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domingo, 9 de agosto de 2015

Hoy se cumplen setenta años de la explosión de la bomba atómica de Nagasaki

Nagasaki, guerra y arte 
Hace solo tres días publiqué un artículo sobre la bomba atómica de Hiroshima con motivo de celebrarse el septuagésimo aniversario, macabra celebración, de su lanzamiento. Hoy, de nuevo, no puedo dejar de recordar otra fecha igual de terrible: el 9 de agosto de 1945 a las 11.01 de la mañana, hace exactamente setenta años, se lanzó una segunda bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki.

Explosión de la bomba atómica de Nagasaki, 9 de agosto de 1945. Foto: Wikimedia Commons.

En Nagasaki se volvieron a repetir los acontecimientos que se habían producido en Hiroshima apenas setenta y cinco horas antes. En ese momento, las noticias de lo ocurrido allí todavía eran muy confusas. De nuevo me permito recomendar la lectura de un libro tan testimonial como el que aconsejé hace tres días. Es este: Masuji Ibuse: Lluvia negra. Barcelona: Libros el Asteroide, 2007, (1ª. ed. japonesa, 1969). O si se prefiere, se puede ver la película basada en esa novela y con su mismo título, Lluvia negra, de Shoei Imamura, estrenada en 1989.

Nagasaki tras la explosión nuclear el 24 de septiembre de 1945. Foto: Wikimedia Commons.

También como en el anterior artículo, voy a presentar tres obras relacionadas, en este caso, con la durísima posguerra que padeció Japón.

Fukuzawa Ichirō (1898-1992)
Fukuzawa Ichirō viajó a Francia en 1924, donde conoció a Chirico y Ernst, y regresó a Japón en 1930. Al año siguiente realizó su primera exposición, provocando gran sorpresa con sus obras surrealistas, un estilo que caló en muchos artistas de la época. Fukuzawa intentó reagrupar los movimientos de vanguardia con la ayuda de Takiguchi Shūzō (1903-1979), un escritor y poeta muy relacionado en el mundo de las artes plásticas que escribió la primera monografía mundial sobre Joan Miró.  

Sin embargo, en 1941, poco antes de la declaración de guerra contra Estados Unidos, Fukuzawa fue detenido y encarcelado durante siete meses. Cuando quedó en libertad, su opinión sobre el surrealismo había cambiado. Creía que ese estilo resultaba demasiado ambiguo y oscuro, por lo que intentó convencer a sus colegas de que sus mensajes debían de ser directos y claros, para que reflejaran la dura realidad que estaba atravesando su país.

La fotografía siguiente es de una obra de posguerra. Han pasado ya tres años desde el final de la contienda, pero la huella de la conflagración y sus calamidades no ha desaparecido. Vemos unas figuras ya vencidas, otras están a punto de darlo todo por perdido, solo unas pocas intentan salir de ese amasijo humano. La pesadez de los cuerpos desnudos hace difícil contemplar durante mucho rato este cuadro, sin embargo, distanciémonos un poco y fijémonos en esa rodilla que se recorta sobre el cielo azul en la zona superior izquierda. A mí me recuerda las piernas en muchos cuadros surrealistas de Dalí, un artista que sin duda conocía Fukuzawa.

Fukuzawa Ichirō: Grupo de figuras vencidas en la guerra, 1948. Óleo, 194x259 cm.
Museo de Arte Moderno de Gunma. 
Foto en Fukunaga Osamu (ed): Japanese Art in the 20th Century. Tokio: Museum of Contemporary Art, 2000. 

Kitawaki Noboru (1901-1951)
Kitawaki Noboru, no pudo viajar a Europa y siempre estuvo ligado al ambiente artístico de Kioto. Si bien en sus inicios experimentó con el surrealismo, más tarde se decantó por una forma de constructivismo basado en esotéricas tradiciones combinatorias chinas.

La obra de la reproducción siguiente es una desencantada pieza de posguerra en la que domina el vacío. Una gigantesca y enigmática concha y un pequeño ramo de flores parecen ser el punto de partida de un hombre con un sencillo hatillo y un libro bajo el brazo. En el fondo, una procesión y una ciudad bajo la lluvia. ¿Adónde vas?

Kitawaki Noboru: Quo vadis, 1949. Óleo sobre tela, 91x117 cm. Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio. 
Foto en Fukunaga Osamu (ed): Japanese Art in the 20th Century. Tokio: Museum of Contemporary Art, 2000.

Yamashita Kikuji (1919-1986)
Yamashita Kikuji estuvo en el frente de China de 1939 a 1942, una experiencia que le provocó una angustia opresiva que intentó conjurar con su compromiso político. Una de sus primeras obras fue la que aparece en la ilustración siguiente, Tótems. Cada uno de los elementos de la composición del cuadro ofrece las claves de la situación que respiraba Japón en esa época. El avión refleja la presencia norteamericana en el país; los faros recuerdan el permanente estado de alerta; las caras desfiguradas son de los testigos de las explosiones atómicas; la presencia femenina se adapta a todo tipo de situaciones. Un surrealismo quizás algo difícil de descifrar, pero tan impactante como el resto de obras que hemos visto estos días.

Yamashita Kikuji: Tótems, 1951. Óleo sobre papel, 73x117 cm. Galería Nipon de Tokio. Foto en Reconstructions: Avant-Garde Art in Japan 1945-1965. Catálogo del Museum of Modern Art Oxford, 1965.

Como complemento de los dos artículos que he consagrado al arte surgido como consecuencia de la guerra en Japón, recomiendo encarecidamente acceder a este otro que publico hoy mismo. En él aparece Robert Oppenheimer, el máximo responsable científico de la fabricación de la bomba atómica, en una entrevista televisiva del año 1965, dos años antes de su muerte.

Para los interesados en conocer un poco más de la historia de la construcción de la bomba atómica, recomiendo el libro que reseño en este artículo de mi blog. Los interesados en adquirirlo pueden hacerlo completamente gratis entrando en este enlace www.lasbombasatomicas.com, desde el que accederán a su formato digital.

El martes próximo reanudaré la serie que estoy publicando sobre el grabado japonés de actores de kabuki y mujeres hermosas, será mucho más agradable.