SERIES

martes, 25 de junio de 2013

El jardín japonés: jardines del paraíso, II

El jardín japonés del Byōdō-in
Después de la extensa introducción que hice en el anterior artículo sobre la evolución del jardín japonés desde las villas aristocráticas hasta los denominados jardines budistas del paraíso, toca ya comentar ejemplos concretos: hoy hablaré del Byōdō-in.

A principios del siglo XI, Fujiwara no Michinaga (966-1028) construyó una villa en las afueras de Kioto que más tarde su hijo remodeló añadiendo un pabellón con una estatua de Amida. Del conjunto original solo ha llegado hasta nuestros días el conocido como Salón del Fénix.

El Salón del Fénix todavía mantiene rasgos claramente chinos, pero su transparencia y relación con el estanque deben mucho a los jardines y villas heian que vimos en los artículos del 17 y 29 de mayo (para ver el del 17 de mayo clicar aquí y aquí para el de 29 de mayo). En concreto, los pasillos cubiertos que se quiebran en sus extremos para aproximarse a la orilla se asemejan a los quioscos de pesca de las mansiones aristocráticas de la época.

El Salón del Fénix, 1052. Byōdō-in, Uji. Foto del folleto del templo, 2001.

La foto anterior se ha realizado desde la orilla este, es decir, mirando hacia el oeste, donde se supone se encuentra el Paraíso Occidental de la Tierra Pura. El reflejo del edificio en el agua lo hace todavía más etéreo e irreal.

Pero centrémonos en su jardín. La playa de cantos rodados del estanque recuerda la que vimos en la reconstrucción del jardín del palacio imperial de Nara (comentado en mi artículo del 17 de mayo,  (verlo aquí). En ella solo se han situado una linterna y unas pocas rocas planas, aunque no hace muchos años tenía otra configuración como se aprecia en las siguientes fotografías. 

El Salón del Fénix en 1979. Foto: J. Vives.
El Salón del Fénix en 2004. Foto: J. Vives.

En la pareja de fotos anteriores se comprueba la reforma que se llevó a cabo en el estanque a finales del año 1999, devolviendo al jardín su aspecto original. Después de realizar excavaciones y las consiguientes investigaciones, se llegó a la conclusión de que en el periodo Heian la orilla del estanque no estaba bordeada con las pequeñas rocas ni la faja de hierba que se aprecian en la foto de la izquierda, del año 1979. Las dos masas de arbustos y el alto pino del fondo tampoco se consideraron que existían inicialmente. La fotografía de la derecha es de 2004.

Playa del Salón del Fénix, Byōdō-in, Uji. 
Foto del folleto del templo, 2001.
En la foto de la izquierda comprobamos que los gruesos cantos rodados y las piedras “tumbadas” recuerdan a los jardines imperiales de Nara, como el comentado el día 17 de mayo, mientras que la uniforme superficie de gravilla tiene sus precedentes en los recintos budistas como el de Hōryū-ji del siglo VIII, del que todavía no he hablado.

Hay que hacer notar que su abstracción formal y la voluntaria ausencia de vegetación se alejan de los patrones de los jardines de las villas shinden que comenté el 17 de mayo (perdón por repetirme). Lo que en las mansiones aristocráticas era imitación de la naturaleza y densidad vegetal, se rechazó en el Byōdō-in en aras del mensaje budista. Al menos eso es lo que parece haberse deducido tras las excavaciones e investigaciones realizadas en 1999.

Como veremos en los próximos artículos, las rocas y gravilla, serán elementos fundamentales en casi todos los jardines japoneses, con excepción de los que rodeen a las casas de té. Pero no debo adelantarme, ya veremos en su momento qué son los jardines de té.

Pero la alegoría paradisíaca en el Byōdō-in no se detiene en el jardín, sino que también se ofrece de forma más directa y evidente en el interior del pabellón. En él, de nuevo, se recreó una idílica visión del paraíso budista de la Tierra Pura mediante la pintura y escultura.

Allí, sobre los paños blancos de la zona alta de las paredes, tallas de arcangélicos budas tañendo instrumentos entre las nubes, acompañan a la gran imagen dorada de Amida de más de tres metros de alto. La parte inferior de los muros laterales y puertas están decorados con pinturas que pretenden evocar el paraíso budista, aunque se parecen mucho a los paisajes vecinos.

Interior del Salón del Fénix, 1052, Byōdō-in, Uji. 
Foto: Visions of the Pure land: The Treasures of Byodo-in TempleAsahi Shinbun, 2000.

El hoy apacible interior del Salón de Fénix era originariamente un espacio de brillante policromía. Su artesonado competía con la áurea imagen de Amida y el radiante revestimiento de oro de los ángeles músicos (bosatsu). Pilares, cartelas, vigas y paredes estaban cubiertas de diseños florales y arabescos multicolores, y sobre las columnas de fondo esmeralda danzaban celestiales figuras rodeadas por flores del paraíso. Para completar la brillante ambientación, las pinturas de las puertas, hoy veladas por los siglos, mostraban paisajes idílicos de verdes montañas y valles.

Foto del folleto del templo, 2001.
Foto: J. Vives






















Pero lo que me interesa remarcar aquí es que la visión del jardín como parábola del paraíso budista adquiere su mayor nivel de sugestión cuando al anochecer vislumbramos la imagen de Amida a través de la celosía.

En la foto de la izquierda se aprecia, a través de un enrejado, la cara de la estatua de Amida situada en el interior del pabellón. Obsérvese como se ha practicado una abertura en su retícula para poder distinguirla mejor desde la orilla opuesta del estanque. La fotografía de la derecha ofrece una casi irreal visión del misericordioso Amida reflejado en las tranquilas aguas.

La semana próxima acabaré esta serie dedicada a los jardines del paraíso hablando de Jōruri-ji.