martes, 15 de septiembre de 2026

Curso de arte japonés, art. 59º. Pintura, XIII

Hace quince días dedicamos un artículo completo a la obra de Maruyama Ōkyo, máximo representante de la escuela que lleva su nombre, y hoy lo haremos de otro movimiento que apareció hacia 1720, el denominado movimiento nanga o bunjinga.

La pintura nanga

Cuando hablamos de Murayama, comentamos que su obra estuvo muy influida por las informaciones sobre ciencia y arte europeo que llegaban a Japón a través de los comerciantes holandeses recluidos en Nagasaki. Del mismo modo, en esos mismos años se produjo un renovado interés por las ideas chinas, algo que nunca se había perdido totalmente. También en ese caso, Nagasaki era el puerto de entrada de monjes y artistas del gran país asiático.

Una de esas corrientes, que llegó primero a esa ciudad y enseguida a Kioto, fue muy bien recibida por intelectuales y pintores japoneses. Su novedad se encontraba en la fusión de poesía, caligrafía y dibujo en una misma obra. Las pinturas de los integrantes de ese movimiento o escuela incluían casi siempre algún poema como un elemento más de su composición, a la que impregnaban de un sentimiento lírico evidente. Ese hecho hizo que se conocieran como bunjinga o «pintura de letrados» y se las englobara en un estilo que se llamó nanga o «pintura del sur», por proceder de Nagasaki, urbe del Japón meridional.

Uno de los temas preferidos de esa tendencia era el paisaje que, sin embargo, se trataba de manera diferente a como se había hecho en el periodo Muromachi con el sumi-e. El espacio vacío, verdadero universo que envolvía todo y manifestaba su invisible presencia ocupando la mayor parte de la superficie en un sumi-e, explotaba aquí en mil pedazos que salpicaban a las montañas y rocas otorgándoles un claro aliento poético. La influencia china resultaba obvia, especialmente en el abigarrado tratamiento de las formas que no pocas veces rozaba la abstracción. Dos de los más sobresalientes representantes del estilo nanga fueron Ike no Taiga y Yosa Buson.

Ike no Taiga

Ike no Taiga (1723-1776) fue tan hábil artista como calígrafo. Sus pinturas, a veces casi monocromas, suelen tener pequeñas manchas de color obtenidas mezclando el pigmento con la tinta. En sus paisajes lejanos, de resonancias literarias, recurría a puntos de vista muy altos y a menudo empleaba la técnica del difuminado sobre papel mojado.

Los biombos de las dos siguientes ilustraciones representan sendos paisajes de China diferentes y sin relación entre sí, pues se encuentran en regiones alejadas una de otra.

En el biombo derecho se ofrece una panorámica del lago Dongting, situado en la provincia de Hunan y donde desemboca el río Yangtze. Varias barcazas navegan por sus embravecidas aguas y unas personas contemplan en paisaje desde un edificio en la orilla. 

Biombo derecho.










El centro del biombo izquierdo lo ocupa el pabellón Zuiweng, ubicado en un entorno montañoso de la provincia de Anhui, en el este de China. También en este caso vemos a varias personas disfrutando del paisaje desde el mirador que les proporciona el pabellón mientras otras recorren ondulados caminos, seguramente en busca de un buen punto de vista.

Biombo izquierdo.










Datos de los dos biombos anteriores: Ike no Taiga: Paisaje chino, tinta, color y oro sobre papel, 168,7x372,6 cm cada biombo, periodo Edo, mitad s. XVIII. Museo Nacional de Tokio. Foto: web del museo.

Ike no Taiga fue uno de los artistas que desarrolló una particular versión de la cultura pictórica-literaria china en boga durante esos años entre los intelectuales japoneses. Como muchos de sus colegas, tampoco él viajó a China, por lo que sus paisajes eran imaginarios, fruto de la idealización de un artista.

Ike no Taiga: Ciruelos en flor en la bruma, tinta y color sobre papel,
170,2x376,6 cm cada biombo, periodo Edo, ca. 1750.
Philadelphia Museum of Art.
Foto: web del museo.

Los dos biombos de la siguiente ilustración son de sendos paisajes chinos alejados uno del otro. El primero, del río Qiangtang y su impresionante marea alta, de hasta nueve metros de altura; el segundo, del célebre Lago Oeste en Hangzhou, que también se evocaba en el jardín de Ritsurin-kōen como vimos en el artículo 43. El trazo de Ike no Taiga es inconfundible, ya sea cuando superpone los planos, tan típicos de la pintura china y también de los maestros como Sesshū, para modular los objetos o crear perspectiva (biombo derecho), como cuando utiliza una técnica casi puntillista (biombo izquierdo).

Ike no Taiga: Vista de la marea en el río Qingtang, tinta y color sobre papel, biombo derecho,
166,5x371,0 cm, periodo Edo, s. XVIII. Museo Nacional de Tokio. Foto: web del museo.

Ike no Taiga: Paisaje primaveral en el Lago Oeste, tinta y color sobre papel, biombo izquierdo, 
166,5x371,0 cm, periodo Edo, s. XVIII.
Museo Nacional de Tokio. Foto: web del museo.

Yosa Buson

Yosa Buson (1716-1784) practicó durante toda su vida tanto la pintura como el haiku, alcanzando gran fama en ambas especialidades. Se le considera como el más importante vate japonés después de Matsuo Bashō (1644-1694). Buson es un buen ejemplo de artista con múltiples nombres. En las primeras referencias que se tienen de él se llamaba Taniguchi. Como pintor usó los de Chōtō, Shain y Shunsei. De poeta firmó como Saichō, Keisō, Shikoan y Yahantei. A los 27 años comenzó a emplear el de Buson y a los 45 años el de Yosa, nombre del pueblo donde pasó varios años cuando abandonó Kioto

En el fondo, las obras de Buson obedecían a motivaciones literarias basadas en temas clásicos chinos o en poemas propios que solía caligrafiar en una esquina. Por esta razón se llamaban pinturas de haiku, es decir, haiga.

Las dos siguientes ilustraciones son una buena muestra del característico desenfado de Buson. El biombo de la derecha muestra una escena matinal en la que la apenas visible luna, en el panel derecho, parece despedir a unos viajeros a lomos de sus caballos.

Biombo derecho.













Mientras, el biombo de la izquierda representa una soleada escena en la que unos fatigados y viejos caminantes ascienden por un empinado camino ayudados por sus servidores. 

Biombo izquierdo.










Datos de los dos biombos anteriores: Yosa Buson: Excursión al campo y la montaña, tinta y color sobre papel, 155,1x388,0 cm cada biombo, periodo Edo, segunda mitad s. XVIII. Museo Nacional de Tokio. Foto: web del museo.

Las siguientes ilustraciones son fragmentos de uno de los dos rollos sobre el célebre Oku no hosomichi (Sendas de Oku) del poeta Matsuo Bashō ilustrados por Yosa Buson. En este tipo de obras, de factura despreocupada, Buson se encuentra en su medio plasmando la cotidianidad del pueblo llano. Sus trazos espontáneos y sin pretensiones tienen la frescura de la calígrafa a la que acompañan.

Yosa Buson: Ilustraciones de Oku no hosomichi, tinta y color sobre papel,
detalle de uno de los dos rollos de 29,2-31,0 cm, periodo Edo, 1778.
Museo Nacional de Kioto. Foto: web del museo.

En los siguientes biombos de Buson se aprecia la clara influencia del pintor chino Shen Nanpin (1682-1760), nacido Shen Quan, muy conocido entre los artistas japoneses en la época de Buson. 

Biombo derecho.
Biombo izquierdo.


















Datos de los dos biombos anteriores: Yosa Buson: Caballos salvajes, tinta y color sobre seda, 167,0x366,0 cm cada biombo, periodo Edo, 1763. Museo Nacional de Kioto. Foto: web del museo.

Con esto finaliza este artículo sobre la pintura nanga. En el siguiente, dentro de dos semanas, entraremos de lleno en el mundo del ukiyo-e.

Dada la extensión de este larguísimo Curso de arte japonés, para facilitar el acceso a los artículos dedicados a un tema concreto, doy aquí este enlace que permite acceder a su índice interactivo. En él aparecen todos los artículos del curso con su respectivo hipervínculo que lleva a cada uno de ellos a medida que se vayan publicando.