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martes, 23 de septiembre de 2014

Arquitectura moderna japonesa: Tange Kenzō, XII

La arquitectura moderna japonesa: Tange Kenzō, la piscina olímpica, I
Después del artículo de la semana pasada en el que hablé del gimnasio de Takamatsu, hoy toca hacerlo de la obra más emblemática de Tange Kenzō: su piscina y pabellón polideportivo construidos para los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964. 

Este conjunto magistral cumple en octubre, el mes próximo, cincuenta años. Ante tal efeméride no podemos menos que desearle una larga vida para que generaciones futuras puedan seguir admirando su discreta elegancia, uno de los rasgos del mejor arte japonés de todos los tiempos.

Dada la enjundia de esta obra, verdadera referencia mundial en lo que se refiere a edificios deportivos y paradigma aún no superado por el que siento especial devoción, mi texto ha ido creciendo sin apenas darme cuenta. Como consecuencia, y a pesar de haber eliminado muchos de los comentarios que tenía escritos, a veces demasiado personales, en total serán cinco los artículos que dedicaré a la piscina y pabellón de Tange. Así pues y sin más preámbulo, empiezo ya.

El acceso a los pabellones
La ilustración siguiente muestra el emplazamiento del complejo olímpico proyectado por Tange. Podemos observar que la piscina tiene dos accesos abiertos a sendas plazoletas, una de ellas compartida con la única entrada al pequeño pabellón polideportivo. Todas están comunicadas por una especie de paso elevado para uso exclusivo de peatones e independiente de la circulación de los vehículos, cuyo tráfico se desplaza al nivel inferior.

Por el lado sur y en ese nivel inferior se sitúan los accesos a los vestuarios, a las zonas de calentamiento, que incluyen otra piscina, y a todas las áreas de gestión, servicios e instalaciones. En esa parte del solar se encuentra el aparcamiento de coches y autocares.

Tange Kenzō: Piscina y gimnasio olímpicos, 1964, Tokio. Dibujo: www.GreatBuildings.com

Con esa organización de las circulaciones, el público accede a los dos edificios por la zona alta de sus respectivos espacios interiores, hecho que obliga a descender por el graderío para alcanzar sus primeras filas. Esa forma de llegar hasta las butacas es la contraria de la que se empleó en el gimnasio de Takamatsu que comenté la semana pasada. Allí, Tange creaba un recorrido ascendente, dado que situó la pista por encima de la vía pública. Sin embargo, en Tokio esa circulación es descendente, pues la piscina y pista se encuentran por debajo del nivel de la pasarela y plazas exteriores.

Tange Kenzō: Piscina y gimnasio olímpicos, 1964, Tokio.
Foto en Arthur Drexler: Transformaciones en la arquitectura moderna. Gustavo Gili, 1981.

En la fotografía anterior se aprecia perfectamente esa especie de pasarela con forma de L que conduce a las entradas de ambos pabellones y que parte de una plaza frente a uno de los accesos a la piscina (esquina inferior derecha de la foto) y llega a otra desde donde se ingresa en el pabellón y la piscina (parte alta de la foto). En la zona central izquierda se aprecia el aparcamiento situado en el nivel inferior que también sirve de entrada a los deportistas.

Las cubiertas de los pabellones
Con esa distribución, se consigue una de las características más importantes y destacables de todo el proyecto. Dado que la pista y piscina se encuentran por debajo del recorrido de aproximación a los dos pabellones, las cubiertas de ambos se convierten en las verdaderas protagonistas del conjunto, algo muy lógico dada su excepcional concepción y resolución formal.

A medida que nos vamos acercando a los dos pabellones, la suave pendiente de sus cubiertas parece darnos la bienvenida. Pero será al atravesar sus puertas de entrada cuando, una vez en el interior, nos reciban con un caluroso “gesto”. Si exteriormente ya nos impresionaron, una vez dentro siguen asombrándonos con su majestuosa ondulación. Pero vayamos por partes. 

Tange Kenzō: Piscina y gimnasio olímpicos, 1964, Tokio. 
Foto en David B. Stewart: The Making of a Modern Japanese Architecture. Kodansha, 1987.

La fotografía anterior se ha tomado desde fuera del recinto de los pabellones propiamente dicho. En ella se aprecia la pasarela elevada por encima del nivel donde se sitúan el aparcamiento y la entrada de deportistas y servicios. Incluso desde ese punto de vista lejano, se puede constatar que las cubiertas son las verdaderas protagonistas del conjunto. Apenas existen fachadas en el sentido convencional del término, solo unos anillos perforados que parecen volar sin apenas tocar el terreno.

La cubierta de la piscina
Pero analicemos, empezando por la piscina, cómo se llegaron a crear formas tan singulares. En primer lugar, la estructura de la piscina de Tange se basó en modelos y cálculos empleados en puentes colgantes y que aquí se utilizaron por primera vez en un edificio de grandes dimensiones. Pero el mérito no es exclusivamente del arquitecto japonés, sino que debe mucho a la pericia de sus colaboradores, los ingenieros Tsuboi Yoshikatsu (1907-1990) (en algunas textos aparece incorrectamente 1908-1980) y Kawaguchi Mamoru (1932-), quienes por cierto también trabajaron con Arata Isozaki en el proyecto del pabellón olímpico de Barcelona 1992. La piscina de Tokio, con su capacidad para 15.000 espectadores, fue en su día el edificio con la mayor estructura tensada del mundo.

Tange Kenzō: Piscina olímpica, 1964, Tokio. Foto en The Japan Architect, noviembre 1964.

La piscina de Tokio, se cubre con una cubierta semejante a las de los puentes colgantes. Su “espina dorsal” está formada por un par de gruesos cables apoyados en dos grandes columnas de hormigón separadas 126 metros y que luego se anclan en unos bloques semienterrados en el terreno 44 metros más allá de cada uno de aquellos soportes. Eso puede observarse en la sección de la ilustración anterior.

En los dibujos siguientes se aprecia perfectamente el esquema de su techo. Los dos cables principales se arriostran mediante otros de menor sección que parten de ellos y se anclan en los dos anillos de hormigón que abrazan el volumen del pabellón. Cada anillo de forma elíptica es la prolongación de uno de los dos soportes mencionados y se empotra en el bloque opuesto que recibe los cables principales. Obsérvese los dos elementos que unen esos dos bloques por la parte inferior del pabellón.

Dibujo: GreatBuildings.com.
Dibujo: WikiArquitectura.















En la ilustración anterior de la izquierda se aprecia que gracias a esos cables secundarios, a su vez arriostrados perpendicularmente por otros, los dos principales se separan en el centro de la cubierta, un efecto que se aprovecha para crear el amplio lucernario que ilumina el interior, como veremos en otro artículo.

Tange Kenzō: Piscina olímpica, 1964, Tokio. Foto: Flickr, usuario: Addison Godel.

Para resistir los fuertes empujes del viento que frecuentemente azota al archipiélago nipón, en los apoyos de esos cables principales se colocaron amortiguadores que Tange decidió pintar de color rojo para que fueran visibles. Ese detalle se aprecia en la anterior fotografía.

Dibujo: GreatBuildings.com.
Dibujo: WikiArquitectura..



















En los dibujos anteriores se puede comprobar que el espacio interior de la piscina es un círculo de 120 metros de diámetro, mientras que los dos anillos que abrazan al edificio exteriormente le otorgan una apariencia elíptica. Ni visualmente al aproximamos a la piscina, ni cuando acedemos a su interior, ni casi cuando contemplamos los croquis y esquemas de las ilustraciones nos damos cuenta de que la planta de la piscina es en realidad un círculo.

El cálculo de la cubierta
Otro de los aspectos que convierten en especiales a los pabellones olímpicos de Tange fue que tanto su fase de diseño y proyecto como la de ejecución de las obras fueron extremadamente cortas. Unos meses para la primera y un año y medio aproximadamente para su construcción. La obras se iniciaron en enero de 1963 y los Juegos Olímpicos se inauguraron en octubre de 1964.

El equipo formado por las oficinas de Tange y Tsuboi trabajaron incansablemente de una manera entonces impensable: en vez de dibujar planos a partir de esquemas estructurales prefirieron realizar modelos tridimensionales basados en su intuición. Un método que por los resultados obtenidos resultó idóneo.

Durante la fase de proyecto se ejecutaron más de diez maquetas a escala 1/100 y 1/30 que una a una se discutían en cada reunión. Una vez decidida la solución para la piscina, se repitió el proceso para el pabellón, partiendo de un planteamiento semejante. En la ilustración siguiente se muestran algunas de esas maquetas que se sometieron a pruebas mecánicas.

Tange Kenzō: Piscina olímpica, 1964, Tokio. Foto en Nueva Forma, nº 28, mayo 1968. 

Herramientas de cálculo
En la década de los sesenta del siglo pasado, las estructuras suspendidas aplicadas a edificios resultaban innovadoras y poco conocidas. Una de sus ventajas era su relativamente económico costo debido al discreto peso del acero en relación al hormigón y, otra, el reducido volumen interior que encerraban si se comparaba con otros modelos estructurales que cubriesen la misma superficie, algo que mejoraba su acústica, casi siempre bastante deficiente en ese tipo de ambientes.

Han transcurrido cincuenta años desde que se inauguraron los pabellones olímpicos en 1964 y eso lo debemos de tener muy en cuenta. Desde la autosuficiencia, a veces un poco altiva, que nos proporcionan los enormes recursos informáticos para el cálculo y diseño de estructuras y formas complejas que tenemos al alcance de la mano hoy día, no somos conscientes de los precarios medios de que disponían en 1962 Tange y Tsuboi.

Como referencia, pensemos que no fue hasta 1965 cuando IBM lanzó al mercado ordenadores de la serie 360 que tenían estas, hoy ridículas, prestaciones: memoria interna 8 Kb, que podía ampliarse hasta llegar en casos muy excepcionales a los 8 Mb, y capacidad de almacenamiento 256 Kb, también ampliables a 512, 768 o 1024 Kb. Creo que sobran comentarios.

La semana próxima continuaré hablando de la piscina olímpica de Tange y la compararé con un par de obras de otros arquitectos que pueden considerarse precedentes de la del japonés.

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