En el anterior artículo hablamos de los jardines del periodo Heian (794-1185) y sus dos tipologías: los que hemos
denominado aristocráticos y los del paraíso. Hoy entraremos en una fase posterior en la que se aplicaron nuevos planteamientos que permitieron crear los jardines
más genuinamente japoneses: los jardines secos.
Los jardines secos
A finales del periodo Heian, las dos familias más poderosas del país
se enfrentaron durante años en cruentas guerras que concluyeron con la victoria
definitiva del clan de los Minamoto y la instauración de un nuevo sistema de
gobierno militar encabezado por el denominado shōgun, quien en ese
momento decidió trasladar su cuartel general a la ciudad de Kamakura, lejos de Kioto.
También a finales del siglo XII surgió una nueva escuela budista que
ejerció una notable influencia tanto en el entorno castrense y feudal como en todas las artes, incluida la jardinería. Era el zen, cuyos primeros pasos los dio
precisamente en Kamakura donde se había asentado el nuevo régimen castrense.
El maridaje entre la filosofía zen y el espíritu samurai fue inesperado. Desde un principio, sus ascéticas prácticas complacieron a la clase militar. La meditación del bonzo se parecía a la concentración del guerrero antes del combate. Su insistencia en la ejecución diaria de las labores más humildes evocaba el sencillo trabajo del soldado. Su recordatorio de la fugacidad de todas las cosas de este mundo fortalecía la idea que tenía el samurai de su efímera existencia, tan frágil como la flor de un cerezo.
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Práctica
del sazen en la posición que adopta la escuela sōtō. Foto de fuente
desconocida. |
