la xilografía se denomina han-ga, es decir, “plancha de madera” (han) y “pintura” (ga).

El nombre de ukiyo-e apareció en un momento determinado para definir un tipo concreto de pintura, no necesariamente un grabado, cuyo tema se refería a los ambientes relacionados con las diversiones que ofrecía la gran ciudad de Edo a la nueva clase urbana. De ahí proviene su nombre: uki, “fugaz” o “pasajero”; yo, “mundo”, y e, “pintura”.

La traducción que internacionalmente se ha dado a ese término, es muy acertada y evocadora: “imágenes del mundo flotante”. Es decir, ilustraciones de los ambientes repletos de los evanescentes placeres que ofrecía la gran ciudad de Edo, la antigua Tokio, a sus habitantes.

Por esos años, las refinadas y preciosistas artes tradicionales no resultaban nada estimulantes para un público ávido de entretenimientos más espectaculares y hedonistas. Una de las diversiones que más éxito y popularidad alcanzó en esa época fue el teatro kabuki, y en consecuencia sus obras y actores fueron plasmados innumerables veces en grabados de la época. El lector interesado en esa forma teatral puede ver mi serie dedicada al teatro kabuki.

En puridad, no se debería aplicar el término ukiyo-e a cualquier tipo de grabado, sino únicamente a los que representen escenas en entornos relacionados con el entretenimiento durante el periodo Edo. Es decir, de ambientes en los que se movían elegantes mujeres, actores, luchadores de sumō y poco más. Por el mismo motivo, ciertas pinturas en biombos o sobre seda pueden considerarse como obras de estilo o tema ukiyo-e. Más adelante comentaré algunas de ellas. Sin embargo, dado que está muy extendido considerar que ukiyo-e es todo grabado japonés creado en ese periodo, no voy a ser yo quien niegue ese “pedigrí” a xilografías de pájaros, plantas, paisajes, guerreros o leyendas que crearon casi todos los artistas.

Así pues, bienvenido sea el nombre de ukiyo-e para que todo el mundo interprete inmediatamente que estamos hablando de xilografías polícromas japonesas, creadas entre los siglos XVII y XIX, aproximadamente; aunque también se denominan así muchos grabados creados en el siglo XX.

Utagawa Kunisada I: Madre y niño, c. 1844, xilografía, 36x23 cm.
Museo de Brooklyn. Foto: Wikimedia Commons.

Creo que la sesión de hoy ya es suficientemente larga. La semana próxima continuaré esta serie hablando de los inicios del ukiyo-e. Hasta entonces.

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