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martes, 21 de julio de 2015

Pintura japonesa: el grabado japonés ukiyo-e, III

La pintura en el periodo Edo, los pioneros del grabado ukiyo-e, I
Enlazando con el artículo de la semana anterior, hoy comentaré someramente la obra de dos de los considerados pioneros del grabado polícromo japonés.

Hishikawa Moronobu
Después del cambio de opinión respecto a quién pudo haber sido el primero en mostrar el mundo flotante en la pintura japonesa, hoy día las apuestas de los especialistas parece que se decantan por Hishikawa Moronobu (1618-1694), un artista que como otros muchos también pasó por los talleres de los Kanō y los Tosa.

Ciertamente, hay motivos para considerar a Moronobu como un verdadero precursor del ukiyo-e. Uno de ellos es la utilización de temas relacionados con el universo del teatro kabuki, por esos años, en la segunda mitad del siglo XVII, ya en plena expansión popular.

En muchas de sus obras, aunque no fueran grabados, Moronobu  reflejaba el ambiente de las representaciones teatrales mostrando no solo a los actores y músicos, sino también al público con sus diferentes maneras de asistir a las funciones. Eso es lo que vemos en la ilustración siguiente.

Hishikawa Moronobu: Escenas del teatro Nakamura, finales s. XVII, tinta, color y oro sobre papel, 
158x384 cm. Museo de Bellas Artes de Boston. Foto: Wikimedia Commons.

Pero lo realmente innovador fue la idea que tuvo el artista japonés, conocedor del éxito que alcanzaban los libros ilustrados, de extraer las láminas que se incluían en ellos para venderlas independientemente. De esa manera, por un lado, las estampas servían para promocionar a los actores y, por otro, satisfacían el afán de los aficionados por coleccionar retratos de sus comediantes preferidos. Algo muy parecido a lo que ocurre hoy día con las estrellas del celuloide y los desplegables de ciertas publicaciones.

Conocedor de la organización de los talleres de los Kanō y Tosa, Moronobu también formó a una serie de discípulos para que pudieran crear en serie estampas de color. De esa manera se podían vender a precios módicos a unas clases populares ávidas de nuevos entretenimientos.

Hishikawa Moronobu: Joven pareja, 1673-81, xilografía coloreada a mano, 30x37 cm. 
Foto: Wikimedia Commons.

La obra de Moronobu empezó a ser conocida a partir de la década de los setenta del siglo XVII, cuando inició la publicación de grabados monocromos que una vez impresos se coloreaban a mano, generalmente con tonos anaranjados. Ese es el caso de la ilustración anterior.

Hishikawa Moronobu: Joven mirando atrás
c. 1690, tinta y color sobre seda, 63x31 cm. 
Museo de Arte Azabu, Tokio. Foto: Wikimedia Commons.
En la reproducción de la izquierda se reproduce una obra original sobre seda con un formato vertical tipo kakemono, es decir, no se trata de un grabado. En ella, una joven ataviada a la moda se nos presenta de espaldas para poder contemplar su magnífico obi (el amplio cinto de color verdoso). Su cuerpo se curva ligeramente hacia la derecha para equilibrar el espacio vacío de ese lado y su cara contrasta con la negra cabellera y se recorta sobre el neutro fondo. El perfil ondulado de la figura plasma un movimiento sutilmente sensual y, por una vez, su cadera se marca bajo el mullido kimono. No vemos ninguna sombra, la mujer se encuentra en un mundo plano, bidimensional. Si bien esta obra no es un grabado, su tema y la forma de tratarlo deben mucho a las maneras del ukiyo-e

Tras la desaparición de Moronobu, el siguiente paso hacia la maduración del espíritu del ukiyo-e lo dieron Torii Kiyonobu y Kaigetsudō Ando. De este último hablaré la semana próxima.

Torii Kiyonobu
Torii Kiyonobu (1664-1729) era hijo de un actor de kabuki que ya desde muy joven empezó a crear carteles para los teatros. Con él se inició la moda de los retratos de actores famosos actuando en los papeles que más fama les otorgaban. Hasta ese momento, lo más frecuente era representar el ambiente que rodeaba a las funciones donde actores, músicos, público y vendedores de todo tipo servían al pintor para crear obras casi corales en las que se veían reflejadas las costumbres y formas de comportamiento de cada grupo social.

Kiyonobu junto con su padre Kiyomoto (1645-1702) fueron los fundadores de la escuela Torii, muy centrada en retratos y pinturas del mundo del kabuki. Dentro de unas semanas hablaré de otro artista de esta escuela, Torii Kiyonaga (1752-1815).

Con Kiyonobu, los actores se convirtieron en lo únicos protagonistas de las estampas. Enfundados en las vestimentas de personajes de obras famosas resultaban inconfundibles a la vez que se hacían cada vez más célebres. Ahí radicó la innovación de Torii Kiyonobu en las “pinturas de actores”, las denominadas yakusha-e, verdadero paradigma del mundo del espectáculo en el periodo Edo, un sorprendente precedente del universo hollywoodense que aparecerá 300 años más tarde en Occidente.

Torii Kiyonobu: Los actores Yamanaka Heikurō
y Ichikawa Danjurō II
, 1714, xilografía, 15x30 cm.
Foto: Wikimedia Commons. 

En la ilustración anterior se muestra a dos de los más famosos actores de la época, Yamanaka Heikurō en la parte superior y Ichikawa Danjurō II en la inferior, encarnando respectivamente al villano y héroe de una obra de kabuki. La cara del primero está maquillada de color azul, una convención de esa forma teatral para indicar la maldad de un personaje. El segundo, aparece con todo su cuerpo de color rojo, un símbolo de su energía y poder para vencer a su oponente. En su kimono, con las mangas bajadas para facilitar los movimientos en la lucha, destaca claramente el emblema negro de la estirpe de los actores Ichikawa, de cuyo último representante ofrecí hace meses en este blog su actuación en una obra de kabuki

Torii Kiyonobu: Los actores Hayakawa Hatsuke 
y Nakamura Shichisaburō1702, xilografía, 33x16 cm. 
Foto: Wikimedia Commons.
En la última reproducción de este artículo, vemos un grabado de Kiyonobu en el que se muestra a dos de los más famosos actores de la época, Nakamura a la izquierda y Hayakawa a la derecha, como rezan las caligrafías, encarnando a una pareja de enamorados en una escena de kabuki.

El contraste entre el negro y el amarillo de los vestidos, con sus enormes diseños, muy a la moda de la época, resulta hoy de una chocante modernidad. En el kimono de Nakamura se aprecia el emblema de su estirpe, dos cuadrados que se solapan parcialmente, uno blanco y otro negro.

Para no hacer demasiado largo este artículo, he decidido dejar para la semana próxima el hablar de otros dos artistas pioneros del ukiyo-e; el primero de ellos será Kaigetsudō Ando, como he prometido.

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