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martes, 1 de abril de 2014

Teatro japonés: la obra de kabuki "Kanjinchō", VI

La representación de Kanjinchō, IV
Presento hoy el cuarto corte videográfico de esta serie dedicada al teatro kabuki japonés y en concreto a la obra titulada Kanjinchō. Son 14 minutos que abarcan los momentos más tensos de la función. 

El inicio del corte que inserto hoy es la continuación sin solución de continuidad del clip-03 comentado la semana pasada. Este nuevo vídeo está formado por tres fragmentos independientes, es decir, que en una representación completa entre ellos transcurren unos pocos minutos que se corresponden con dos largos monólogos de Benkei, de los cuales aquí solo se ofrece el inicio del primero y el comienzo y final del segundo.

Espero que los puristas disculpen esta decisión, porque siempre les queda la opción de adquirir el DVD. Expliqué cómo hacerlo en el cuarto párrafo de este artículo. Merece la pena comprarlo. Ya sin más preámbulos, aquí está la traducción de las escenas que ofrezco hoy.

Clip-04: los cuatro dioses, lectura de la lista y presentación de regalos, duración 14 minutos

Benkei (de cara al público):
¡Qué monstruoso horror! ¿Por qué debemos sufrir semejante infortunio? La entereza humana nada puede hacer ante el imprevisible destino. Pero al menos moriremos rápidamente y con honor. (Dirigiéndose a sus soldados disfrazados de yamabushi, pero en voz alta para que le escuche Togashi.) Venid, vamos a realizar nuestra última plegaria.

Los tres soldados-sirvientes:
Así lo haremos, señor.

Benkei:
Este será nuestro último rito en este mundo.

Empieza la primera danza de la obra con música de flauta, tambor y shamisen. Su ritmo es muy vivo.

Benkei se dirige hacia la izquierda del escenario para que un asistente le ate convenientemente el vestido para su danza y le dé un rosario budista. Sus cuatro soldados disfrazados de yamabushi se colocan en el centro de la escena formando un cuadrado. Benkei, después de echar una ojeada a Togashi para ver cómo reacciona, se acerca a ellos para situarse en medio. Inician sus plegarias.

El coro, mientras se ejecuta la danza, canta los poderes de los yamabushi.

Coro:
Pretender detener a monjes yamabushi, versados en la ascética enseñanza de En no Shōkaku (En no Ubazoku), cuyos cuerpos y espíritus son uno y el mismo con Buda. Ciertamente los dioses no aprobarán semejante acto impío. La furia del dios Yuya Gongen caerá sobre este lugar. “On A Bi Ra Un Ken ...” Mientras recitan esa plegaria frotan las cuentas de sus rosarios.

Benkei se arrodilla y mima en su danza la acción de las espadas que le conducirán a la muerte. Luego ante su ejecución segura, hace reverencias a su dios Fudō con la cabeza y manos. Levanta los brazos en señal de súplica. Se alza y da un golpe en el suelo simulando ira. Los cinco acaban frotando sus rosarios budistas.

La posición de los cuatro sirvientes rodeando a Benkei emplazado en el centro rememora los grupos escultóricos de muchos templos budistas donde cuatro guardianes vigilan y protegen a una deidad superior situada en el centro.

Togashi, asombrado por el fervor y predisposición a morir de los monjes, piensa que, si realmente están recogiendo donativos para la reconstrucción del templo de Tōdai-ji, deben de tener una “kanjinchō”, es decir, un listado de las personas que hacen las donaciones. Por eso propone a Benkei que la lea en voz alta. Decide pues comprobar la veracidad de lo que cuenta poniéndole a prueba.

Esta es una de las escenas más célebres de la obra.

Togashi:
Una noble decisión, morir. Sin embargo, mencionasteis la misión de recolectar fondos para la reconstrucción del templo de Tōdai-ji. Si ciertamente es así, debéis de tener una lista de los contribuyentes. (En tono autoritativo.) Mostradme la kanjinchō. Os exijo que la leáis.

Benkei (no tiene ninguna lista y duda):
¿Qué? Vos,... ¿vos decís que lea la kanjinchō?

Togashi:
¡Leedla digo!

Benkei (ya en tono seguro y convencido):
Así se hará.

Los cuatro soldados disfrazados de monjes se retiran a la izquierda del escenario. Yoshitsune permanece en su sitio arrodillado. Un asistente entrega a Benkei un rollo de papel en blanco.

Solista del coro:
¡Ah, ¿pero había una lista? Desde el oi (especie de mochila donde los yamabushi llevan sus pertenencias) coge un rollo de papel en blanco y llamándole kanjinchō lo lee en voz alta.

Benkei desenrolla lentamente el papel y colocándolo horizontalmente de tal forma que Togashi no pueda verlo, comienza a improvisar su ficticio contenido.

Toda kanjinchō real empieza con una exhortación piadosa a los fieles para que contribuyan a la reconstrucción del templo. El lenguaje de esa introducción es especialmente recargado y esotérico. El conocimiento que tiene Benkei de la liturgia budista le permite fingir su lectura. Empieza a leer el inexistente texto con una locución muy florida, improvisando con una tesitura de la voz muy grave, una alusión a la tensión del momento. Recordemos que el papel está en blanco y que el supuesto texto es muy difícil de improvisar.

PRIMER CLIMAX

Benkei:
Sore ... (En tono muy bajo emite una serie de sílabas que recuerdan el canto budista shomyō)

En ese momento se alcanza el primer clímax de la obra: Togashi se va acercando a Benkei poco a poco, arrastrando sus largos pantalones, para ver lo que hay escrito en el papel que está leyendo. En el otro extremo del escenario, Yoshitsune, todavía acurrucado y cubierto por su sombrero, mira de reojo a Benkei y rápidamente vuelve a ocultar su rostro bajo el sombrero. Al darse cuenta, Benkei aparta el rollo para que no lo vea Togashi. Los tambores y gritos remarcan la tensión. Los tres personajes clavan una pose congelada (mie). Tras unos segundos de tensión, Benkei inicia la verdadera improvisación en un lenguaje muy barroco.

Benkei:
En estos horribles y funestos tiempos transcurridos desde la desaparición del gran Buda, la otoñal Luna de la iluminación permanece oculta tras negras nubes. Del engañoso sueño que es la vida ya nadie nos despertará. (Alargando la frase final.)

Benkei hace una pausa mientras se escucha música de tambores, flauta y gritos. El tambor va puntuando las frases del recitado de Benkei.

Benkei (explica ahora los orígenes del gran templo de Tōdai-ji en Nara en el mismo lenguaje recargado):
En el siglo VIII vivió el augusto emperador Shōmu. Habiendo perdido a su amada esposa, su pena llegó a serle demasiado pesada. Egregias lágrimas brotaban de sus ojos continuamente y sus mejillas nunca estaban secas. Con el tiempo, sus tristes pensamientos se transformaron en meditaciones piadosas y, para ayudarla en su camino hacia el paraíso, decidió erigir una enorme estatua de Buda en la ciudad de Nara y construir el gran templo de Tōdai-ji para custodiarla. Fue él quien fundó el monasterio.

Pequeña pausa

Benkei (siguiendo su improvisación):
Sin embargo, en 1180 un incendio convirtió en cenizas todo el edificio. Lamentando la pérdida del santo lugar y atendiendo un decreto imperial, el monje Chōgen inició la reconstrucción del gran templo de Tōdai-ji. Viendo la impermanencia de todas las cosas de este mundo y para recoger fondos, ha enviado a sus hermanos por todo el país solicitando la caritativa colaboración tanto de personajes de alto rango como del pueblo llano. Quien contribuya, aunque sea con una mínima cantidad, vivirá en este mundo rodeado de alabanzas y renacerá sentado entre miles de lotos en el paraíso de Buda. Así os lo suplico respetuosamente.

Coro:
Su voz resuena hasta los cielos.

Togashi ya no duda que Yoshitsune esté en el grupo. Sin embargo, impresionado por Benkei, decide probarle aún más. Pretende desenmascararle haciéndole preguntas sobre temas teológicos budistas que sólo un verdadero yamabushi puede conocer. El diálogo entre ambos, va acelerándose poco a poco indicando la creciente tensión e incertidumbre del momento. Esta es otra de las escenas más célebres de la obra y se conoce como el “interrogatorio del yamabushi” (yamabushi mondō).

Togashi:
Ya veo. He escuchado la kanjinchō y ya no tengo dudas. No obstante, dejadme que os pregunte algunas cuestiones. En este mundo, ciertamente hay muchos tipos de monjes que siguen las enseñanzas de Buda. Pero ¿por qué los yamabushi tienen ese aspecto tan fiero y guerrero? Su apariencia no parece ser muy misericordiosa.

Benkei:
Eso tiene una fácil explicación. Según las leyes secretas de la secta shugen, en la que se combinan los preceptos budistas y sintoístas, sus adeptos tienen que recorrer empinados senderos con grandes padecimientos cumpliendo su labor de someter a las malvadas alimañas y --------------

Fragmento del diálogo cortado en el clip
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Reinicio del diálogo en el clip

Togashi:
Una espada puede cortar un objeto sólido que obstruye la vista, pero ¿qué ocurre con las demoníacas sombras sin forma que interceptan el camino de Buda? ¿Cómo podéis atacarlas?

Benkei:
¿Qué dificultad hay en destruir diablos sin forma? En esos casos recitamos las nueve sílabas mágicas de la secta shingon.

Aumenta la tensión aún más, al mismo tiempo que se van acercando uno a otro.

Togashi, (aproximándose a Benkei):
Decidme, ¿Cuál es el significado de vuestras ropas?

Benkei:
Siguen la traza de nuestro patrón el fiero dios Fudō-myō.

Togashi:
¿Y qué significa vuestro tokin (gorro)?

Benkei:
Es la corona de las cinco sabidurías y sus doce pliegues simbolizan las doce leyes del karma.

Togashi (acercándose un paso más):
¿Y el color del suzukake (estola)?

Benkei:
Es el del Kue mandala.

Togashi:
¿Y el de los pantalones?

Benkei:
Son los negros zahones de la secta shingon.

Togashi:
¿Y las sandalias de los ocho lazos?

Benkei:
Simbolizan las pisadas sobre el loto de ocho pétalos.

Togashi:
¿Y el aire que respiramos y expiramos?

Benkei (ya muy cerca uno de otro, Benkei tiembla de ira. Se miran vis a vis clavando ambos una mie):
Es el A y Un sánscritos (primera y última sílabas del alfabeto sánscrito)

En ese momento Togashi se echa un poco hacia atrás separándose de Benkei para lanzarle una pregunta que cree que no podrá responder.

Togashi:
Y ahora una última cuestión. ¿Cuál es el sentido de las nueve sílabas sagradas de la plegaria shingon? (Togashi retrocede un paso y levanta su mano con el abanico.) ¿Cuál? Decidme, ¿cuál?

Ese final de la frase (nan to? nan to?) la pronuncia Togashi nerviosamente porque hasta ahora no ha podido hacer caer a Benkei con sus preguntas. Esta es la más difícil. Si no le desenmascara con ella, deberá decidir si arresta a todos incluido el porteador, del cual está convencido que es Yoshitsune, o les deja pasar la barrera con las consecuencias que tendría para él semejante decisión.

La pregunta supera los conocimientos de Benkei. Hombre orgulloso e impetuoso, por un momento está tentado de abandonar su plan. Sabe que, como buen soldado, puede fácilmente vencer a Togashi. Sin embargo, se controla y lanza su nueva improvisación en una brillante y oscura jerga budista.

Benkei (girándose de cara al público, comienza su monólogo):
Esa plegaria de las nueve sílabas es un preciado secreto de la fe shingon y su significado es muy difícil de explicar. Pero para aclarar vuestras dudas me comprometo a hacerlo. Las nueve sílabas son: Rin, Pyo, To, Sha, Kai, Chin, Retsu, Zai, Zen. Antes de desenvainar la espada hay que golpear los dientes treinta y seis veces con las manos en posición de orar. -------------------

Fragmento del monólogo cortado en el clip
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Reinicio del monólogo en el clip

Benkei (final de su monólogo):
-------------------- Todos los dioses y budas de Japón son testigos de las palabras que con toda reverencia he pronunciado. Me inclino ante ellos. (Dirigiéndose a Togashi.) Así os lo digo con mi mayor respeto. (Alargando el final de la frase.)

En ese momento, al acabar la frase, Benkei ejecuta la pose congelada llamada mie genroku, denominada así por haberse hecho célebre en esa época (1675-1705 aprox), los años dorados del kabuki. Ese gesto simboliza fuerza y desafío. Benkei posa con el rollo en alto en señal de triunfo

Comienza la música de shamisen y coro.

Coro:
El guarda de la barrera parece impresionado.

Togashi (ya está convencido de que Yoshitsune está en el grupo de Benkei, quien no ha vacilado en defender a su señor. Impresionado por su valor y decisión decide dejarlos pasar):
No deberíamos haber dudado ni un momento de la honorabilidad de tales monjes. Por ello desearía ahora añadir mi nombre a vuestra lista de suscriptores. Guardias, traed los presentes para los yamabushi.

Los tres soldados:
Sí señor.

Música y canto: el coro describe los diferentes regalos que van trayendo los soldados. La melodía es más relajada. El shamisen subraya  los movimientos de los actores.

Togashi se dirige a la derecha del escenario para sentarse. Benkei devuelve el rollo de papel a un asistente y recibe un abanico. Los tres guardias acarrean unos regalos en bandejas de ofrendas y los colocan en el centro de la escena.

Coro:
Sobre bandejas, traídas por los guardas, se les ofrece una prenda litúrgica de blanca seda, rollos de seda de Kaga, un espejo y monedas de oro.

Togashi:
Aunque los regalos son insignificantes, sería para mí un meritorio acto que los admitieseis en beneficio de los monjes del gran templo de Tōdai-ji. Os pido respetuosamente que los aceptéis.

Benkei:
Sois un benevolente señor. Agradezco vuestra donación y tened por seguro que será recompensada en este mundo y en el otro. (Frota su rosario.) Una cosa más. Debemos atravesar las provincias cercanas para pedir otras contribuciones y no volveremos a la capital hasta mediados de la cuarta luna (mes). Os pido que nos guardéis las ofrendas de mayor tamaño hasta entonces.

Benkei se arrodilla ante los regalos, coge sólo el par de bolsas con las monedas y las entrega a dos de sus soldados-yamabushi.


Bien, espero que la tensión de estas escenas se haya captado. ¿Os habéis fijado que la decisión de Togashi de dejar pasar a Benkei y Yoshitsune, quien todavía no ha dicho ni palabra, le costará su vida?

Pero todavía hay más momentos sublimes en Kanjinchō. Los descubriremos en la siguiente sesión, la semana próxima.