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viernes, 31 de mayo de 2013

Arquitectura japonesa: del estilo shinden al shoin, II

La arquitectura japonesa de estilo shoin
Este artículo es la continuación del anterior del día 29 de mayo dedicado al estilo shinden en la arquitectura japonesa (para verlo clicar aquí). Por ello, es posible que para entender algunos de los vocablos técnicos que aparecen hoy aquí resulte necesario consultar antes aquél.

Continuidad de los rasgos del estilo shinden
En la estructura general del estilo shinden, tanto la exterior como la interior, ya se encontraba el germen de las características de la posterior arquitectura japonesa. Veamos algunas de ellas.

Pequeños jardines
En el estilo shinden, la comunicación de los diferentes pabellones mediante pasillos creaba una especie de patios ajardinados que proporcionaban algo más de aislamiento a unas estancias interiores que no resultaban nada “privadas”, dado que las cortinas o biombos apenas podían impedir las vistas y tampoco la escucha de conversaciones. Por otro lado, las diferentes orientaciones de esas zonas exigían que su ajardinamiento fuera también distinto, cosa que las personalizaba y diferenciaba unas de otras. La capacidad de crear en esos reducidos espacios apacibles jardines será una habilidad que los japoneses cultivarán a lo largo de toda su historia en los patios interiores de las viviendas, los conocidos como tsuboniwa.

Fluidez espacial
Otro de los rasgos presentes en los interiores shinden, que también perduró a lo largo de los siglos en la arquitectura japonesa, era la ligereza de los cerramientos y divisiones tanto interiores como exteriores. En Japón nunca se consideró necesario crear sistemas fijos y sólidos, como las paredes y tabiques occidentales, para separar estancias, aunque ciertamente se emplearan en unas pocas situaciones concretas. Esa decisión y el posterior uso extensivo de ligeras puertas corredizas, que solo excepcionalmente se veían en las villas shinden, otorgarán a los interiores japoneses una cualidad inconfundiblemente nipona: la fluidez y flexibilidad espacial.

Tatami
Las escasas esterillas de paja colocadas aquí y allá sobre el entarimado de los pabellones shinden, unos siglos más tarde se convertirán en la solución perfecta para el acabado del suelo en todo tipo de estancias, tanto de residencias como de templos. El tatami terminará imponiéndose como el pavimento interior perfecto para todas las zonas no “húmedas” (cocina, baño y vestíbulo de entrada) de una vivienda. El tatami no solo definirá el ambiente interior, sino que simbolizará su limpieza.

Hay que recordar que sobre los tatami no se puede caminar con zapatos o zapatillas, calzado que se solo usa en espacios exteriores (o baños y cocinas), es decir, en lugares “no limpios”. Esa concepción del interior de una vivienda, y también de las salas de rezos de los templos budistas, como impoluto espacio libre de impurezas es una consecuencia del espíritu sintoísta.

Ausencia de mobiliario
La escasez de mobiliario en los interiores shinden se mantuvo con la popularización del estilo shoin y la consiguiente generalización del empleo de los tatami. El trenzado del tatami no aconsejaba la colocación de muebles pesados que pudieran deformarlo o incluso desgarrarlo, por lo que solo en algunos casos se utilizaban mesitas bajas y nunca sillas, aunque lo más común era emplear bandejas individuales para las comidas.

Por otro lado, la costumbre de dormir encima del entarimado se mantuvo con la utilización extensiva de los tatami en el estilo shoin. La rutina de extender por la noche un ligero futon que por la mañana se guardaba en arcones o armarios, liberaba cualquier estancia de la presencia de una cama fija.

Por todo ello, debido a la ausencia casi total de muebles que ocupen “volumen” y gracias a la posibilidad de abrir los fusuma que separan salas adyacentes, la sensación de amplitud que se experimenta en una vivienda japonesa es mayor de la que sus verdaderas dimensiones ofrecerían si se tuviera que colocar en ellas cualquier tipo de mueble de estilo occidental.

El nacimiento del estilo shoin
Tras siglos de perfeccionista reiteración de los patrones que definían al estilo shinden, a mediados del periodo Muromachi (1333-1573) apareció finalmente un nuevo modelo arquitectónico. Los elementos arquitectónicos shinden dieron paso a otros de función semejante que conformaron el denominado estilo shoin. Veamos la transformación de algunos de ellos.

Puertas
Las cortinas (kabeshiro) del estilo shinden fueron sustituidas, en el estilo shoin, por puertas interiores correderas y opacas (fusuma). Hay que tener presente que ese tipo de puertas se había empleado muy poco en las mansiones heian.

Las persianas de bambú (sudare) del estilo shinden, usadas para tamizar la luz exterior y otorgar algo más de privacidad visual, fueron sustituidas en el estilo shoin por puertas exteriores correderas (shōji), revestidas de papel para permitir el paso de la luz pero no de las vistas. Sin embargo, las persianas de finas cañas siguieron empleándose en muchos casos como protección contra la radiación solar o las miradas indiscretas.

Los postigos abatibles (shitomido) del estilo shinden se volvieron correderos (amado) en el estilo shoin. Estos últimos resultaban mucho más fáciles de mover y cuando se abrían quedaban todas sus hojas superpuestas en una zona debidamente protegida.

Pavimentos
En las mansiones shinden, las esteras de paja se colocaban únicamente donde debía sentarse algún noble o persona de cierto rango. En los edificios de estilo shoin, se extendieron a casi toda la superficie habitable interior, revistiendo con tatami todo el primitivo entarimado. Las tablas de madera se mantuvieron como pavimento solo en las galerías, fuesen cerradas (hisashi) o abiertas (sunoko) ambas conocidas en el estilo shoin como engawa o en respectivamente. El término sunokoen se aplica solo a las galerías que tienen las tablas de su entarimado separadas para permitir el drenaje del agua de lluvia.

Otros elementos
Dentro de ese nuevo envoltorio aparecieron unos pocos elementos interiores cuya función era a la vez simbólica y funcional, y que también se han mantenido a lo largo de los siglos como signo inequívoco de lo japonés.

El primero de ellos, y el más importante, es el tokonoma, un pequeño rincón a modo de hornacina donde se exponía alguna pieza cerámica, un arreglo floral o una pintura. El tokonoma es el foco principal de una estancia de estilo shoin. Puede afirmarse que un interior es inequívocamente japonés cuando existe un tokonoma.

A su lado frecuentemente había unos estantes escalonados (chigaidana) con una pequeña alacena de puertas correderas.

El tercer elemento característico del estilo shoin era una zona de estudio (tsukeshoin), con una repisa baja a modo de escritorio adosado a una de las paredes exteriores, en la que se abría un ventanal para poder disfrutar del jardín cuando se estaba sentado frente a él en el tatami, por ejemplo, leyendo.

Finalmente, se considera que el hecho de decorar las puertas correderas interiores (fusuma) con pinturas (chōdaigamae) era otra de las características que definía el estilo shoin.

El primer ejemplo de estilo shoin
Suele otorgarse al Tōgudō, una pequeña construcción de 1486 situada en el recinto del afamado Ginkaku-ji de Kioto, el mérito de ser la primera muestra del empleo conjunto de los elementos que definen al estilo shoin.


El Tōgudō, 1486, Jishō.ji, Kioto. Foto: J. Vives.

En esta fotografía del exterior del Tōgudō se distinguen los postigos amado, los ventanales shōji, ambos correderos, la galería y finalmente la cubierta irimoya, todos ellos rasgos característicos del estilo shoin.


Interior del Tōgudō, 1486, Jishō-ji, Kioto. Foto: Folleto del templo.

En la anterior fotografía del interior del Tōgudō se muestran los ventanales de papel deslizantes (shōji), junto a la repisa baja (tsukeshoin), que permiten contemplar el jardín mientras se está sentado en el tatami o que simplemente tamizan un exceso de luz. A la izquierda, se distinguen los estantes escalonados (chigaidana) encima de un pequeño armario inferior (jibukuro).

Difusión del estilo shoin
A partir del siglo XVI, el estilo shoin se convirtió en el patrón con el que se construían tanto palacios y mansiones de altos cargos gubernamentales o militares, como residencias de monjes, comerciantes o artesanos. Para que un edificio se pudiera calificar como de estilo shoin era necesario que al menos tuviera una habitación o zona que dispusiera de un tokonoma para exponer algún elemento decorativo y, si era posible, unos estantes escalonados (chigaidana) y un escritorio (tsukeshoin).

Con la presencia de esos elementos, y dando por supuesto que los tatami cubrían todo suelo, los fusuma, decorados con pinturas o no, separaban las diferentes salas y los huecos de fachada se cerraban con los shōji y amado, cualquier interior se convertía en un ejemplo de estilo shoin.

Las variaciones en la situación, forma, textura y color de esos componentes básicos, así como sus posibles combinaciones entre ellos han permitido obtener un número casi infinito de resultados, todos diferentes, pero todos de acuerdo con unos principios que unifican y califican todo interior japonés. Eso era y es el estilo shoin.

Veamos dos ejemplos que responden a ese patrón, pero que tienen un carácter completamente diferente.

Interior shoin en el templo Kennin-ji de Kioto. Foto: J. Vives.

Los cojines situados sobre el tatami, al fondo y a la izquierda de la sala fotografiada, están frente al escritorio (tsukeshoin). Ante él un ventanal proporciona iluminación natural y vistas hacia el jardín. Una pintura de tinta china está colgada en el tokonoma. A la derecha se encuentran unos estantes escalonados (chigaidana) y unos pequeños armarios en la zona superior (tenbukuro). La austeridad y sencillez de estas salas es evidente, pero ello no implica una renuncia a la alta calidad ambiental de este edificio de un templo budista.

Me gustaría remarcar que el punto de vista de la fotografía anterior es algo más bajo que el de una persona sentada sobre el tatami, en cuya posición la figura representada en la pintura del tokonoma quedaría a la altura de sus ojos, algo que no ocurriría estando de pie.

Veamos ahora otro interior también de estilo shoin, pero de ambiente completamente diferente, el del lujoso Nijō-jō en Kioto.

Interior shoin en Nijō-jō, Kioto. Foto: folleto de Nijō-jō.

Nijō-jō se construyó en 1603 para servir de residencia a Tokugawa Ieyasu durante sus visitas a Kioto, y sus interiores son un cúmulo de lujo y esplendor por sus artesonados, dorados y pinturas en fusuma, paredes y techos. El pequeño escalón en medio de la estancia fotografiada definía la zona donde se sentaba el shogun durante sus recepciones, una manera de simbolizar que su rango estaba por encima del de los señores feudales que recibía en audiencia.

Al fondo puede comprobarse que existen los mismos cuatro elementos que en Kennin-ji: de izquierda a derecha, tsukeshoin, tokonoma, chigaidana y tenbukuro. Sin embargo, la austeridad de Kennin-ji se ha transformado aquí en una exuberante explosión decorativa. El pan de oro ha sustituido al neutro fondo.

El estilo shoin hoy
El estilo shoin ha pervivido hasta nuestros días y no es excepcional que incluso en modernos edificios, proyectados por los arquitectos más vanguardistas, se incluya una sala o habitación con tatami y un tokonoma donde colocar objetos especialmente apreciados.

Itō Toyō: Silver Hut, 1984, Tokio.
Foto en Toyo Ito, le opere i progetti gli scritti. Electa, 2001.

En la casa diseñada por el famoso arquitecto Itō Toyō para sí mismo, no ha renunciado a tener una sala con un austero tokonoma que va más allá de los modelos clásicos para remontarse a sus orígenes, cuando no era más que un sencillo espacio donde exponer una pintura o arreglo floral colocado sobre una mesita.

El pavimento de tatami, la ausencia de muebles y el empleo de shōji son elementos definitorios de un interior cien por cien japonés que, en este caso, lo es sin dejar de ser moderno.

La ceremonia de té y el estilo shoin
La inicial pureza conceptual del estilo shoin evolucionó muy pronto hacia formas y acabados voluntariamente menos perfectos y precisos. Eso se produjo cuando los preceptos y el espíritu de la ceremonia de té se aplicaron a los elementos compositivos que hemos visto. Así fue como nació el denominado estilo sukiya. Pero esa es otra historia que dejo para otro día.

Puede accederse al primer artículo de la siguiente serie dedicada a la arquitectura japonesa en este enlace directo. Si te apetece, comenta mis artículos en la ventana al pie de esta ventana o en las redes sociales.