viernes, 21 de marzo de 2025
El jardín de Ryōgin-an
martes, 11 de marzo de 2025
Curso de arte japonés, art. 20º. Entorno cultural, I
Hace dos semanas cerramos el apartado dedicado a las dos religiones de Japón y su relación con las artes. Hoy empezaremos a comentar lo que he denominado entorno cultural, una especie de cajón de sastre que abarca desde el sistema de escritura, hasta las costumbres sociales.
Empecemos por el sistema de escritura japonés, algo que tiene una influencia notable en la manera de “leer” el entorno que nos rodea y, por supuesto, en las artes visuales como la pintura.
La escritura
En Japón, como en China, Taiwán, Hong Kong y hasta hace poco Corea y Vietnam, no se usa el alfabeto romano, sino unos ideogramas que hoy se prefiere
llamar sinogramas debido a su origen chino y que en japonés se denominan kanji.
Pues bien, eso ha tenido y tiene una influencia notable en la manera de ver y
contemplar el mundo por los japoneses y en consecuencia en su manera de “leer”
una pintura o un jardín. Hay tres aspectos a considerar:
1.
El que se refiere al sentido en que se escribe
tradicionalmente en japonés.
2.
El que se refiere a la concepción mental que
generan los sinogramas.
3.
El que refiere a la construcción sintáctica de
los elementos de una frase.
Lectura
En Japón, tradicionalmente, se escribe y se lee
de derecha a izquierda. Eso hace que a un occidental le parezca que los libros
y revistas japoneses se leen “al revés”, dado que empiezan por la última
página, pues lo que para él es la contraportada, para un japonés es la portada.
Siglos y siglos de desplazar la mirada de
derecha a izquierda cuando un japonés lee un texto han hecho que al mirar un
paisaje o una pintura comience a contemplarlo por el lado derecho,
mientras que un occidental lo hace por la izquierda.
La reproducción siguiente ilustra perfectamente
lo dicho. La imagen de la derecha es parte de la portada del texto, que se ha
escrito en un rollo de casi tres metros de largo, y los sinogramas se leen por columnas de arriba abajo y de derecha a izquierda.
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| Taira Tadamori: Sutra Amida, rollo con
letras doradas sobre papel azul, 25,2 cm de alto y 2,61 m de largo, detalle de la portada y el inicio, 1149. Museo Gotō de Tokio. Foto: web del museo. |
lunes, 10 de marzo de 2025
Antonio Santos: "Jardines de piedra. Hiroshi Teshigahara. Cine, roca, bambú"
Hace ya
mucho tiempo que no publico una reseña de algún libro de arte japonés, pero hoy
voy a volver a hacerlo de uno que, como explicaré enseguida, resume muy bien el
universo estético nipón. Me refiero al escrito por Antonio Santos, profesor de
Didáctica de las Ciencias Sociales en la Universidad de Cantabria y también en
la cátedra de Cine de la Universidad de Valladolid, y publicado en diciembre
del pasado 2024 por Editorial Shangrila con el título Jardines de piedra.
Hiroshi Teshigahara. Cine, roca, bambú.
Los que hemos asistido a alguna conferencia de Antonio Santos sabemos de su espléndida oratoria y de su capacidad para descubrir inesperadas relaciones entre especialidades artísticas aparentemente muy alejadas.
Su texto se centra en la obra de Hiroshi Teshigahara (1927-2001), quizás poco conocido por nuestros lares, pero cuyo papel en el panorama artístico nipón de la segunda mitad del siglo XX y también su relación con España bien merecían este completísimo trabajo de Antonio Santos.
El libro publicado por Ediciones Shangrila de Valencia, dentro de su colección Trayectos Libros, está encuadernado en tapa blanda, mide 16x23 cm, tiene 567 páginas y se divide en los siguientes capítulos:
martes, 25 de febrero de 2025
Curso de arte japonés, art. 19º. Entorno religioso, V
Después de los dos últimos artículos consagrados al budismo, hoy
concluiremos este apartado dedicado a la evolución de esa religión en Japón hablando del zen, la escuela budista que más
influencia ha tenido en el arte occidental del siglo XX.
El budismo zen
La doctrina zen, que ya formaba parte de las prácticas de la secta tendai, fue reintroducida en Japón desde China por Eisai (1141-1215) cuando fundó la orden rinzai a finales del siglo XII. Siendo monje tendai en el monte Hiei, Eisai viajó dos veces al continente asiático para estudiar las teorías del budismo chan chino. A su vuelta, las ideas que intentó propagar generaron numerosas discusiones con sus correligionarios que le obligaron a trasladarse a Kamakura, donde fue bien recibido por los regentes Hōjō y pudo fundar varios templos zen, los primeros de Japón.
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| Retrato del monje Eisai, abad de Kennin-ji, Kioto, tinta y color sobre seda, s. XIV-XV. Foto: Wikimedia Commons. |
lunes, 10 de febrero de 2025
Curso de arte japonés, art. 18º. Entorno religioso, IV
Hace quince días hablamos de la expansión del budismo por Asia y su
llegada a Japón, y hoy veremos cómo se produjo su difusión por este país.
Las escuelas budistas
Con el segundo traslado de la capital en el año 794, esta vez a Heian,
se intentaba huir de la influencia que las sectas de Nara tenían en la corte y
evitar las intromisiones de algunos bonzos en los asuntos de gobierno. El emperador no
solo dictó normas para limitar la construcción de templos dentro de la nueva
ciudad, sino que envió al continente algunos religiosos en busca de ideas que
contrarrestasen las imperantes en Nara.
Dos de esos monjes, después de estudiar los principios de las escuelas
chinas, fundaron en Japón sendas órdenes que desempeñaron un papel fundamental
en la historia del país. Sus nombres eran Saichō (767-822), conocido
póstumamente como Dengyō Daishi, y Kūkai (774-835), distinguido como Kōbō
Daishi. Daishi era el título honorífico otorgado a religiosos de
especial y reconocido prestigio, significa gran maestro.
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| Maqueta de la antigua Kioto, llamada entonces Heian-kyō. Foto: Wikimedia Commons. |




