Concluyo hoy el capítulo dedicado a Ōta Shōgo que inicié
hace quince días. En este artículo comentaré
tres de sus obras más conocidas y que inicialmente conformaban la trilogía que cité
en la anterior entrada. Con los años, el autor japonés añadió otras piezas a ese trío, y de dos de ellas insertaré un vídeo.
En no pocos montajes de la compañía de Ōta no existe diálogo
alguno. Como consecuencia, los actores se ven
obligados a utilizar su cuerpo como único medio expresivo, pero no su cara, y a ejecutar
sus movimientos con extremada lentitud. Esas dos
características, la impasividad facial y la parquedad de los
gestos, recuerdan mucho al teatro nō.
Con semejante contención, el espectador es libre de hacer su propia
interpretación; es más, se ve obligado a hacerla. Pues bien, la obra que comento a
continuación fue la primera en la que Ōta prescindió totalmente de los
diálogos. Su título es La estación del
agua.