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martes, 9 de junio de 2015

Arquitectura japonesa: Katsura, I

La arquitectura de la Villa Imperial de Katsura, primera parte
Hoy inicio una corta serie consagrada al edificio japonés anterior al siglo XX que más fama internacional ha alcanzado entre académicos y arquitectos de todo el mundo. Me estoy refiriendo a la Villa Imperial de Katsura en Kioto, o en japonés, Katsura rikyū.

Katsura es un enorme recinto ajardinado donde se distribuyen varios pequeños pabellones desperdigados alrededor de un estanque y, sobre todo, un edificio residencial convertido en uno de los paradigmas arquitectónicos de todo el planeta, y no estoy exagerando.

A pesar de que su jardín es también una obra maestra, en estos artículos solo voy a hablar de los edificios de Katsura, porque no es mi intención que una excesiva dosis de belleza provoque en el lector el síndrome de Stendhal.

Historia
Se cree que la villa de Katsura se construyó entre los años 1615 y 1663, aproximadamente, y su primer promotor fue el príncipe Hachijō Toshihito (1579-1629). Debo aclarar que cuando se habla de príncipes japoneses se trata casi siempre de hermanos de algún emperador reinante o retirado, como en este caso.

Cuando falleció Toshihito, ya se había excavado el lago y construida parte de la villa que contemplamos actualmente, pero los trabajos quedaron interrumpidos durante varios años. El encargado de continuar las obras fue su hijo Toshitada (1619-1662), quien mandó edificar varias casas de té en el jardín y ampliar el edificio residencial que había iniciado su padre. A partir de 1663, están documentadas las estancias en la villa de varios emperadores que glosaron la belleza del lugar.

Acceso al antiguo shoin de la villa de Katsura. Foto: J. Vives.

Autoría
No se conoce con certeza quién diseñó los edificios de Katsura, aunque en algún momento se consideró que Kobori Enshū (1579-1647) podía haber dirigido los trabajos de su jardín o incluso los de sus edificios. No obstante, dado su largo periodo de construcción y la variedad de pabellones existentes, lo más probable es que esa labor la realizaran diferentes personas. Es decir, una vez más nos quedamos sin saber con certeza quién fue el creador de semejante obra, si es que hubo solo uno. Si, como parece, intervinieron varios maestros directores o jefes de carpinteros, pintores y talladores, no se puede negar que todos supieron trabajar en grupo supeditando su personal protagonismo al resultado global.

Características
El recinto de Katsura es un espléndido y apacible parque de casi siete hectáreas, con un estanque y varias islas, en el que se distribuyen cuatro casas de té, dos pequeños quioscos, un oratorio budista y el palacio residencial. Para los interesados, sus respectivos nombres en japonés son: las cabañas de té Shōkin-tei, Shōka-tei, Shōi-ken y Gepparō; los dos quioscos Manji-tei y Soto-koshikake, y el pequeño oratorio budista Onrin-dō. El del edificio residencial lo daré en el artículo que le consagraré el próximo martes. 

La villa de Katsura es la más depurada materialización de cómo la estética desarrollada en torno a la ceremonia de té impregnó el clásico estilo shoin, y el más perfecto compendio del arte de la integración de arquitectura y jardinería en Japón. De esto último tendré que hablar con más detalle en otra ocasión, pero de lo primero voy concretar algo más ahora mismo.

En mi artículo del 31 de mayo de 2013 traté de explicar las características del estilo shoin. En él comenté que se aplicó a toda la arquitectura residencial japonesa, llegando incluso hasta el siglo XX. Pues bien, ese modelo, perfecto en sí mismo, se modificó leve pero sustancialmente cuando adoptó algunos de los rasgos de las edificaciones destinadas a la ceremonia de té, es decir, lo que solemos denominar cabañas de té o casas de té, en japonés chashitsu.

Pero, ¿cuáles eran esas características de las cabañas de té que llegaron a influir en la construcción de una residencia imperial como la de Katsura? Vamos a verlas.

Las casas de té
Las casas o cabañas de té eran pequeñas construcciones pensadas para que en ellas se celebrara la ceremonia de té. Y ahora alguien preguntará: ¿qué era en realidad una ceremonia de té para necesitar un lugar específico donde llevarla a cabo?

Sin entrar en detalles que me llevarían demasiado lejos, después de un proceso de depuración y fijación de los principios y protocolos de lo que se entendía debía ser una ceremonia de té, hacia el siglo XVI, los maestros en ese rito, casi todos ellos monjes budistas zen, consideraron necesario crear un espacio, aislado e independiente de la vivienda del anfitrión de turno, donde generar el ambiente adecuado para sus reuniones alrededor de un tazón de té.

Exterior de la cabaña de té Ihōan, en Kōdai-ji, Kioto. Foto: Wikimedia Commons.

Cuando digo reuniones, y que me perdonen los entendidos, quiero decir que la ceremonia de té era algo tan simple y a la vez tan complicado como agasajar a unos invitados en un ambiente sencillo y sin pretensiones, cuya atmósfera debía propiciar el olvido de sus preocupaciones diarias. En ese entorno se llevaba a cabo una verdadera coreografía de gestos, realizados en silencio y total concentración, consistentes en la elaboración de una infusión de té, que se ofrecía a los asistentes acompañada de un pastelito y a veces de una frugal comida. Como preámbulo y epílogo de ese pequeño piscolabis se solía admirar algún objeto artístico como una caligrafía o pintura, e incluso el tazón en el que se servía el té.

Casa de té Chisui-tei en la Dai Nihon Chadō Gakkai, Tokio.
Foto en Tanaka Sen’ō: The Tea Ceremony, Kodansha, 2000.

Las dos fotografías anteriores muestran el exterior e interior de sendas casas de té. Obsérvese la sencillez de los materiales empleados para su construcción, una austeridad que casi roza la pobreza y que indica claramente el planteamiento imperante en ese tipo de arquitectura. Sus acabados, tanto exteriores como interiores, tenían que ser los naturales, sin revestimiento alguno que enmascarase su aspecto original. Lo que solemos entender por “elementos decorativos” debían rechazarse, y todo estaba pensado para alcanzar aquella concentración y aislamiento del mundo exterior comentados.

Seguramente, de ahí proviene el que a menudo se mencionen como “cabañas de té”, porque su aspecto se encuentra más próximo a los conceptos que se asocian con una choza rural que a los de una residencia o pabellón.

Lo que me interesa remarcar aquí es que si había algo imprescindible en ese entorno físico y en esa atmósfera era el rotundo y absoluto rechazo del más mínimo rasgo de ostentación o lujo. La sencillez, la simplicidad, la modestia y lo natural debían dominar todo. A lo largo de la historia, esos rasgos lograron impregnar a todas las manifestaciones artísticas japonesas y, por supuesto, también a la arquitectura.

Pero volvamos ya a Katsura. Ese fue precisamente el enfoque que se dio a todos los edificios de la villa, y también a su jardín, a pesar de estar destinados a usuarios imperiales. Esa modificación del clásico estilo shoin, para que una residencia tuviera un espíritu y ambientes sencillos, empleara materiales modestos y no mostrara ningún rastro de ostentación, fue lo que dio origen al denominado estilo sukiya, el de la villa de Katsura. Sin embargo, debo hacer notar que el término sukiya se ha interpretado de varias maneras desde su aparición en el siglo XVI; pero dejemos esos matices para los expertos.

Puerta de acceso a la villa de Katsura.
Foto: Wikimedia Commons.
Hay que tener en cuenta que, cuando se levantó Katsura, hacía ya décadas que los palacios de los señores feudales y los edificios de los grandes templos budistas se construían en un estilo shoin majestuoso y exuberante, con abundancia de pinturas e incluso de artesonados dorados.

Pues bien, como consecuencia de la influencia que ejerció el entorno artístico e intelectual surgido alrededor de la ceremonia de té, a partir de Katsura cualquier residencia podía incorporar esos aspectos de sencillez y renuncia de la ostentación sin devaluar un ápice su valor. Era el nuevo estilo sukiya, del cual Katsura se erigía en su paradigma más conspicuo.

Para no alargarme demasiado en este primer artículo, dejo para la semana próxima el acceder al recinto de la Villa Imperial de Katsura. No tendremos más que atravesar la puerta que aparece en la anterior fotografía, un elemento que como se ve no tiene nada de ostentoso ni principesco; más bien parece una humilde cancela de acceso a una sencilla propiedad. Como veremos, será las dos cosas: principesca y sencilla.

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