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martes, 18 de febrero de 2014

Cerámica japonesa: la cerámica moderna

La cerámica moderna japonesa hoy
Con este artículo, como indiqué la semana pasada, voy a finalizar esta serie sobre el mundo de la cerámica japonesa. Sin duda deberé ampliarla más adelante, pero hoy me gustaría concluirla dejando bien claro una cosa. Los ceramistas japoneses actuales, igual que sus colegas de otras especialidades artísticas, no solo han seguido manteniendo de una u otra forma los tradicionales rasgos del arte del fuego en Japón, sino que lo han hecho con una capacidad innovadora y un nivel de excelencia envidiables.

En el nuevo milenio, los ceramistas del País del Sol Naciente siguen trabajando con la porcelana y el gres para crear tanto floreros como cuencos, bandejas, platos u objetos abstractos, rompiendo muchas veces esquemas, pero siempre conservando ese particular gusto nipón, tradicional por un lado, pero indiscutiblemente moderno por otro.

Hoy solo voy a dar un par de ejemplos de artistas actuales, aunque soy consciente de que resulta escandaloso ofrecer tan magra presentación, pero prometo que otro día volveré al fascinante mundo de los ceramistas modernos japoneses. Su arte me emociona tanto como una pintura, una escultura o un jardín. Para mí, en el aspecto comunicativo, no existe diferencia alguna.

Katsumata Chieko (1950-)

Katsumata Chieko: sin título, 1998, gres de Shigaraki, 21x28x23 cm.
Colección Halsey y Alice North, EUA.

Foto en Joe Earle: Contemporary Clay. Japanese Ceramics for the New Century.MFA Publications, 2005.

Katsumata es una artista ecléctica y de sólida formación académica, a la que le gusta crear sorprendentes objetos de apariencia vegetal con texturas y colores irreales. Para obtener sus singulares acabados y texturas emplea una técnica que consiste en superponer determinados tejidos antes de aplicar varias capas de engobe* y realizar sus consabidas quemas . El resultado, que podemos comprobar en la fotografía anterior, es otro sorprendente efecto, creado con arcilla de Shigaraki, que continúa la larga tradición de la cerámica medieval de esa región sin renunciar a una rotunda modernidad.

*Engobe: disolución de arcilla y pigmentos con la que se baña una pieza para obtener determinados efectos o colores.

Nagae Shigekazu ( 1953-)

Nagae Shigekazu: de la serie Formas en sucesión, 2011, porcelana, 40x26x33 cm.
Foto: Galerie Hélène Porée, París.

Las formas inverosímiles creadas por Nagae rompen todas las ideas preconcebidas, y no solo sobre la clásica y perfecta presencia que se espera de una porcelana, sino incluso sobre la estabilidad de los objetos sólidos. La pieza que se muestra en la fotografía anterior forma parte de una serie, iniciada en el año 2005 y titulada Formas en sucesión, en la que el autor juega con láminas continuas que recuerdan la cinta de Moebius. Sus finísimas hojas tienen poquísimos puntos de contacto y parece que en cualquier momento vayan a colapsar. Por supuesto que la meticulosidad y técnica que se requieren para crear semejantes objetos son elevadísimas.

El gusto japonés
Llegados a este punto, yo diría que ante la contemplación de una pieza de cerámica japonesa se podrían adoptar tres actitudes o enfoques, por supuesto no los únicos y también aplicables a gran parte al arte japonés en general.

  •  Capacidad para apreciar la belleza de lo imperfecto, como las grietas o gránulos. 
  • Atracción por la contingencia, como la que genera las manchas producidas por el fuego. 
  • Complacencia en lo irregular o incluso en lo deforme.

Son esos unos pocos rasgos del talante que ha definido, y siguen haciéndolo, el gusto japonés, ese que parece situarse en el otro lado del espejo respecto al nuestro, el occidental.

Para concluir, en la ilustración siguiente muestro un montaje con detalles de la superficie de unas piezas cerámicas japonesas. Las tres primeras tienen varios siglos de antigüedad, la cuarta es una porcelana del siglo XX.


En las viñetas anteriores se muestran cuatro vistas de muy de cerca de piezas diferentes. Su textura nos invita a tocarlas, a palparlas, a contemplarlas desde todos los ángulos posibles; algo que las convierte en objetos únicos, con personalidad propia y que como las personas ninguna es igual. Por todo ello, la cerámica japonesa siempre estará cerca de nosotros, haciendo más agradables y cálidas las actividades de la vida diaria.

Con esto doy por finalizada esta serie de nueve artículos consagrados al denominado "arte del fuego" en Japón. Para los que se hayan quedado con "hambre" y más "ganas", les aconsejo que consulten mi libro electrónico Historia y arte de la cerámica japonesa, pero los que hayan quedado hartos con el menú de las últimas semanas ya pueden respirar tranquilos, porque para el martes próximo tengo preparado un tema sobre una especialidad que todavía no he tratado en mi blog. 

En el siguiente artículo hablaré del teatro kabuki. Prometo que será una muy, pero que muy interesante serie de diez capítulos que animaré con vídeo-clips de una representación y su correspondiente traducción al español. Creo que será la primera vez por estos lares que se ofrezca al mismo tiempo el  visionado y el texto de los diálogos de una obra de kabuki, además de comentarios sobre muchos detalles de su puesta en escena. Así pues, os espero el martes próximo, yo no faltaré.