Los primeros pasos
del teatro underground japonés
En el anterior artículo hice
una pequeña introducción sobre la situación social y el nacimiento del
movimiento underground durante la década de los sesenta en Japón, unos años en los que todo el planeta se vio
sacudido por lo que, a raíz de los acontecimientos de 1968, se llamó
contracultura. Tras ello, creo que ya debería entrar en materia y hablar de
teatro más en concreto. Así pues, a partir de hoy, iré presentando brevemente
la actividad de las compañías teatrales que nacieron en esa época como oposición
al realista shingeki que comenté en otras entregas de esta serie.
El primer paso del shingeki
al post-shingeki o movimientos
del angura, lo dio la compañía del Seinen
Geijutsu Gekijō (Joven Teatro Artístico), frecuentemente conocida simplemente
como Seigei y creada en 1959 por antiguos integrantes de la Mingei.
Fukuda Yoshiyuki (1931-) fue su primer escritor residente y
su obra de 1964 titulada Hakamadare wa
doko da, traducido como Encontrad a Hakamadare,
una de las más conocidas. En ella se relata la búsqueda por parte de un grupo
de campesinos de un héroe legendario que les sirva de guía. Cuando creen haberlo
encontrado, descubren que no es más que un farsante oportunista, por lo que
deciden matarlo y organizar su propia forma de gobierno.
Si bien la obra inicial de Fukuda evolucionó desde un
socialismo realista hacia formas más vanguardistas, nunca fue considerado como
un verdadero innovador por los integrantes del movimiento angura o underground. Esa labor se la arrogaron artistas iconoclastas como
Terayama Shūji.
Terayama Shūji.
Foto de fuente desconocida. |
La compañía del Tenjō Sajiki fue uno de los grupos teatrales
más radicales de los años sesenta. La fundó en 1967 Terayama Shūji, escritor,
poeta y director profundamente atraído por el surrealismo europeo. Dalí,
Buñuel, Artaud e incluso Fellini fueron algunos de sus referentes.
El nombre de su compañía se lo inspiró a Terayama la
película de Marcel Carné Les enfants du
Paradis, título que hace referencia al último piso de los teatros, conocido
popularmente como “paraíso”. Así pues, la traducción más adecuada para la
troupe Tenjō Sajiki sería Compañía del Paraíso, aunque quizás otras personas
prefieran llamarla Compañía del Gallinero o simplemente Gallinero, a secas,
pues en su nombre japonés no se incluye el término teatro o compañía.
En la fotografía siguiente aparece el edificio donde se
organizó el cuartel central del Tenjō Sajiki entre 1969 y 1976. Se trataba de
un inmueble, situado en el barrio de Shibuya en Tokio, en cuya planta baja se
ubicaba el bar Fugetsudō; en el piso, las oficinas de la compañía de Terayama,
y en el sótano, una pequeña sala donde se ofrecían espectáculos de todo tipo.
Su fachada era un desinhibido pastiche que utilizaba todo tipo de imaginería. A pesar de contar con ese primer local, ciertamente muy pequeño,
muchos de los provocativos montajes de Terayama se representaban en espacios alternativos o en la calle,
donde no dudaba en desafiar, o incluso atacar verbal o físicamente, al hipotético
y siempre desprevenido público.
Terayama fue un polifacético y transgresor personaje. Sus poesías, montajes teatrales y películas estaban formabas por un conjunto de piezas que imbricaba de forma inusual y decididamente caótica. Aunque me siento incapaz de comentar su trabajo como director de cine, creo que podría decir que en sus películas se dan los mismos principios que plantea en sus obras para la escena, entendiendo el vocablo escena de forma muy, muy laxa.
Emplazamiento original del
Tenjō Sajiki en Shibuya a finales de los sesenta. Foto de fuente desconocida. |
Terayama fue un polifacético y transgresor personaje. Sus poesías, montajes teatrales y películas estaban formabas por un conjunto de piezas que imbricaba de forma inusual y decididamente caótica. Aunque me siento incapaz de comentar su trabajo como director de cine, creo que podría decir que en sus películas se dan los mismos principios que plantea en sus obras para la escena, entendiendo el vocablo escena de forma muy, muy laxa.
Como ejemplo se esto último, baste comentar la última obra que ofreció su troupe en 1981, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, una pieza que había representado anteriormente muchas veces. El montaje lo realizó en unos enormes almacenes portuarios en los que se organizaron tres escenarios diferentes separados cientos de metros entre sí. Es decir, el público veía cosas diferentes en momentos y lugares diferentes, sin duda un planteamiento muy adecuado al universo de la novela de García Márquez.
Terayama y su troupe en 1979. Foto: Kurigami Kazuki en Pinterest.
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La corta vida de Terayama estuvo marcada ya desde su
juventud por una precaria salud, a pesar de lo cual realizó una extensa obra en
teatro, cine, televisión, fotografía y poesía. En lo que se refiere a las
especialidades escénicas, sus experiencias iban mucho más allá de los
convencionales espectáculos del shingeki. Con sus iconoclastas montajes siempre lograba escandalizar a la burguesía bien pensante. Sus frecuentes apariciones televisivas, no siempre hablando de
teatro, pues era un gran seguidor del boxeo y de las carreras de caballos, lo
convirtieron en un personaje muy conocido y controvertido.
Terayama también fue uno de los nombres de referencia del
cine de los años sesenta y setenta. Ya he dicho que no hablaré del séptimo arte,
por lo que recomiendo a los interesados que accedan a los estupendos artículos sobre la actividad cinematográfica del artista japonés escritos por Marcos P. Centeno, un verdadero especialista en el tema. Pueden leerse en el blog Contrapicado. Siete los publicó en 2012 y uno en 2016. Este es el enlace directo que lleva a todos.
Una de las primeras obras, si es que puede llamarse así, en
que Terayama rompió la unidad espacial escénica fue la titulada Jinriki hikōki Soromon (Solomon, el hombre aeroplano). Se
trataba de un evento estrenado en 1970 que se desarrollaba en varios lugares de
Tokio a diferentes horas, con lo que los asistentes obtenían visiones completamente heterogéneas del espectáculo, o quizás debería decir de los espectáculos.
La pieza se mostró en Francia y Holanda en 1971.
El cartel de esa obra, diseñado por el también rompedor Yokoo
Tadamori (1936-) y que se muestra en la siguiente ilustración, es un ejemplo del
estilo sicodélico que en los años setenta del siglo XX se imponía entre la denominada
contracultura. Las evocaciones orientalistas, los Beatles y Ravi Shankar estaban
de moda, algo que se manifiesta de forma clara en su diseño. Sin embargo, ni
siquiera esos iconos de la juventud supuestamente inconformista resistían los
embistes burlones y la mofa de Yokoo y Terayama. Véase, si no, las figuras de
un Popeye y un Mickey Mouse que, totalmente fuera de contexto, rompen la candidez
del “haz el amor, no la guerra” del mundo hippy.
Yokoo Tadamori: cartel para Solomon, el hombre aeroplano, 1971. Foto en David G. Goodman: Angura. Posters of the Japanese Avant-garde. Princenton University Press, 1999. |
Los montajes de Terayama eran los más chocantes y
provocadores de la época en Japón. Sus iconoclastas acciones nunca lanzaban
mensajes políticos definidos, pues su único compromiso era sorprender a su
hipotética audiencia. Parte de sus eventos se desarrollaban en la calle,
enfrentándose no pocas veces con los transeúntes que se veían sorprendidos,
cuando no agredidos, por los integrantes de la compañía. Más de una vez esos
actos fueron prohibidos y estuvieron a punto de costarle un arresto.
Para dejar aún más claro sus rompedores planteamientos,
sirva de ejemplo la obra Herejía (Jashūmon), escrita y dirigida por el
propio Terayama y que se representó en Europa en los años 1971 y 1972. En la
siguiente ilustración se muestra el cartel diseñado por Hayashi
Seiichi (1945-) para sus funciones en Japón.
Cartel para la obra Herejía escrita y dirigida por Terayama Shūji, 1972.
Foto en David G. Goodman: Angura. Posters of the Japanese
Avant-garde. Princenton University Press, 1999. |
El texto que aparece a la derecha del cartel dice lo
siguiente:
“¡Terrorífico asalto a la audiencia! ¡Una sangrienta obra de
títeres cuyos gritos derrumbarán el teatro! ¡No revolucionad el drama,
dramatizad la revolución!
¡Ha llegado Tenjō Sajiki!"
Creo que esta declaración de intenciones deja bien claro las
ideas de Terayama.
Como tengo previsto incluir en este capítulo dedicado a
Terayama unos clips de un par de sus obras, creo que es mejor dejarlos para el siguiente artículo para no hacer demasiado larga esta
sesión.
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