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martes, 30 de septiembre de 2014

Arquitectura moderna japonesa: Tange Kenzō, XIII

La arquitectura moderna japonesa: Tange Kenzō, la piscina olímpica, II
La semana pasada hablé de la piscina olímpica de Tange y en concreto de su estructura. El artículo de hoy lo empezaré presentando un par de precedentes de su cubierta colgante para poder valorar aún más la importancia del resultado obtenido por el arquitecto japonés.

Precedentes estructurales
Las estructuras a base de cables en edificios ya se habían empleado antes de que lo hiciera Tange, aunque en ningún caso se alcanzó parejo nivel, ni técnico ni arquitectónico. El primer proyecto en el que se utilizó fue en el denominado Dorton Arena de Raleigh, Carolina del Norte, EUA, diseñado por el polaco Maciej Novicki (1910-1950) e inaugurado en 1953. Novicki falleció en un accidente aeronáutico cuando regresaba de Chandigarh, donde había sido nombrado arquitecto jefe de la nueva ciudad. Las dos fotografías siguientes son de esa obra.

Maciej Novicki: Dorton Arena, 1953, Raleigh, Carolina del Norte. Foto: www.culture.pl.

Maciej Novicki: Dorton Arena, 1953, Raleigh, Carolina del Norte. Foto: www.culture.pl.

El siguiente edificio en el que se utilizó una cubierta de cables suspendidos fue el Ingalls Hockey Rink de Eero Saarinen (1910-1961) finalizado en 1958 en la universidad de Yale, New Haven, Connecticut, EUA. En este caso el resultado fue mucho más interesante, hasta tal punto que Tange propuso a Tsuboi investigar las posibilidades de aplicar un esquema semejante al proyecto de Saarinen en sus pabellones olímpicos. Las dos fotos siguientes son de la obra de Saarinen.

Eero Saarinen: Ingalls rink, 1958, Universidad de Yale. Foto: Wikimedia Commons.

Eero Saarinen: Ingalls rink, 1958, Universidad de Yale. Foto: Wikimedia Commons.

Referencias al pasado
La piscina de Tange fusiona magistralmente, como las oficinas de Takamatsu, las cualidades de la arquitectura clásica japonesa con las exigencias de la arquitectura moderna. Los pabellones olímpicos de Tokio han alcanzado un reconocimiento ciertamente intemporal, como demuestra la admiración que por ellos siguen manifestando arquitectos de todo el mundo.

Tange Kenzō: Piscina olímpica, 1964, Tokio. Foto. J. Vives.

No es necesario buscar demasiado en la obra olímpica de Tange para detectar algunos detalles o incluso guiños a formas tradicionales japonesas. Siempre se ha comentado que la suave pendiente de su cubierta colgante y sobre todo su protagonismo formal, que hace prácticamente desaparecer las fachadas, tienen mucho en común con los tejados de los templos budistas, también dominantes volumétricamente y responsables de la disolución de las fachadas en los edificios clásicos y, por ende, de la sensación de ingravidez que producen, rasgo que se constata en la ilustración anterior.

Uno de esos guiños puede verse en los soportes de hormigón de la piscina. Allí, en lo alto, Tange sitúa unos elementos en forma de V que parecen mantener en su sitio a los cables principales. Pues bien, si nos acordamos de los denominados chigi, esa prolongación de las vigas inclinadas que soportan la cubierta de todos los santuarios sintoístas y que sobresalen por encima de ella, comprobaremos que Tange los rememora sutilmente en su piscina. En las dos fotografías siguientes puede verse ese elemento en V en un edificio sintoísta (a la izquierda) y en la obra de Tange (a la derecha).

Ise jingū, reconstruido cada 20 años
desde el siglo VIII. Foto: J. Vives.
Tange Kenzō: Piscina olímpica, 1964, Tokio. 
Foto. Mi moleskine arquitectónico.













Los dos pabellones olímpicos de Tange se han convertido en paradigmas de la arquitectura japonesa de la segunda mitad del siglo XX. Su elegancia y el sugestivo poder de sus cubiertas esconden un profundo conocimiento de los modelos estructurales y, sobre todo, una enorme capacidad de trabajo en equipo de los arquitectos e ingenieros que intervinieron en su proyecto y construcción, algo que no es tan frecuente como se cree.

Tange Kenzō: Piscina olímpica, 1964. Tokio. Foto: Wikimedia Commons.

Espacio interior
Pero acerquémonos y entremos ya en la piscina. En la fotografía siguiente podemos comprobar la robusta textura del pavimento de piedra de toda la zona de acceso, algo muy adecuado frente a la presencia majestuosa pero contundente del pabellón, en este caso teñido por la cálida luz de un atardecer invernal.

Tange Kenzō: Piscina olímpica, 1964, Tokio. Foto. J. Vives.

El muro curvo nos dirige hacia la entrada. Allí, a la derecha se levanta el pilar que soporta la cubierta. Las puertas de acceso quedan al abrigo de un voladizo sustentado por los gruesos cables y una carpintería o mejor dicho, unos pilares metálicos en forma de V que soportan el vuelo de los cables.

Tange Kenzō: Piscina olímpica, 1964, Tokio. Foto: Wikimedia Commons.

Poco antes de atravesar las puertas de la entrada oeste, la abierta cuando no se celebran eventos, podemos constatar la enorme escala de los cables que sustentan la cubierta y su impresionante anclaje en los bloques de hormigón empotrados en el terreno. Véase la fotografía siguiente.

Tange Kenzō: Piscina olímpica, 1964, Tokio. Foto: WikiArquitectura.

Una vez accedemos al vestíbulo, un muro de piedra y gruesa textura nos dirige hacia las gradas de la piscina, actualmente transformada en pista deportiva. Unos pocos pasos más y se abre ante nosotros un impresionante espacio, enorme, pero de escala muy humana.

Tange Kenzō: Piscina olímpica, 1964, Tokio. Foto: Flickr, usuario: Ricardo Leal.

El techo, dividido en dos para crear el lucernario central, parece suspendido en el aire gracias a los ventanales que a modo de óculos perforan los muros perimetrales. La franqueza estructural de Tange es evidente: los cables principales y los que los tensan hacia los anillos elípticos de hormigón se manifiestan perfectamente. El gran tragaluz y el falso techo crean un ambiente cálido y nada “apabullante” a pesar de su dimensión, como queda plasmado en la siguiente toma fotográfica del año 1964.

Tange Kenzō: Piscina olímpica, 1964, Tokio. 
Foto en Massimo Bettinotti (edit): Kenzo Tange 1946-1996. Architettura e disegno urbano. Electa, 1997

La foto anterior de la época de su inauguración puede compararse con la siguiente, actual, donde se aprecia que la piscina se ha cubierto para obtener una pista polifuncional. Obsérvense las enormes toberas del aire acondicionado en el muro de hormigón del fondo, un detalle que muestra la tecnología de que disponía Japón en los años sesenta y que, para que tengamos una idea, tardó casi tres décadas en emplearse en edificios españoles. 

Un efecto muy interesante, que en la toma de la siguiente fotográfica se ha captado muy bien, es cómo penetra la luz a través de los huecos de los muros perimetrales. En ese momento, los rayos solares crean la sensación de que toda la cubierta flota materialmente en el aire. Un efecto ciertamente cautivador. 

Tange Kenzō: Piscina olímpica, 1964, Tokio. Foto: Flickr, usuario: ratz und ruebe

La semana próxima concluiré estos artículos dedicados a la piscina olímpica de Tange, para a continuación comentar el pequeño pabellón polideportivo.