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martes, 16 de septiembre de 2014

Arquitectura moderna japonesa: Tange Kenzō, XI

La arquitectura moderna japonesa: Tange Kenzō, el gimnasio de Takamatsu
La semana pasada hablé de dos planes urbanísticos que situaron a Tange Kenzō en la vanguardia mundial, pero a partir de este artículo me voy a concentrar solo en edificios construidos. Por otro lado, me gustaría aclarar que hoy me saltaré el orden cronológico que he ido manteniendo hasta ahora al comentar las obras de Tange, porque hablaré de un edificio inaugurado un año más tarde que los que presentaré la semana próxima. Me refiero, respectivamente, al gimnasio de la ciudad de Takamatsu y a los edificios olímpicos de Tokio.

En 1962, cuando Tange ya ha comenzado a trabajar en el proyecto de la piscina y gimnasio olímpicos, recibe el encargo de un pequeño pabellón deportivo para la ciudad de Takamatsu. Recordemos que en esa misma población había finalizado pocos años antes su emblemática sede para el gobierno de la prefectura de Kagawa que comenté en este artículo.

Aunque la diferencia de escala, tanto física como económica, entre las dos obras es enorme, Tange utiliza en Takamatsu algunas de las ideas que había rechazado durante la fase de elaboración de la estructura del proyecto olímpico de Tokio. Sin embargo, en ambas emplea un mismo concepto estructural: el de un techo suspendido.

La semana pasada pedí que se comparara un edificio que aparecía en la perspectiva del proyecto de Tange para la Organización Mundial de la Salud en Ginebra con el que comentaría hoy. Pues bien ahora puede hacerse. Aquella forma, dibujada esquemáticamente, es muy similar a lo que vemos en la siguiente fotografía, lo cual demuestra que antes de recibir el encargo de Takamatsu Tange ya estaba pensando en ese tipo de estructuras.

Tange Kenzō: Gimnasio de la prefectura de Kagawa en Takamatsu, 1965. Foto: Flickr, usuario: jacomejp.

A pesar de la reducida dimensión del gimnasio de Takamatsu, su presencia es ciertamente imponente, brutalista, tal como suele calificarse a ese tipo de edificios. En un solar cuadrado, Tange crea un volumen de planta elíptica que semeja un enorme barco de hormigón visto, el material preferido por el arquitecto japonés en esos años. En la ilustración siguiente se muestra una de sus fachadas laterales y la zona de oficinas y vestíbulo de acceso situados a nivel de calle.

Tange Kenzō: Gimnasio de la prefectura de Kagawa en Takamatsu, 1965. Dibujo: Tange Associates.

La estructura del gimnasio está formada por dos grandes muros curvos, de unos ochenta metros de longitud, que parecen flotar en el aire apoyados sobre cuatro enormes pilares a modo de contrafuertes. En su hormigón visto solo destacan unos huecos circulares para la ventilación forzada del interior del pabellón y una gigantesca gárgola que vuela sobre un pequeño estanque con rocas semejantes a las que Tange había empleado pocos años antes en la sede gubernamental en la misma ciudad.

Tange Kenzō: Gimnasio de la prefectura de Kagawa en Takamatsu, 1965. Foto: Flickr, usuario: ooni.K

Los extremos de esas dos paredes se levantan hacia el cielo manifestando exteriormente su estructura de nervios romboidales. Esa zona se corresponde con la de las gradas interiores, pues estas únicamente se sitúan frente a los lados mayores de la pista deportiva, como se aprecia en la siguiente ilustración con los planos de planta y sección.

Tange Kenzō: Gimnasio de la prefectura de Kagawa en Takamatsu, 1965. Foto: J. Vives.

Si observamos la sección de la ilustración siguiente, podemos constatar que cuando he mencionado que el edificio parece un barco que flota en el aire es debido a que la pista deportiva se encuentra en realidad sobre la zona de servicios y vestuarios del conjunto. El edificio tiene dos estructuras independientes. La primera a nivel de la vía pública es “convencional”, con pilares y vigas de hormigón. Ahí se sitúan todos los espacios anexos necesarios: vestuarios, instalaciones, oficinas, salas de entreno, etcétera. 

Tange Kenzō: Gimnasio de la prefectura de Kagawa en Takamatsu, 1965.
Dibujo: Tange Associates.

Para la pista y gradas Tange ideó una estructura independiente de la anterior. En los extremos de los dos muros de hormigón elípticos se anclan los cables que sostienen su techo, creando la superficie de un paraboloide hiperbólico que interiormente se manifiesta con un falso techo de doble curvatura, como se aprecia en la fotografía siguiente. 

Tange Kenzō: Gimnasio de la prefectura de Kagawa en Takamatsu, 1965. Foto: Tange Associates.

Pero un aspecto que me interesa remarcar, una vez más, es el camino por el que Tange nos conduce desde el exterior hasta la pista deportiva que hemos visto en la fotografía anterior. Ya he comentado en otros artículos su maestría en crear recorridos sugerentes que desembocan en el corazón de sus edificios tras una estimulante experiencia espacial.

En este caso, tras pasar por debajo de la impresionante malla romboidal de nervios de hormigón, que actúa a modo de porche de acceso (visto en las fotos anteriores), entramos en un vestíbulo muy sencillo cuyo techo curvo ya no muestra su estructura, como ocurre en el exterior. Los rayos del sol penetran fácilmente a través de las cristaleras. La austeridad de este espacio es extrema, solo destaca mínimamente un pavimento con marcadas juntas. 

Tange Kenzō: Gimnasio de la prefectura de Kagawa en Takamatsu, 1965. Foto: J. Vives

En ambos extremos de ese vestíbulo dos amplias escaleras ligeramente curvadas ascienden hacia un espacio mucho más oscuro. Una vez ahí tenemos dos alternativas: elegir la escalera que tenemos enfrente o realizar un giro de 180 grados para encarar otra, ambas más angosta que la primera. La fotografía siguiente muestra la primera de esas dos posibilidades y en las plantas puede observarse la situación de esas escaleras y los recorridos hasta las gradas.

Tange Kenzō: Gimnasio de la prefectura de Kagawa en Takamatsu, 1965. Foto: Flickr, usuario: ooni.K

La sensación de casi estrechez explota cuando, al final del último tramo de escalera, descubrimos las gradas y la pista. Su volumen nos parece mucho mayor de lo que realmente es, precisamente como consecuencia del camino que Tange nos ha forzado a recorrer sin desvelarnos su destino. El final de esa circulación se convierte en una enérgica explosión espacial que resulta muy adecuada respecto la actividad deportiva que se desarrolla en el edificio.

Recién acabado de escribir este artículo, pero antes de su fecha de publicación, recibo la noticia de que el gimnasio de Takamatsu se va a cerrar, y posiblemente a derribar. Parece ser que su estructura no satisface los exigentes requerimientos de las modernas normas antisísmicas japonesas y que las reformas necesarias para ello resultarían excesivamente onerosas. ¿Perderemos otro edificio emblemático?

La semana próxima, y las siguientes, las dedicaré a la, en mi opinión, obra maestra de Tange: sus pabellones olímpicos de Tokio.