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martes, 6 de mayo de 2014

Arquitectura japonesa: Kinkaku-ji

La arquitectura del Pabellón de Oro, Kinkaku-ji
Tras los artículos que publiqué hace ya varios meses dedicados a la arquitectura budista japonesa y en concreto a Hōryū-ji, hoy voy a hablar de Kinkaku-ji, uno de los edificios más célebres del Japón clásico. Para ello deberemos dar un enorme salto en el tiempo para pasar de donde nos quedamos a finales del siglo VII hasta las postrimerías del XIV. Con ello entraremos en uno de los periodos más excelsos de su historia en lo que a manifestaciones artísticas se refiere: la época Muromachi (1333-1573).

Esos años, también denominados Ashikaga por el absoluto dominio de los shōgun pertenecientes a esa familia, estuvieron marcados por una sucesión casi continua de guerras que se extendieron por todo el país. Sin embargo, en medio de ese caos surgieron una serie de artistas que consiguieron que el teatro, la pintura, la jardinería, la arquitectura o la cerámica alcanzaran una madurez y exquisitez de alturas verdaderamente olímpicas.

Hoy hablaré solo de la arquitectura, y en concreto de construcciones residenciales, una tipología que durante el periodo Muromachi experimentó un enorme desarrollo junto con la jardinería, especialidad íntimamente relacionada con ella y a la que he dedicado varios artículos en este blog. Los interesados pueden acceder a todos ellos clicando en el apartado Jardines del “Índice por temas”, justo a la derecha de este párrafo. La evolución conjunta de ambas artes puede estudiarse muy bien en los dos recintos de Kioto que comentaré en esta corta serie: Kinkaku-ji y Ginkaku-ji, aunque, como ya he dicho, de momento solo hablaré de su arquitectura.

Kinkaku-ji es uno de los edificios más famosos de Japón debido al insólito revestimiento de pan de oro que cubre gran parte de sus fachadas. De ahí proviene su nombre popular de Pabellón de Oro o Pabellón Dorado, es decir, Kinkaku en japonés. Sin embargo, su importancia no radica tanto en lo extravagante de su acabado como en sus valores arquitectónicos y su estudiada integración en un espléndido jardín.

Historia
Los terrenos donde se encuentra Kinkaku-ji formaban parte de una antigua finca de Kioto que había pertenecido a los Fujiwara en el siglo XIII y que, tras décadas de abandono, en 1397 fueron adquiridos por el shōgun Ashikaga Yoshimitsu (1358-1408) para levantar su propia villa. Una vez finalizados los trabajos de construcción, un año más tarde, Yoshimitsu residió en ella hasta su muerte, tras lo cual y según sus deseos se convirtió en un templo zen con el nombre de Rokuon-ji.

El Pabellón de Oro de Rokuon-ji es el único edificio de todo el recinto que pudo sobrevivir a las guerras que asolaron Kioto durante el siglo XV, aunque no a un incendio provocado en 1950 por un monje desquiciado. Cinco años más tarde se reconstruyó volviéndolo a revestir de oro. Ese es el edificio que vemos actualmente.

Kinkaku-ji, 1398, Kioto. Foto. J. Vives.

El edificio
El Pabellón Dorado es una pequeña edificación, de perímetro sensiblemente cuadrado y desarrollada en planta baja y dos pisos. Debo aclarar que en Japón a la planta baja se le denomina “primer piso” y lo que en nuestras latitudes llamamos “primer piso” en Japón es el “segundo piso”. Sirva esta explicación para esclarecer algunas contradicciones que aparecen a veces en textos que traducen literalmente esos conceptos. Pero volvamos a donde estábamos.

El pabellón de Kinkaku-ji, construido por orden de Ashikaga Yoshimitsu en 1398, es una curiosa mezcla de tres tipologías arquitectónicas diferentes cuyo áureo revestimiento no hace más que reflejar la extravagancia y obsesión por el lujo de su promotor.

Kinkaku-ji, 1398, Kioto. Foto. J. Vives.
La planta baja de Kinkaku-ji es de estilo shinden, el característico de las residencias aristocráticas del periodo Heian que ya comenté en un artículo anterior. Como cerramiento de su fachada sur, vemos los típicos postigos de la época que se abaten exteriormente hacia el techo para suspenderlos de unos ganchos al efecto y así abrir su interior hacia el estanque. Hablé de ellos en este artículo. La estructura de pilares y vigas de madera sin pintar enmarca nítidamente los paños blancos de las dos fachadas laterales y la posterior.

El primer piso tiene la misma superficie que la planta baja y está rodeado por una estrecha galería que se ensancha en una esquina del lado sur gracias a un quiebro. Su estilo es el empleado en las residencias de los samurai, una tipología que apareció durante el periodo Kamakura (1185-1333) con el nacimiento de ese estamento castrense.

Sin embargo, a pesar de la austeridad que se suponía debían de tener las construcciones destinadas a los sobrios soldados, el primer piso de Kinkaku-ji se revistió totalmente de oro. Sus paredes, barandillas, pilares, vigas y alero se cubrieron con láminas de ese material, algo a todas luces impensable para un frugal militar de la época, aunque fuera de alto rango.

Kinkaku-ji, 1398, Kioto. Foto. J. Vives.

En la fotografía anterior se aprecia la diferencia de tratamiento entre el primer piso totalmente cubierto de oro y la planta baja con su oscura madera sin revestir y sus impolutos paños blancos. Junto a la galería lateral se encuentra un pequeño embarcadero, un elemento que indica que en su época se realizaban paseos en bote por el estanque. Obsérvese cómo las testas de las vigas del techo de la planta baja están pintadas de blanco, una práctica que ya comenté en los párrafos finales de otro artículo

Finalmente, el último piso se recula respecto al primero gracias a un tejadillo de cortezas de ciprés. A diferencia de las plantas inferiores, sus fachadas son simétricas y en ellas aparecen unas ventanas acampanadas, un elemento que caracterizaba a los edificios de los templos zen que por esos años empezaban a construirse por todo el país.

La austeridad de la planta baja, con sus oscuros pilares y vigas, quedaba rota por la ostentación del revestimiento dorado de los dos pisos superiores, algo que reflejaba perfectamente el carácter de su promotor Yoshimitsu. Su obsesión decorativa le condujo hacia una nueva contradicción: las fachadas del segundo piso, cuyas ventanas acampanadas demostraban claramente su espíritu zen, encerraban un insólito y desconcertante interior revestido íntegramente de oro, algo impensable en ningún edificio o entorno de esa orden budista. Obsérvese en la siguiente fotografía el casi surrealista ambiente que se crea en esa sala con semejante tratamiento. 

Interior del segundo piso de Kinkaku-ji, 1398, Kioto. Foto: folleto del templo

No obstante, a pesar de la aparente incongruencia arquitectónica de Kinkaku-ji, no puede negarse que en determinados momentos, especialmente al anochecer o bajo la nieve, la visión del dorado pabellón reflejado en las especulares aguas de su estanque resulta subyugante, casi mágica.

Kinkaku-ji de noche, 1398, Kioto. Foto: folleto del templo

En el próximo artículo comentaré otro edificio de esta época: el Pabellón de Plata o Ginkaku-ji. Hasta entonces.

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