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martes, 30 de junio de 2015

Arquitectura japonesa: Katsura, IV

La arquitectura de la Villa Imperial de Katsura, cuarta parte
Como dije el martes pasado, hoy finaliza esta serie sobre la arquitectura de la Villa Imperial de Katsura en Kioto. Por fin entraremos en el interior de su palacio, algo que solo puede hacerse a través de fotografías, pues no es posible visitar sus estancias.

Los interiores
A pesar de que poquísimas personas han podido acceder al interior del palacio de Katsura, y yo tampoco, no me resisto a comentarlo aunque sea mínimamente. Para ello, dada la imposibilidad de ofrecer fotos propias, adjuntaré algunas extraídas del magnífico libro publicado en 2004 por la editorial italiana Electa: Katsura la villa imperiale, donde se incluyen unas estupendas fotografías de Matsumura Yoshiharu, así como planos y ensayos ya históricos de los arquitectos Gropius, Tange e Isozaki, entre otros especialistas.

La plataforma para la contemplación de la Luna. Foto en Katsura la villa imperiale. Electa, 2004.

En la fotografía anterior aparece la plataforma para contemplar la Luna, denominada así porque se construyó para cumplir esa función, y a la que se accede a través de una galería porticada. En el plano que incluí en el artículo anterior, se distingue claramente por su tupida trama y estar situada en la zona inferior del dibujo. Su piso, de sencillas cañas de bambú, se aproxima al estanque para permitir la visión del jardín y, por supuesto, para disfrutar desde un punto de vista óptimo del reflejo en el agua de la Luna de otoño, uno de los pasatiempos con más tradición en Japón.

La habitación del brasero. Foto en Katsura la villa imperiale. Electa, 2004.

La fotografía anterior es de la sala del shoin antiguo conocida como del brasero. El borde del pequeño hueco, donde se sitúa el hornillo para calentar el agua del té, está lacado en un modernísimo color granate que contrasta con el ocre casi dorado de las paredes. El techo de madera natural y las veteadas puertas correderas de cryptomeria contrarrestan semejante exceso cromático. La pintura del tambor y el gallo es muy posterior a la construcción del edificio, pues data del siglo XIX. La atmósfera ambivalente de esta estancia y otras de las fases posteriores fue captada perfectamente por Isozaki en un texto que publicó en 1983 en un libro ya histórico titulado Katsura Villa, Space and Form y al que me referí en el tercer párrafo del artículo precedente.

Galería del goten. Foto en Katsura la villa imperiale. Electa, 2004.

En la fotografía anterior observamos la galería oriental del nuevo goten, precisamente el cuerpo que veíamos a la izquierda en la última fotografía de la fachada que incluí en mi artículo de la semana pasada. Su anchura, de un par de metros aproximadamente, se ha dividido en dos zonas diferenciadas mediante el pavimento: tatami para la más interior y madera de agradable veteado para la exterior. La barandilla baja confirma que en verano los ligeros shōji se abrían totalmente para convertir ese espacio en un agradable ambiente volcado hacia el jardín.

La ichinoma del nuevo goten. Foto en Katsura la villa imperiale. Electa, 2004.

La ilustración anterior es del rincón de estudio situado en la denominada primera sala del nuevo goten y en él puede contemplarse un completo muestrario de los elementos más característicos del estilo shoin. Me refiero a los que comenté en mi artículo del día 31 de mayo de 2013: los estantes escalonados, la alacena y la mesita baja a modo de escritorio. En Katsura todos son de una marcada sobriedad, dado que su ortodoxo estilo shoin se filtró con el tamiz de los mencionados preceptos del rito del té, eso sí, sin olvidar el nivel social de sus principescos residentes. 

Sin embargo, como consecuencia de que el palacio se construyó a lo largo de casi medio siglo, esa sencillez inicial, poco a poco, fue incorporando toques decorativos que le otorgaron cierta ambigüedad o, tal como dijo Isozaki en el libro mencionado, generaron una serie de estratos de significado diferente: unos son austeros; otros muestran discretos adornos, pero también los hay que exhiben sin recato una evidente función decorativa.

En el rincón que vemos en la fotografía, la pequeña elevación del pavimento de tatami y el descuelgue de su techo a modo de dosel indicaban el nivel social del propietario. Era una zona a la que solo podía acceder o, mejor dicho, “subir” el señor. Uno de sus elementos decorativos más característicos es el dintel arqueado y tripartido del gran ventanal, una curiosa solución de la que no existen referencias anteriores y que rompe un exceso de austeridad formal o rectilínea. Si se abren sus shōji, se puede disfrutar de la vista del jardín mientras se trabaja en su antepecho, que en realidad es una mesita baja. Pensemos que los japoneses no usaban sillas y que se sentaban sobre el tatami con las piernas cruzadas.

La sobriedad de los interiores de Katsura queda contrarrestada por un contenido ímpetu decorativo, otorgando a este vocablo su más noble significado. En concreto, los estantes de ese rincón en la primera sala, y también los situados a la derecha de la fotografía anterior, apenas visibles, son toda una exhibición de los diferentes tipos de madera utilizados en la residencia. Paulonia, castaño, caqui o ébano, entre otras, fueron algunas de las especies empleadas, y todas ellas en el lugar más adecuado. 

Las puertas correderas de los armarios o alacenas de esa zona se decoraron con discretas pinturas monocromas y para el revestimiento de las paredes se eligió un elegante diseño dorado. En resumen, un rincón idóneo para recogerse en el estudio y la lectura, y todo eso en solo tres tatami de superficie, es decir, menos de seis metros cuadrados.

Interior del antiguo shoin. Foto en Katsura la villa imperiale. Electa, 2004.

Para concluir, me interesaría comentar la ilustración anterior. Se trata de una vista de la primera y segunda sala del antiguo shoin, desde las que se accede a la galería y plataforma para contemplar la Luna que vimos en la primera fotografía de este artículo. El discreto diseño dorado de hojas de paulonia de las puertas correderas no impide rememorar el neoplasticismo de Mondrian en pintura o el de Rietveld en arquitectura. Seguramente eso fue lo que vieron los europeos Taut y Gropius, y también, aunque matizado, el japonés Tange, a quien dediqué una amplia serie hace meses.

A modo de conclusión
Los interiores de Katsura se pensaron como estancias destinadas a la vivienda de un príncipe, pero su espíritu elegante y refinado no cayó nunca en lo ostentoso o afectado. Tanto los colores naturales de la madera, como el discreto acabado de los paramentos ya formaban parte del vocabulario del estilo shoin, pero la abundancia de elementos curvos en aberturas, los imaginativos tiradores de las puertas correderas y los delicados remates metálicos, utilizados sobre todo en la tercera fase del palacio, el nuevo goten, fueron mucho más allá. La discreta elegancia de Katsura no debe hacernos olvidar el elevado grado de sofisticación necesario para crear semejantes interiores.

No he comentado en esta serie otros muchos aspectos fundamentales de la Villa Imperial de Katsura. Seguramente, Katsura puede considerarse como el más logrado intento de fusión de la arquitectura y la jardinería, de relación del espacio interior con el exterior. Una sencilla muestra de ello es la comentada plataforma para contemplar la Luna y su reflejo en el estanque. Como dice el haiku de Kaga no Chiyo (1703-1775):

Después de haber visto la luna
emigro de esta vida
con su bendición.*

* Traducción de Osvaldo Svanascini en La pintura zen y otros ensayos sobre arte japonés. Buenos Aires: Kier, 1979, p. 143.

Creo que es una buena manera de concluir esta serie. La semana próxima iniciaré otra mucho más extensa y consagrada a la pintura japonesa, en concreto al ukiyo-e.