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martes, 6 de octubre de 2015

Pintura moderna japonesa: la pintura yōga del periodo Meiji, II

La pintura japonesa de estilo occidental en el periodo Meiji, los precursores 
Tras el preámbulo del anterior artículo, hoy voy a presentar a dos pioneros de la introducción en Japón de las técnicas occidentales de pintura.

Un precursor del periodo Edo, Shiba Kōkan (1747-1818)
La enorme revolución que experimentó la pintura japonesa a finales del siglo XIX debió mucho a la labor de artistas como Shiba Kōkan, quien, después de pasar seis años en los talleres de los Kanō, comenzó a interesarse por la técnica de los cuadros al óleo que los holandeses de Nagasaki traían en sus barcos. Shiba fue pionero en la técnica del grabado en cobre en su país y autor del primer tratado japonés sobre arte europeo.

Shiba Kōkan: Santuario de Mimeguri desde el río Sumida, 1783, grabado en cobre, 26x39 cm.
 Biblioteca Nacional de la Dieta,Tokio. Foto: Wikimedia Commons.

La ilustración anterior es del primer grabado en cobre realizado en Japón por un artista nipón. En él se aprecia en hábil empleo por parte de Shiba de la perspectiva geométrica, una técnica que muy pocos colegas suyos conocían por esos años.

En la fotografía siguiente se muestra una pintura de Shiba en formato de kakemono, es decir, para colgar al modo clásico en el interior de una estancia tradicional japonesa. Resulta interesante observar que el artista utilizó el óleo sobre un soporte genuinamente oriental como la seda, en vez de sobre una tela como las que se empleaban en Europa. Con toda probabilidad, el motivo debió ser la imposibilidad de conseguir un lienzo en Japón.

Shiba Kōkan: Paisaje europeo con personas, c. 1790, 
óleo sobre seda, 115x56 cm.
 Museo de la ciudad de Kōbe. Foto: Wikimedia Commons.

Desde el punto de vista compositivo, en esta obra, destaca la original representación de un cielo con nubes, algo inencontrable en el arte japonés de la época. Cuando hablé de la pintura de los periodos Muromachi y Momoyama, vimos que apenas existían en ella firmamentos azules ni nubes blancas, sino solo una difusa bruma neutra o una abstracta superficie dorada que ocultaban gran parte del paisaje y montañas lejanas. Y lo mismo sucedía en los grabados ukiyo-e, en los que tampoco era frecuente dibujar cielos con nubes.

Shiba Kōkan: Asukayama, c. 1790, óleo sobre seda, 32x69 cm. Museo de Arte de Koriyama.
Foto: Wikimedia Commons.

Takahashi Yuichi (1828-1894)
Uno de los primeros artistas japoneses que realizó cuadros de estilo occidental en Japón fue Takahashi Yuichi, quien ya a finales del periodo Edo había comenzado a pintar al óleo. Su interés por el arte europeo nació con las investigaciones que realizaba en su trabajo en el Instituto de Investigación de Documentos Extranjeros y, sobre todo, a través de sus contactos con dos artistas europeos llegados a Japón en el periodo Meiji: Charles Wirgman (1835-1891), pintor y corresponsal de prensa inglés que residía en Yokohama, y el italiano Antonio Fontanesi (1818-1882), invitado por el gobierno nipón para dar clases de pintura en la Escuela Técnica de Bellas Artes. Aunque Takahashi nunca pudo viajar a Europa, abrió su propia academia desde donde propagó su interés por el arte occidental.

Una de las características de las pinturas de Takahashi era la elección de temas exclusivamente japoneses a pesar de emplear técnicas occidentales. En sus cuadros no aparecían objetos o ambientes foráneos, sino únicamente elementos muy cotidianos para un japonés, y siempre en escenarios intemporalmente nipones. Eso sí, todo plasmado con la técnica y los medios occidentales. Un ejemplo de ello lo vemos en la fotografía siguiente.

Takahashi Yuichi: Armadura, 1877, óleo sobre tela, 113x164 cm. Yūshūkan, Santuario de Yasukuni, Tokio. 
Foto: Wikimedia Commons.

La factura de los óleos de Takahashi no era excepcional y su técnica, aprendida sin poder acceder a las fuentes originales, resultaba irregular, especialmente en su primera época; lo que no impedía que sus compatriotas consideraran que de sus cuadros emanaba un fuerte realismo. Sin embargo, a pesar de esas limitaciones, hoy contemplamos su producción con interés y, sobre todo, con una sincera admiración por lo que supuso de esfuerzo titánico. 

Takahashi Yuichi: Tōfu, 1877, óleo sobre tela, 43x30 cm. Museo de Kotohira. 
Foto: Wikimedia Commons.

Takahashi intentó recuperar en solo unos pocos decenios el tiempo perdido por el arte pictórico japonés respecto al europeo. Entiéndase esta última afirmación solo en el sentido del aprendizaje de ciertas técnicas desconocidas en Japón hasta entonces, pero no en lo que se refiere a la calidad artística de la pintura clásica nipona. Sin duda, su labor fue encomiable, y más teniendo en cuenta los escasos medios y la magra información directa que tuvo a su disposición. 

Takahashi Yuichi: Salmón, 1887, óleo sobre papel, 134x46 cm. 
Museo de la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio. 
Foto: Wikimedia Commons.

En los tres óleos de Takahashi que he incluido aquí, creo que puede observarse la evolución de su técnica desde los dos primeros hasta el último, titulado Salmón, una de sus mejores obras.  

Dentro de quince días presentaré a otro de los pioneros de la pintura de estilo occidental de finales del siglo XIX.