martes, 1 de septiembre de 2026

Curso de arte japonés, art. 58º. Pintura, XII

El anterior artículo fue el último consagrado a la escuela rinpa y el de hoy lo dedicaremos a otra escuela denominada Maruyama, el apellido de su fundador.

La escuela Maruyama

A lo largo del extenso periodo Edo, la duradera paz propició la aparición de enfoques artísticos muy diferentes. Por ejemplo, Kioto mantenía su sofisticada atmósfera, muy distinta de la plebeya que se respiraba en Edo, la antigua Tokio. Mientras tanto, en Nagasaki, muy lejos de las dos urbes, continuaban llegando objetos y noticias de corrientes artísticas provenientes de Europa y China que no tardaban en conocerse en la capital. Un par de ellas fueron el empleo de las técnicas de sombreado y la perspectiva cónica. La influencia de ambas en los artistas japoneses no fue generalizada, pero algunos las aplicaron sutilmente en sus obras. Con ellas se pretendía superar el estancamiento en el que se encontraba la escuela Kanō, enfrascada en sus sistemas de producción en serie que combinaban las maneras y formatos nativos con unos pocos métodos occidentales.

Los pintores más inquietos descubrían en algunas técnicas de representación europeas la posibilidad de otorgar un toque más realista a sus obras que les permitía superar no solo el academicismo de los Kanō, sino también el decorativismo de la escuela rinpa. Uno de ellos fue Maruyama Ōkyo

Maruyama Ōkyo (1733-1795)

El más conspicuo practicante de esas innovaciones técnicas fue Maruyama Ōkyo, artista que fundó en Kioto la escuela que llevó su nombre y cuyos alumnos supieron mantener sus enseñanzas hasta finales del siglo XIX. En el fondo, sus temas no se alejaban demasiado de los tradicionales de árboles, flores y pájaros de la escuela Kanō ni tampoco del empleo de grandes formatos. Sin embargo, lo que sí resultaba completamente distinto era su tratamiento mucho más realista.

Maruyama entró en un taller de la escuela Kanō como aprendiz cuando era adolescente y hacia 1755 descubrió en la pintura europea, que pudo conocerse en Japón gracias a los holandeses que arribaban a Nagasaki, la capacidad de reflejar de manera más realista la naturaleza. Los deseos que mostraban algunos artistas de ir más allá de las tendencias representadas por la declinante escuela Kanō y el decorativo estilo rinpa se concretaron en dos nuevos enfoques: el realista representado por la escuela fundada por Maruyama, llamada sashei-ga o escuela realista, y la denominada bunjin-ga o escuela literaria o de letrados.

En la siguiente ilustración, vemos que Maruyama retoma el tema de las grullas que pintó Kōrin a principios del siglo XVIII y que comenté en este artículo hace un mes. El fondo es aún más conciso que el de Kōrin, pues todo su fondo es un puro vacío dorado en el que ni siquiera aparecen rastros de un arroyo como en la obra mencionada de aquel. La diferencia principal se encuentra en la manera de tratar el plumaje de las aves, variando su color y creando un suave sombreado que permite reflejar su textura de un modo muy realista.

Biombo derecho.

Biombo izquierdo


















Datos de los dos biombos anteriores: Maruyama Ōkyo: Grullas, tinta, color y oro sobre papel, 170,8x349,9 cm cada biombo, periodo Edo, entre 1772 y 1780. Los Angeles County Museum of Art. Foto: web del museo.

Maruyama logró fusionar su visión innovadora basada en las técnicas occidentales de representación junto con los recursos del estilo rinpa, los tradicionales temas japoneses de flores, plantas o aves y los que trataban asuntos chinos. Se dice que siempre llevaba un cuaderno en el que tomaba apuntes del natural de todo tipo de vegetación, pájaros, insectos, etc. Veamos algunos ejemplos.

En la siguiente obra, algo posterior a la anterior, Maruyama muestra las glicinias de una manera realista que contrasta con el uniforme fondo dorado. En ella emplea técnica europea, casi puntillista, para las hojas y flores, y la tradicional manera japonesa de representar los árboles con sus ramas horizontales y retorcidas. Y por supuesto, no renuncia al recurrente tema de las plantas y flores que durante siglos cautivó a los artistas japoneses.

Biombo derecho.

Biombo izquierdo.
























Datos de los dos biombos anteriores: Maruyama Ōkyo: Glicinias, tinta, color y oro sobre papel, 156,7x359,7 cm cada biombo, periodo Edo, 1776. Museo Nezu de Tokio. Foto: web del museo.

La pareja de biombos titulados Pinos bajo la nieve, salvando las distancias, recuerda un poco a los comentados Pinos entre la niebla de Hasegawa Tōhaku, que vimos en este artículo. El fondo nebuloso de ambas obras es similar pero distinto. El de Hasegawa es grisoso y otoñal, el de Maruyama, dorado e invernal. Aunque el tratamiento del árbol es monocromático en ambos, Maruyama utiliza una técnica casi impresionista para dar volumen al tronco y a la nieve depositada en sus hojas. 

Biombo derecho.

Biombo izquierdo.

















Datos de los dos biombos anteriores: Maruyama Ōkyo: Pinos bajo la nieve, tinta, color y oro sobre papel, 155,7x361,2 cm cada biombo, ca. 1785. Museo Conmemorativo Mitsui, Tokio. Foto: Wikimedia Commons.

En el santuario sintoísta de Kotohira-gū, situado en la ciudad del mismo nombre de la prefectura de Kagawa, se conserva un buen número de obras de Maruyama Ōkyo. Se trata de pinturas sobre fusuma muy representativas de su producción durante los últimos años de su vida y que se distribuyen por las diferentes estancias del edificio denominado omote shoin. Los temas en cada una de las salas son diferentes: paisajes, plantas, grullas, tigres, sabios chinos, todos ellos utilizados en el arte japonés desde muy antiguo. El tratamiento de Maruyama es el ya comentado: técnica realista con empleo de la gradación en las sombras, un trazo puntillista no lineal y composición japonesa con amplios vacíos de fondos planos o nebulosos.

Maruyama Ōkyo: Siete sabios en un bosque de bambús, 
 vista parcial de una sala del omote shoin de Kotohira-gū, Kotohira, prefectura de Kagawa, periodo Edo, s. XVIII. 
 Foto: web del santuario. 

Maruyama Ōkyo: Siete sabios en un bosque de bambús, 
cuatro hojas de fusuma de un total de dieciséis con ese tema, tinta, color y oro sobre papel, 
182,5x115,5 cm cada hoja, periodo Edo, s. XVIII. 
Omote shoin de Kotohira-gū, Kotohira, prefectura de Kagawa. Foto: web del santuario. 

Maruyama Ōkyo: Tigres, tinta, color y oro sobre papel, 
otra de las salas del omote shoin de Kotohira-gū, Kotohira, prefectura de Kagawa, periodo Edo, 1787.
Foto: web del santuario.
 

Maruyama Ōkyo: Tigres, tinta, color y oro sobre papel, 182,5x139,0 cm cada hoja, periodo Edo, 1787.
Omote shoin de Kotohira-gū, Kotohira, prefectura de Kagawa. Foto: web del santuario.

Con esto finalizo este artículo, en el siguiente hablaremos de otra escuela de pintura de estos años.