martes, 14 de abril de 2026

Curso de arte japonés, art. 48º. Pintura, II

En el artículo de hace quince días vimos las más antiguas pinturas japonesas que se conservan, todas anteriores al siglo IX. Hoy entraremos ya en el siglo X y siguiente, lapso en el que se asentaron muchas de las características del arte japonés. 

Debo remarcar que este encasillamiento entre fechas que utilizo en las etiquetas y en los títulos de mis textos debe tomarse con mucha precaución, pues, como comprobará el lector, en muchos casos no encajan las obras que comento con el lapso de siglos indicado. Mi intención solo ha sido situar mínimamente las obras y los movimientos artísticos en un entorno temporal concreto, algo que reconozco es una labor condenada al fracaso.

La pintura de los siglos X y XI

Como en casi toda su cultura, y como vimos en el anterior artículo, la pintura de Japón inició el camino hacia su propia identidad partiendo de modelos chinos y coreanos. Con la llegada de la elegante aristocracia y sus exquisitos gustos, apareció un estilo de pintura que reflejaba el refinado gusto de la corte de la nueva capital, Kioto. La evolución del estilo nipón se encaminó, poco a poco y con las debidas excepciones, hacia el predominio de la línea y las superficies planas.