SERIES

martes, 14 de abril de 2015

Teatro japonés: la obra de nō "Kantan", IV

La representación de Kantan, II
Tras el preludio musical de la semana pasada, hoy veremos ya la actuación de uno de los personajes de la obra de teatro nō, titulada Kantan, que iremos viendo en los próximos artículos. Me refiero a la dueña de la posada donde pernoctará el protagonista de Kantan. En el teatro todos los papeles son encarnados por actores masculinos, aunque existen compañías de aficionados que son mixtas y otras formadas únicamente por mujeres.

El representar un personaje femenino no solo “a cara descubierta”, como en este caso, sino con una tesitura de voz claramente varonil nos puede resultar chocante, pero es uno de los rasgos del teatro que contribuyen a reforzar el ambiente irreal y poético de sus obras. Si bien en el kabuki, una forma escénica que nació dos siglos más tarde que el , los actores que encarnan papeles femeninos hablan con falsete y sus movimientos idealizan los femeninos, no ocurre lo mismo en el .

Un maduro actor sexagenario de voz ronca puede interpretar a una joven princesa o campesina con tal maestría que con solo una abstracta y mínima gestualidad nos transporta a un mundo mágico en el que solo existen las emociones. Aunque la majestuosidad y riqueza del vestuario nos pueda hacer creer en un principio que estamos asistiendo a un espectáculo donde lo visual es lo fundamental, no es así. Precisamente, es gracias a ese contraste entre exuberancia formal y contención expresiva como se alcanzan las más altas cotas en un simbolismo poético único: el que nace en un escenario de teatro .

La poesía del  nos habla siempre del más allá, y en la obra Kantan, de un sueño revelador que hace entender a un joven que todo en este mundo es fugaz. Pero eso lo iremos descubriendo poco a poco, sin prisas.

Hoy veremos una posadera de presencia casi aristocrática, encarnada por un joven artista perteneciente a una reconocida estirpe de actores de kyōgen. El kyōgen es una forma teatral de piezas cortas, de unos veinte minutos de duración, que se representan como entreactos cómicos entre dos obras de . Confío que en algún momento podré dedicarle una serie como esta.

Por cierto, fíjense, o fijaros, en la impostación de la voz del actor que encarna  a la posadera. Su nombre es Nomura Mansai, un brillante artista, polifacético, gran divulgador del teatro japonés clásico y al que se le ha visto también en la escena moderna en papeles como Hamlet o Edipo. La ilustración siguiente es del cartel que anuncia la obra Edipo rey protagonizada por el actor japonés.

Nomura Mansai como Edipo en el Bunkamura de Tokio en 2011.

A los 19 años, Mansai  intervino en la película Ran de Kurokawa interpretando a Tsusumaru, un joven paje o escudero del patriarca del clan Ichimonji. La ilustración siguiente muestra un momento de esa soberbia película en el que aparece el joven Nomura.

Nomura Mansai como Tsuzumaru en Ran de Kurosawa, 1985.

Por cierto, ya dije  en un artículo anterior que si se compara mi traducción (y todas) con lo que recita el actor, se apreciará que su alocución es mucho más larga. Ese efecto se produce primero por lo florido del lenguaje empleado en el texto original de la obra, que ya he comentado es de léxico, estructura y sintaxis antiguas, y luego por el ritmo que los actores de imprimen a sus recitados, basado en células de cinco y siete sílabas, algo imposible de trasladar sistemáticamente a otro idioma.

Veamos ya la salida a escena de la posadera de Kantan. La primera parte de su monólogo dura más de dos minutos, un ejemplo de que el tiempo en el teatro se alarga hasta límites inverosímiles en Occidente. Si estamos dispuestos a entrar en otro mundo, vamos ahí.

Clip 02: entrada de la posadera, duración 4 minutos

En el escenario hay una tarima que primeramente será una cama y más tarde, durante el sueño del protagonista, representará un palacio imperial. En otros montajes más “clásicos” unos ayudantes de escena, a la vista del público, colocan esa tarima en su sitio.

Entra la posadera llevando una almohada china.

Posadera:
Tienen antes ustedes a una posadera de esta ciudad, Kantan. Mi nombre es Ryōsen. Hace ya mucho tiempo que doy alojo a los viajeros que pasan por aquí. Cierto día, ofrecí aposento a un caminante que era monje de una orden que practicaba las artes mágicas y en concreto las de los seres inmortales. Al irse, me entregó una almohada que tenía, según él, poderes mágicos. Quien duerma sobre ella, me dijo, en un momento verá el pasado y el futuro, y así despertará iluminado. Yo la llamo la almohada de Kantan y la ofrezco a todos los que se alojan en mi posada. (Alargando la última sílaba y subiendo el tono de voz.)

Se dirige hacia la tarima, deja la almohada en la cama y se vuelve a situar donde estaba.

Posadera:
Escuchad, si viniese hoy algún peregrino, decídmelo, por favor, decídmelo para que le reciba.

Se retira a su sitio en la hashigakari (la pasarela por donde entró en escena).



Con esto doy por finalizada la sesión de hoy. Creo que es mucho mejor no “atiborrarnos” de este tipo de manjares, que reconozco son muy diferentes de los que normalmente paladeamos por estos lares. La semana próxima seguiros viendo la función.

Comparte este artículo con tus amigos en Twitter, Facebook o Google+. Gracias.